El primer paso consiste en preparar el caramelo. Uno de los grandes secretos para que quede brillante y con el sabor justo es hacerlo sin agregar agua. Para ello, colocar las siete cucharadas de azúcar directamente en una olla o sartén y llevarlas a fuego medio.
Para obtener un resultado uniforme, incorporar el azúcar de a poco y revolver solo de manera ocasional, únicamente si alguna parte comienza a oscurecerse demasiado. Cuando el azúcar se haya derretido por completo y tenga un color dorado intenso, distribuir el caramelo por toda la superficie del molde que se utilizará para la preparación.
Mientras tanto, calentar el litro de leche junto con las 10 cucharadas de azúcar. La leche debe estar bien caliente, pero sin llegar a hervir, ya que esto ayuda a conseguir una textura más suave.
Retirar la leche del fuego, incorporar los 6 huevos y agregar esencia de vainilla a gusto. Mezclar bien hasta integrar todos los ingredientes.
El truco para que el flan quede bien cremoso
Antes de llevar la preparación al horno, pasar la mezcla por un colador fino o un tamiz. Este paso elimina posibles restos de clara sin integrar y permite obtener una mezcla mucho más lisa y uniforme, lo que se traduce en una mejor textura después de la cocción.
Luego, verter la preparación en el molde acaramelado.
Tiempo de cocción y de reposo del flan
Precalentar el horno a 160 °C y cocinar durante aproximadamente una hora, hasta que la preparación esté firme, pero aún conserve una textura suave.
Una vez lista, retirar el molde del horno y dejar que alcance la temperatura ambiente. Después, llevarlo a la heladera durante al menos cuatro horas, o hasta que esté completamente frío.
Respetar este tiempo de reposo es fundamental para que tome consistencia, se desmolde con facilidad y conserve toda su cremosidad al momento de servir.