En el fascinante mundo de la cocina, ciertos mitos parecen arraigados en la mente colectiva. Uno de ellos, que ha perdurado a lo largo del tiempo, es la creencia de que no debemos usar aceite de oliva para freír. Hasta los menos entendidos en el arte culinario suelen advertir contra esta práctica, alegando que las moléculas grasas del aceite de oliva se descomponen fácilmente, generando compuestos tóxicos y un sabor ácido en nuestras comidas. Sin embargo, ¿qué tan cierta es esta afirmación popular?













