Empresarios

Quién es este emprendedor que invierte para encontrar al próximo súper unicornio

Matías Nisenson arrancó su primer proyecto a los 17 años y hoy es considerado uno de los jóvenes con mayor proyección del mundo. Qué opina sobre la educación y cuáles son sus consejos para los emprendedores argentinos.
Carlos Toppazzini
por Carlos Toppazzini |
Matías Nisenson

Matías Nisenson, de Palermo al mundo en búsqueda de nuevos unicornios. 

Este argentino de 28 años, que todavía vive en Palermo, barrio donde creció, tiene lo que todos quieren: capital, fondos, dinero para invertir. A su corta edad, ya se convirtió en un buscador compulsivo de proyectos con pinta de unicornio y, además, se ganó el reconocimiento como uno de los empresarios-emprendedores con mayor proyección en el mundo.

Pero su historia comenzó mucho antes, cuando cursaba el secundario en la escuela técnica de la calle Montañeses. Con uno de sus compañeros, hoy socio de negocios, tenían que armar un proyecto final para la materia Tecnología y decidieron desarrollar una propuesta para digitalizar maquetas de proyectos inmobiliarios. El resultado fue tan bueno que no sólo aprobaron la materia sino que la idea prosperó y llegó a las páginas de algunos medios.

Pero sobre todo, Matías supo en ese momento cuál era el camino y la semilla del gen emprendedor ya estaba brotando. “Hacer un proyecto de tecnología en la secundaria no es muy diferente a lanzar una empresa”, recuerda en diálogo con A24.com. “Lo único que cambia entre una cosa y otra es que con el segundo te animás a presentarlo al público, pero a nivel tecnológico es lo mismo”, aclara.

De la escuela a los emprendimientos

Poco después, Nisenson creó Tiempy, una plataforma para hacer posteos en redes que vendió, en 2016, a una empresa europea porque “era una gran oportunidad para seguir creciendo”. Y lo hizo. Creció y, además de emprender, comenzó a apoyar otros proyectos mediante la figura de “inversor ángel”. Es decir, un individuo u organización que provee capital a una startup para su desarrollo, usualmente, a cambio de una participación accionaria.

Sin embargo, pese a su cambio de rol, Matías lo tiene claro a la hora de definirse: “Soy un emprendedor que invierte”.

En ese camino, se asoció con Martín Varsavsky, César Levene y Alec Oxenford para lanzar el fondo Myelin II, con el cual apoyarán emprendimientos tecnológicos de consumo, biotecnología, tecnología médica, ciberseguridad y otras áreas. “Es un fondo de etapa temprana bastante diferente a todo lo que hay en Latinoamérica y más parecido al modelo americano”, cuenta Matías; y agrega que buscan “empresas de tecnología con un marcado factor de innovación y que tengan la potencialidad de escalar no sólo para ser unicornio, sino mucho más, que puedan valer 100 billones de dólares, por ejemplo”.

Para eso, el equipo invierte gran parte del capital en Estados Unidos y en Europa y ahora, a través de este segundo fondo, le darán mayor preponderancia a Latinoamérica, “donde está empezando a desarrollarse todo lo que esperábamos que se desarrolle”. Según su análisis, especialmente en Brasil y México están naciendo “muchas empresas muy grosas, por lo que probablemente alojemos un poco más de capital en esos dos países”.

El desafío de emprender en Argentina

-En el país se escucha siempre que tenemos muchos emprendedores: ¿Tenés más trabajo por eso o no es tan así como pensamos?

-Habría que buscar bien los números y compararlos con otros lugares, pero sin dudas es una sensación que todos sentimos. Sin embargo, si mirás el caso de Brasil, es cierto que su población es mayor, pero también tienen una cantidad enorme de unicornios. Hace poco veía un gráfico sobre “soonicorns” (empresas que están por ser unicornios), y Argentina tenía 4 frente a 40 de Brasil.

-¿Qué lectura haces de eso?

-Siento que en otros países tienen mercados más libres y regulaciones más entendibles o reglas claras para armar empresas. Sin embargo, a pesar de lo difícil que es hacer cualquier cosa en este país, después ves los proyectos que surgen y pensás: “Wow, cómo puede haber tanto talento acá”.

Porque nunca podés importar lo que necesitás, te cuesta todo 20 veces más caro, unos te pagan en dólares, otros en criptomonedas, otros en pesos ajustando cada 4 días y, a pesar de todo, cada vez salen más empresas.

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Según Matías Nisenson, los emprendedores argentinos aprovechan lo bueno de la viveza criolla y, con lo que sea, encuentran una solución.

Según Matías Nisenson, los emprendedores argentinos aprovechan lo bueno de la viveza criolla y, con lo que sea, encuentran una solución.

-¿Cómo se explica?

-Creo que es un efecto del choque con la realidad y, por otro lado, al hacer empresas acá tenés que encontrar recursos donde no los hay y encontrar soluciones. Ese es el lado bueno de lo que llamamos viveza criolla: con lo que sea, encontrás una solución.

El problema es que probablemente muchos proyectos queden en el camino por cuestiones que no deberían pasar o que en una sociedad más desarrollada se hubieran vuelto empresas gigantes. Acá solo sobreviven los que le encuentran la vuelta, pero es una lástima que no todo el mundo tenga esa posibilidad.

-¿Qué se puede hacer para cambiar eso?

-Deberíamos partir de una base en la que todos tengan las necesidades básicas cubiertas, lo que no ocurre en más del 50% o 60% de nuestra población. Porque es fácil decir “yo pude y vos no” cuando fuiste a un colegio privado, comías bien y tus padres estaban bien. Después, en un 80%, creo que es una cuestión de educación: la mayoría de las instituciones educa empleados y no emprendedores. Esa es la gran diferencia con las pocas organizaciones que son semilleros de emprendedores y educan para hacer una empresa y no para que labures para otro.

Obviamente, trabajar para otro es necesario porque si nadie colaborara tampoco se llega a ningún lado, pero las economías cada vez más necesitan de empresas, de empresas de tecnología, que generan muchísimos puestos de trabajo de valor con sueldos muy altos y eso se reinvierte en la economía.

El futuro de los emprendedores nacionales

-En ese sentido, la situación en el país parece ir en descenso…

-Fijate que ahora muchos ya no quieren cobrar sus sueldos acá o eligen cobrar con criptomonedas, por ejemplo, por lo que el Estado no cobra impuestos sobre esos sueldos. Lo mismo pasa con el dinero que se guarda afuera porque nadie confía en los bancos locales. Al final, no estoy seguro de que el país consiga todos los beneficios que podría conseguir si fomentase una industria nacional de tecnología y de emprendimientos.

-Pero, pese a todo, este año surgieron varios nuevos unicornios argentinos…

-Es verdad. Pero fíjate lo que pasa, por ejemplo, con Tiendanube. Es una empresa gigante, de más de US$ 3 mil millones, los chicos son de acá, la empresa nació acá. Sin embargo, varios medios internacionales los publican como empresa brasileña porque Brasil es más mercado para ellos que Argentina. Empieza a pasar eso. Marcos Galperín, de Mercado Libre, está en Uruguay; Alec Oxenford, mi socio, en Brasil; Varsasky, en España; los chicos de Vercel, en San Francisco. Todos están en otro lado.

O sea, buenísimo el talento argentino, la educación que tuvieron esos privilegiados, pero ahora están en otro lado. No sé qué cantidad de valor logra captar el país en esta situación, más allá de los laureles por ser emprendedores argentinos o la cifra de unicornios que tenemos.

-Para terminar, ¿podremos dejar un mensaje optimista para los emprendedores argentinos?

-Por supuesto. Para emprender no hubo mejor momento que el actual en la historia de la humanidad. Es muy fácil tener un producto online sin un peso, sólo con una computadora e internet. Lo más importante es que se manden.

Recuerden la frase del fundador de LinkedIn: “Si la primera versión de tu producto no te da vergüenza, estás lanzando demasiado tarde”. No gastes plata o tiempo en desarrollar un producto que no sabes si alguien quiere; hacelo lo más funcional que puedas para probarlo, aunque te quede “choto”. Hay que hacer las cosas, probarlas y cuando tengan algo interesante recién salir a pedir plata. Hay un montón de inversores, pero elijan uno que pueda agregar valor al proyecto, no solamente dinero.

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