"Están tratando de robar una elección, están tratando de manipular una elección". Las palabras en boca de Donald Trump sorprendieron a todo el mundo, literalmente.

"Están tratando de robar una elección, están tratando de manipular una elección". Las palabras en boca de Donald Trump sorprendieron a todo el mundo, literalmente.
Su discurso del jueves, mientras Joe Biden estaba cada vez más cerca de convertirse en el nuevo presidente de Estados Unidos, estuvo lleno de acusaciones y escaso de pruebas. En los estados objetados, la Justicia rechazó los planteos de Trump para interrumpir el conteo de los votos por correo. Incluso, gobernadores, senadores y representantes (diputados) republicanos se desmarcaron de las palabras del candidato, que rechazaba lo que finalmente sería una derrota.
Pero lo concreto es que el mandatario, viendo entonces el horizonte cercano su caída en estas elecciones, anticipó un complejo proceso de litigios por el recuento de votos.
Consagrado como el candidato con más votos populares en la historia de los Estados Unidos, hasta el 13 de diciembre pueden realizarse todos los controles, impugnaciones y denuncias contra el mandatario electo.
Ese día deberá reunirse el colegio electoral para votar y proclamar al presidente. Los electores no están obligados a votar por el candidato al que representan. Pero, en este contexto de "grieta" en la política de ese país, eso resulta imposible.
Si Trump pierde la votación, solo le quedará el camino judicial. De todos modos, su catarata de acusaciones, por el momento, carece de pruebas serias, a tal punto que Twitter realizó prácticamente un hilo con los anuncios de "mensajes engañosos" sobre cada párrafo del mensaje del jueves.
Uno de los periodistas de la CNN calificó el discurso presidencial como "patético". Y las cadenas CBS, NBC y ABC lo sacaron del aire ante la reiteración de datos falsos.
Hasta allí podría llegar la apelación de Trump por los "votos ilegales", tal como los calificó. En la Corte, tras la reciente llegada de Amy Coney Barrett, el presidente confirmó el giro conservador del máximo tribunal: 6 a 3 sobre los progresistas. Será todo un desafío para sus integrantes dar vuelta un resultado que muestra el pronunciamiento de millones de ciudadanos en una votación récord. Sobre todo, sin pruebas sólidas.
Si algo caracteriza a los Estados Unidos, es la firmeza de las instituciones, más allá de las personas que dominaron determinados tiempos políticos del país.
La propia Amy Coney Barrett adhiere a una corriente que defiende interpretar la Constitución tal como fue redactada, mantener el "espíritu de los padres de la independencia" y no "las lecturas amoldadas a los tiempos".
Aun habiendo llegado a la Corte propuesta por Trump, parece improbable que apoye el cambio de un resultado electoral sin pruebas contundentes. En consecuencia, "la judicialización del proceso electoral" puede resultar una complicación más, pero con pocas probabilidades de éxito.
Seguramente "habrá lío", si se permite tomar para este caso las palabras del Papa Francisco en el inicio de su pontificado. Pero no debería conmover a la democracia norteamericana.
El mensaje de Biden cuando ya se encontraba a las puertas de la victoria cobran gran significado: "La democracia, a veces, es complicada".