“Estoy en un proceso con mi familia, que está casi destrozada. Tengo un proceso en el cual no sé si voy a poder volver a jugar al fútbol, que es lo que más me gusta”, contó.
Gómez explicó que actualmente lleva cuatro meses sin apostar y que se encuentra “controlado y medicado”. Sin embargo, reconoció que salir de la situación en la que quedó no es sencillo y que todavía intenta reconstruir los vínculos que se rompieron durante el período más complicado de su adicción.
“Te distrae, no solamente en tu trabajo, sino en el día a día, te cambia el humor, te cambia tu personalidad”, explicó.
El futbolista recordó incluso conversaciones con amigos que volvieron a acercarse después de haberlo visto alejarse. “Me dicen: ‘Che, Jony, vos no estabas’, y yo no me daba cuenta o me escondía o no quería ir o no hacía cosas”, relató.
La situación también repercutió directamente en su matrimonio. “Lo mismo mi mujer. Mi mujer me decía: ‘Jony, ¿qué te pasa?’. Me irritaba todo el tiempo”, contó.
Según explicó, el juego genera una dinámica que puede resultar difícil de detectar para quienes rodean a la persona afectada. “Cuando ganás es todo lindo”, reconoció.
Pero detrás de esos momentos, aseguró, la adicción fue creciendo hasta convertirse en un problema que ya no podía controlar.
“Las etapas se cortan cuando te meten un palazo, cuando tu mujer se entera o cuando alguien se entera o, como en este caso, cuando uno tiene una deuda y no sabe cómo salir y por temor se esconde”, explicó.
Y dejó una de las frases más fuertes de su testimonio: “Esto es una droga. Es más silencioso, porque puedo estar hablando y puedo tener el teléfono en la mano y no te das cuenta de que estoy jugando”.
Para Gómez, uno de los principales problemas de la ludopatía es justamente esa capacidad de permanecer oculta. No necesariamente hay una señal evidente para quienes están alrededor, mientras la persona continúa con su rutina cotidiana y mantiene el teléfono como herramienta para apostar.
“La ludopatía no te deja escuchar. Es algo que no te deja pensar, no te deja reaccionar, te pueden decir lo que sea y hacés caso”, sostuvo.
Las consecuencias más dolorosas, sin embargo, aparecieron en su relación con sus hijos. El futbolista contó que el vínculo familiar quedó profundamente afectado y recordó una escena que, según reconoció, fue especialmente difícil de atravesar.
“Cuando voy a ver a mis nenes, lloran y me dicen: ‘¿Por qué papá se va?’. Eso fue lo más doloroso”, relató. En medio de ese proceso, Gómez aseguró que hoy cambiaría todo lo que tiene por recuperar la tranquilidad y reconstruir su vida familiar.
“Cambiaría todo. La plata, el momento, todo, para tener paz, para que mis hijos me vean feliz, porque hace mucho tiempo que no me ven feliz y para que toda la gente que estuvo al lado mío y a la que le hice daño no sufra como sufrió”, afirmó.
Y agregó: “Todo lo que tengo. Todo, absolutamente todo”. El futbolista también manifestó su intención de recuperarse y volver a encaminar su vida. “Estoy en camino y lo quiero hacer”, aseguró.
El drama de Gómez no terminó únicamente en las consecuencias familiares y personales. El futbolista también denunció haber sido amenazado y extorsionado por personas vinculadas, según su relato, con las apuestas clandestinas.
De acuerdo con la denuncia que realizó, las deudas contraídas con una plataforma ilegal derivaron en reclamos de pago e intimidaciones que comenzaron a llegarle a través de WhatsApp.
El jugador sostuvo además que llegó a recibir amenazas para que firmara pagarés por montos que alcanzarían el medio millón de dólares.
Según su versión, uno de los episodios ocurrió en agosto del año pasado, después de un entrenamiento de Sarmiento de Junín. Allí, afirmó, fue amenazado para que cancelara la deuda.
Dos meses más tarde habría ocurrido otro episodio todavía más grave: Gómez denunció que fue subido por la fuerza a un automóvil y llevado hasta una escribanía, donde habría firmado cuatro pagarés bajo una supuesta amenaza de muerte.
Sin embargo, la investigación judicial no avanzó como esperaba el futbolista. El fiscal Aquiles Balbis desestimó las acusaciones al considerar que no existían “elementos serios para continuar la investigación”. Entre los argumentos planteados, también señaló que habría sido el propio Gómez quien coordinó los horarios para concretar el encuentro en el que se firmaron los pagarés.