En 2006 puso en marcha El Montecito de los Canichones, una iniciativa que comenzó con el rescate de perros en situación de abandono y que con el tiempo se consolidó como un refugio para cientos de animales que necesitaban atención, tratamientos y un lugar donde vivir.
Muchos de los perros que llegaban al predio habían sufrido maltrato, vivían en la calle o presentaban discapacidades y enfermedades que dificultaban su adopción. Otros eran animales de edad avanzada que encontraban allí un espacio para transitar sus últimos años.
Durante casi dos décadas, Riemersma impulsó el crecimiento del refugio y convirtió esa tarea en el proyecto central de su vida.
El origen de El Montecito de los Canichones
El nombre del refugio surgió de una expresión que el propio Riemersma utilizaba para referirse a los perros callejeros. Con el tiempo, la palabra “canichones” terminó identificando no solo al predio, sino también a una comunidad que acompañó durante años el trabajo de rescate y cuidado animal.
Además de albergar perros, el espacio promovió la concientización sobre la tenencia responsable y el abandono de mascotas. El trabajo cotidiano incluía asistencia veterinaria, recuperación de animales y campañas para fomentar las adopciones.
Las redes sociales del refugio también se convirtieron en una herramienta para visibilizar historias de rescate y mostrar el día a día de los animales que encontraban allí una nueva oportunidad.
La muerte de Riemersma generó conmoción entre quienes conocían su historia y acompañaban la tarea que desarrollaba desde hacía años.