Perfiles

Omayra, la niña atrapada que murió frente a las cámaras de televisión

Su rescate, que terminó en tragedia, mantuvo en vilo a la prensa internacional. Omayra Sánchez fue la víctima más recordada de la catástrofe de Armero, en Colombia.
Ayelén Bonino
por Ayelén Bonino |
Omayra Sánchez (Fuente: Frank Fournier).

Omayra Sánchez (Fuente: Frank Fournier).

Omayra Sánchez tenía solo 13 años cuando en 1985 el volcán Nevado del Ruiz hizo erupción y borró del mapa al municipio de Armero, en el departamento de Tolima, Colombia. La pequeña permaneció tres días atrapada entre los restos su casa, con la mayor parte de su cuerpo sumergido bajo el agua.

Apoyada sobre piedras, palos y los cadáveres de su familia, que habían quedado sepultados bajo el barro, resistió más de 60 horas en la trampa mortal donde se encontraba, ante la desesperación de los rescatistas y médicos que no lograban liberarla.

Su agonía fue trasmitida en vivo por camarógrafos y periodistas que se acercaron al lugar a cubrir los hechos. La historia de Omayra Sánchez recorrió el mundo y retrató en primera persona el horror de una catástrofe cuyas consecuencias siguen vigentes.

La agonía de Omayra Sánchez

Omayra Sánchez Garzón vivía con su familia en el barrio Santander, a unas cuadras del parque principal de Armero, conocida como "la ciudad blanca", un centro productor de algodón de 50.000 habitantes ubicado a 169 kilómetros de Bogotá.

Eran las 23 horas del miércoles 13 de noviembre de 1985. Omayra, su padre, su tía y su hermano menor, Álvaro, de 11 años, se encontraban despiertos en su casa, atentos a la lluvia de arena y cenizas que caía desde la tarde. María, la madre de la niña, había viajado a la capital del país a realizar unos trámites.

A 48 kilómetros, el volcán Nevado del Ruiz había despertado y vomitado 35 millones de toneladas de lava y piedras, lo que provocó que se fundiera la nieve a su alrededor. Esto generó afluentes de agua que arrasaron con todo a su paso.

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Omayra Sánchez (Fuente: AFP).

Omayra Sánchez (Fuente: AFP).

A las 23.30, Omayra y su familia sintieron un fuerte ruido. En segundos, una masa de agua derrumbó su vivienda. La niña fue sacudida por el impacto y no supo más nada de sus seres queridos. La pequeña permaneció tapada por una plancha de concreto toda la madrugada del jueves y recién al mediodía logró sacar una mano por un hueco.

Jairo Enrique Guativonza, un socorrista que recorría el lugar, la vio y con la ayuda de otros buscó romper el material que la cubría. Trabajaron toda la noche del jueves y a la madrugada del viernes lograron despejar el cemento, las tejas y las maderas.

Junto a rescatistas de la Cruz Roja y militares de la fuerza aérea, trataron de sacar a Omayra, pero el agua se acumulaba y decidieron traer un neumático para que flotara. Se sumergieron más de una vez y comprobaron que sus piernas estaban atrapadas. Más abajo, descubrieron, con horror, que estaban los cuerpos de su familia.

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Sin poder liberarla, la situación de Omayra era compleja, pero ella no tenía conciencia de lo que pasaba. Al mediodía del viernes, preguntó qué día era y, ante los periodistas que se acercaron al lugar, respondió: “Ay caramba, hoy era el examen de matemáticas. Voy a perder el año”. Estaba recién comenzando el secundario.

Por esas horas, los socorristas empezaron a preocuparse. Sus ojos se tornaron rojos, su cara se hinchó y sus manos se volvieron blancas como la cal. Comenzó, además, a pronunciar frases incoherentes.

Necesitaban una motobomba para poder drenar y retirar los objetos que la aprisionaban. El nivel del agua subía, pero era imposible jalarla porque la podían destrozar de la cintura para abajo.

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Omayra Sánchez luchó 72 horas por su vida.

Omayra Sánchez luchó 72 horas por su vida.

Finalmente, el sábado a la madrugada un helicóptero se preparó para salir con una motobomba en dirección a Armero desde Bogotá. Debido al mal clima, la nave pudo despegar recién a las 7 de la mañana. A las 8 ya estaba donde yacía la menor y 15 minutos después sacaba el agua del pozo.

Por primera vez, los rescatistas sintieron esperanza, pero la máquina era lenta y se obstruía por el barro. A esa hora, la vida de Omayra se esfumaba y casi no podía mantener los ojos abiertos. Hasta las cinco de la mañana había estado sufriendo delirios y le había contado chistes a los médicos que la acompañaron durante la noche.

Según una extensa crónica que se publicó por esos días en el diario El Tiempo, el socorrista Jairo Enrique Guativonza permaneció abrazado a ella para darle calor. El hombre le cantó canciones y le dijo que había cumplido años. Guativonza reveló tiempo después que la pequeña le afirmó, entre alucinaciones, que el Señor ya la estaba esperando.

Omayra Sánchez y un trágico final

A las nueve de la mañana de ese trágico sábado, el agua bajaba de forma lenta y entonces apareció el cadáver en descomposición de la tía de Omayra. La niña estaba atrapada, como arrodillada, entre el cuerpo de la mujer y una plancha de cemento. Había que apresurarse ya que agonizaba, probablemente como resultado de gangrena o hipotermia.

Los médicos que asistieron al operativo comenzaron a deliberar y concluyeron que había dos alternativas: cortarle las piernas o dejarla morir. El problema era que la intervención quirúrgica también podía matarla ya que no contaban con el equipo de cirugía necesario.

No había más alternativa: había que dejar fallecer a Omayra. Durante los siguientes minutos, los médicos y socorristas se quedaron en silencio. A las 10.05 de la mañana, la nena frunció los hombros y cerro sus ojos para siempre. A su alrededor, los periodistas presentes voltearon la cara para llorar a escondidas ante la impotencia de la situación.

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La pequeña tenía solo 13 años y recién comenzaba el secundario.

La pequeña tenía solo 13 años y recién comenzaba el secundario.

Qué sucedió con la familia de Omayra Sánchez

El hermano menor de Omayra, Álvaro, fue encontrado a la tarde del segundo día de la catástrofe. No se sabe cómo, pero logró sobrevivir a la avalancha. “No busquen más a mi papá, él fue el primero que murió ahí”, dijo entonces el pequeño. “Mi hermana y mi tía se abrazaron y se pusieron debajo del marco de una puerta”, contó.

La madre de la Omayra estaba en Bogotá junto al tío de la niña, Édgar Domínguez, cuando recibieron la noticia del estallido del volcán. La mujer tuvo una crisis nerviosa y buscó trasladarse a la zona.

Allí, encontró a Álvaro con heridas en el abdomen y en la mano. Cuando un doctor les dijo que el niño debía ser trasladado para amputarle el dedo, la madre, que era enfermera, se negó debido a la confusión que reinaba en el lugar. Firmó unos papeles en los que se hacía responsable por la salud del chico. Luego de la tragedia, se supo que centenares de nenes fueron llevados a albergues y centros de atención. Muchos de ellos siguen perdidos hasta hoy.

Tres días después de la erupción, cuando los equipos de socorristas comprobaron la imposibilidad de rescatar a los más de 22.000 cadáveres sepultados en la región, las autoridades declararon a la ciudad de Armero como “cementerio”. En otros pueblos, como Chinchiná, murieron 1.800 personas.

En la actualidad, la tumba de Omayra Sánchez es un santuario donde la gente va a rezar y le deja ofrendas.

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