El domingo 8 de noviembre, un Papa regresará a la Argentina. Luego de 40 años. Y en parte, para intentar sanar la cuenta pendiente e insalvable de Francisco, el Papa argentino que nunca vino de visita a su país.
León XIV llega a la Argentina el 8 de noviembre. Será el regreso de un Papa a nuestro país luego de 40 años. Sin embargo, ya conoce a la Argentina y estuvo varias veces antes de ser ungido por el cónclave en El Vaticano.

El papa León XIV "vuelve" a la Argentina. (Foto: A24.com)
El domingo 8 de noviembre, un Papa regresará a la Argentina. Luego de 40 años. Y en parte, para intentar sanar la cuenta pendiente e insalvable de Francisco, el Papa argentino que nunca vino de visita a su país.
Será el primer viaje pastoral de León XIV al territorio argentino. Sin embargo, no lo será para el sacerdote Robert Prevost. El prelado norteamericano estuvo varias veces en nuestro país y en una oportunidad sucedió algo extraordinario sin que seguramente los protagonistas lo pudieran llegar a imaginar: hubo dos “Papas” celebrando misa en una Iglesia del barrio de la Recoleta.
Con su inminente viaje apostólico oficial programado para noviembre de 2026, las redes sociales y los archivos eclesiásticos estallaron por completo. Salieron a la luz secretos ocultos y fotografías inéditas que demuestran que el líder máximo de la Iglesia católica ya conocía los secretos de nuestras calles mucho antes de ser investido con la tiara papal.
En ese primer viaje a la Argentina, el futuro papa León XIV recorrió Buenos Aires, Salta, Catamarca, Mendoza, Rosario y Tucumán. Pero volvería pocos años más tarde.
Fue una situación totalmente inesperada, pero porque nadie podía suponer lo que ocurriría con el paso del tiempo. Fue en pleno corazón de Buenos Aires y quedó registrado en una imagen que hoy estremece a toda la comunidad agustiniana mundial. Sucedió exactamente el 28 de agosto de 2004. Aquel día, los fieles que asistieron a la íntima ceremonia religiosa por el festejo de San Agustín en la Parroquia de San Agustín en la Recoleta, ubicada sobre la Avenida Las Heras 2560, presenciaron un milagro estadístico sin saberlo.
En el altar mayor, presidiendo la misa, se encontraba el entonces arzobispo de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio. A su lado, concelebrando de manera humilde y con bajo perfil, participaba un monseñor estadounidense de anteojos y mirada serena: Robert Prevost, quien en ese momento era el Superior General de la Orden de San Agustín.
Nadie de los presentes -ni el fotógrafo de la parroquia- podía imaginar la tremenda carga profética de esa instantánea. Veinte años después, ambos protagonistas se habrían convertido de forma sucesiva en las máximas autoridades del Vaticano.
El propio padre Juan Antonio Gil, párroco de la iglesia, al revisar la foto tras los históricos acontecimientos, resumió el asombro colectivo con una frase que eriza la piel: "Aquí tenemos a los dos papas y un obispo". Una coincidencia cósmica y espiritual que solo podía ocurrir en suelo porteño.
La mística conexión del flamante pontífice con la iglesia de Palermo y Recoleta no se limitó a aquella tarde mágica con Bergoglio. Los registros parroquiales y los testimonios de los vecinos más antiguos del barrio revelan que León XIV consideraba a la Parroquia San Agustín como su verdadero hogar espiritual en el Cono Sur. Como la parroquia es de la orden de los agustinos, Robert Prevost hizo dos visitas como Prior General de la Orden de San Agustín, entre 2001 y 2013.
Aprovechando sus constantes viajes pastorales para supervisar los colegios y misiones agustinas de la región, Prevost celebró múltiples misas de forma casi anónima en los años 2004, 2013 y hasta una más cercana en 2024, semanas antes de los eventos que lo catapultaron al trono de San Pedro.
Los párrocos locales como Pablo Hernando Moreno y el representante colombiano José Domingo Galvis recuerdan al hoy papa como un hombre sumamente llano, que disfrutaba caminar por las veredas de la Capital Federal e interactuar con los fieles locales sin ningún tipo de pompa ni custodia.
Hoy en día, los vecinos de Recoleta hacen fila frente al templo no solo para rezar, sino para tocar los bancos y el altar donde el papa norteamericano forjó su espiritualidad pastoral mucho antes de que el mundo entero coreara su nombre
Pocos recuerdan que en el año 2013, la capital de la provincia de Buenos Aires se vistió de gala para recibir a este influyente clérigo internacional. ¿Qué fue lo que trajo al Superior General de los agustinos hasta la ciudad de las diagonales? La respuesta es la lealtad y una profunda amistad con un referente clave de la Iglesia platense: Monseñor Alberto Bochatey. Prevost cruzó el océano y viajó hasta la catedral platense exclusivamente para acompañar y participar en la trascendental ordenación episcopal de Bochatey, su entrañable compañero de la orden religiosa.
Durante aquella histórica jornada en La Plata, el futuro vicario de Cristo volvió a demostrar su carisma jesuítico y agustiniano: compartió comidas con el clero local, se interiorizó por las problemáticas sociales de las periferias bonaerenses y dejó una huella imborrable de sencillez y afecto entre quienes compartieron mesa con él.
El destino estaba marcado. Aquel hombre que de manera silenciosa recorrió Buenos Aires, Mendoza, Salta y La Plata regresa finalmente convertido en la máxima autoridad de la cristiandad global. El anuncio oficial del Vaticano confirmó que la visita apostólica de León XIV a la Argentina se concretará entre el 8 y el 11 de noviembre de 2026, rompiendo un ayuno de casi cuatro décadas sin visitas de un Papa en ejercicio en suelo argentino
Esta vez, no irá a La Plata. Se espera que más de un millón de almas asistan a la mega misa central que el Pontífice oficiará en Palermo, además de sus visitas planificadas a Córdoba y la mística Basílica de Luján. El círculo perfecto de la historia se cierra: el humilde sacerdote que daba misa junto a Bergoglio vuelve para abrazar al pueblo que lo recibió con discreción. Mucho antes de ser el papa León XIV.