El azúcar puede convertirse en uno de los principales enemigos de la salud hepática, especialmente cuando su ingesta es excesiva y forma parte habitual de la alimentación.
Muchas personas desconocen que tienen hígado graso porque la enfermedad puede avanzar sin síntomas.
El azúcar puede convertirse en uno de los principales enemigos de la salud hepática, especialmente cuando su ingesta es excesiva y forma parte habitual de la alimentación.
Una cantidad elevada tiene un efecto metabólico comparable al del alcohol, dado que parte del exceso se transforma en grasa dentro del hígado, según explica la doctora Alejandra Stivaletta. Este fenómeno también puede presentarse en personas delgadas.
En muchos casos, el hígado graso no presenta síntomas evidentes, especialmente durante las primeras etapas. Cuando aparecen molestias, los síntomas incluyen cansancio, malestar general y dolor o sensación de presión en la parte superior derecha del abdomen.
En cuadros más avanzados, se suman otros signos, como coloración amarillenta de la piel y los ojos, hinchazón abdominal o de las piernas y pérdida de peso sin causa aparente.
Por eso, la ausencia de síntomas no significa necesariamente que el órgano se encuentre en buen estado. La enfermedad puede detectarse mediante estudios médicos antes de que aparezcan las señales.
Disminuir la ingesta de azúcar genera cambios favorables en el hígado en un período relativamente corto. A partir de estudios, Stivaletta sostiene que una dieta de azúcares añadidos durante 9 a 10 días produce una mejoría significativa en la cantidad de grasa acumulada en el órgano, incluso sin realizar ejercicio físico.
Para favorecer la salud hepática, según menciona Stivaletta en su canal de YouTube, conviene limitar los siguientes productos: