Formar la masa: añadir los 250 ml restantes de agua tibia. Incorporar el resto de la harina tamizada junto con la sal y mezclar hasta obtener una masa muy húmeda y bastante líquida.
Respetar los tiempos de fermentación: cubrir el recipiente con film y una toalla. Dejar reposar durante 20 minutos.
Con las manos humedecidas en agua, tomar la masa y darle varias vueltas sobre sí misma sin amasar.
Volver a cubrir y repetir otro reposo de 20 minutos. Repetir nuevamente el procedimiento una tercera vez.
Finalmente, humedecer las manos con aceite vegetal (o agua), cubrir otra vez la masa y dejarla descansar durante 1 hora en un lugar cálido.
El secreto para que la ciabatta tenga los agujeros grandes
A diferencia de otros panes, la ciabatta no necesita un amasado intenso. Su textura se logra gracias a la alta cantidad de agua y a los sucesivos pliegues durante la fermentación.
Cada uno de esos descansos permite que la masa desarrolle una estructura fuerte sin perder el aire en su interior, lo que da como resultado la clásica miga con grandes burbujas.
Cómo darle forma y hornear el pan de ciabatta
Espolvorear abundante harina sobre la mesada y volcar la masa con cuidado.
Enharinar también la superficie de la masa, darle forma de rectángulo y realizar los pliegues necesarios antes de cortarla en aproximadamente seis porciones, según el tamaño de la bandeja.
Colocar cada pieza sobre una placa, dejar levar otros 20 minutos y hornear a 200 °C durante 15 a 25 minutos, hasta que la corteza esté bien dorada.
Una vez fuera del horno, es importante dejar enfriar completamente el pan antes de cortarlo. De esa manera, la miga termina de asentarse y conserva la textura aireada que distingue a la auténtica ciabatta italiana.