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La historia de Arepita, el perro que lleva tres meses esperando a que el restaurante donde buscaba comida reabra sus puertas

El perro se llama así porque la especialidad del restaurante son justamente las arepas.
Muchos vecinos del local relacionaron esta historia con el perro Hachiko

Muchos vecinos del local relacionaron esta historia con el perro Hachiko, que se quedaría por mucho tiempo esperando a que su dueño regrese. En este caso ocurre algo similar, pero con la reapertura del local.

En Caracas, Venezuela, un restaurante cerró sus puertas en junio debido a que no pudieron sostener el local en medio de la pandemia y los obstáculos económicos que esto conlleva. Este lugar recibía todos los días a un cliente particular, que no pagaba, pero de una fidelidad enorme.

Arepita es un perro callejero que siempre pasaba por la puerta de Budare, el restaurante en cuestión, para ver si podía recoger un hueso o lograba llevarse algún resto de comida. De tantas veces que el animal decía presente en el local, este se empezó a encariñar con los mozos y cocineros, al punto de que todos los días, por más que Arepita no esté en la puerta, los empleados preparaban igualmente algo de comida para cuando el perro se acerque.

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Dado el contexto, son los vecinos los que actualmente se encargan de darle de comer a Arepita, que lleva hasta el momento tres meses esperando que Budare abra sus puertas nuevamente.

Dado el contexto, son los vecinos los que actualmente se encargan de darle de comer a Arepita, que lleva hasta el momento tres meses esperando que Budare abra sus puertas nuevamente.

La crisis obligó a que Budare cierre sus puertas, al menos momentáneamente, pero Arepita, por su parte, siguió mostrándose en la puerta del local, esperando a que algún mozo aparezca para acariciarlo y darle de comer.

Muchos vecinos del local relacionaron esta historia con el perro Hachiko, que se quedaría por mucho tiempo esperando a que su dueño regrese. En este caso ocurre algo similar, pero con la reapertura del local.

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La crisis obligó a que Budare cierre sus puertas, al menos momentáneamente, pero Arepita, por su parte, siguió mostrándose en la puerta del local, esperando a que algún mozo aparezca para acariciarlo y darle de comer.

La crisis obligó a que Budare cierre sus puertas, al menos momentáneamente, pero Arepita, por su parte, siguió mostrándose en la puerta del local, esperando a que algún mozo aparezca para acariciarlo y darle de comer.

Es tanto el vínculo no solo por la comida, sino también afectivo, que el perro se llama así porque la especialidad del restaurante son justamente las arepas.

Dado el contexto, son los vecinos los que actualmente se encargan de darle de comer a Arepita, que lleva hasta el momento tres meses esperando que Budare abra sus puertas nuevamente.

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