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Desesperación en Bolivia: tatuajes en las muñecas y horas de fila para conseguir combustible

Bolivia vive una crisis sin fin. Especialmente en la parte central y norte del país. Los bloqueos de los pueblos del Alto sobre la capital la privan de combustible y alimentos. Enormes colas de racionamiento hacen que los bolivianos penen por conseguir solo 5 litros de combustibles o un pollo para la comida diaria.

Roberto Adrián Maidana
por Roberto Adrián Maidana |
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La crisis en Bolivia llegó al racionamiento de combustible y alimentos en la capital del país. (Foto: Captura de TV)

La crisis en Bolivia llegó al racionamiento de combustible y alimentos en la capital del país. (Foto: Captura de TV)

Conseguir alimentos básicos o apenas cinco litros de combustible se transformó en una odisea marcada por filas interminables, controles improvisados y escenas de desesperación. En distintos puntos de la capital, las estaciones de servicio comenzaron a racionar la venta de nafta y diésel ante la escasez, mientras decenas de personas pasan horas - e incluso toda la noche - esperando su turno.

Además, se ha dado prioridad para acceder a algo de combustible. Hay dos colas interminables. Los automovilistas, y luego, las personas de a pie, llegan llevando bidones de 5 litros. Muchas veces, luego de horas de cola, se deben ir con las manos vacías. El combustible disponible no alcanza para todos.

Para acceder a una pequeña carga de combustible, las autoridades y los comerciantes exigen documentación del vehículo, identificación personal y hasta comprobantes que justifiquen la necesidad de uso. En algunos surtidores se implementó un sistema de marcas en las muñecas con tinta o sellos para impedir que una misma persona vuelva a ingresar a la fila y compre nuevamente. Aun así, abundan las discusiones, los empujones y las denuncias de favoritismos.

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El problema también afecta a quienes buscan conseguir alimentos en la capital boliviana. La falta de transporte también complica el abastecimiento de mercados y supermercados. Productos esenciales como aceite, harina, arroz y carne comenzaron a escasear o aumentaron de precio de manera abrupta. Muchas familias recorren varios barrios para encontrar alimentos o gas para cocinar.

El conflicto mantiene paralizada buena parte de la conexión entre El Alto y La Paz, profundizando una crisis social y económica que ya provoca privaciones de todo tipo entre la población. Noticia en desarrollo.

Así, muchos ciudadanos bolivianos no pueden ni siquiera cumplir con sus trabajos. Deben pasar horas para poder conseguir algo de combustible, y luego embarcarse en otras colas interminables para poder llevarse un pollo o huevos, si es que luego de tanta espera, logran conseguirlo.

Brazos marcados para acceder al combustible y los alimentos

La crisis que vive la capital boliviana se agrava. El bloqueo de rutas impide la normal provisión de alimentos y combustible. Por eso, se ha llegado a la humillante situación de tener que marcar con sellos numéricos las muñecas de las personas. En medio de los bloqueos impulsados por sectores de El Alto, las estaciones de servicio de la capital amanecen rodeadas de filas interminables de vehículos y ciudadanos que esperan durante horas para conseguir apenas unos litros de nafta o diésel.

En varios surtidores se implementaron mecanismos de control extremos para evitar que una misma persona vuelva a colocarse en la fila. Trabajadores y efectivos de seguridad escriben números o marcas con tinta sobre las muñecas de los usuarios, una imagen que se volvió símbolo del deterioro de la situación. También se exige presentar documentos del vehículo y cédulas de identidad antes de habilitar la carga. En muchos casos, el límite es de apenas cinco litros por automóvil o motocicleta. No son pocas las incidencias - como registró un equipo de enviados especiales de A24 - sobre personas que quieren colarse en las largas filas o tratar de cargar más de una vez.

La escasez también afecta a los alimentos. Comercios y mercados reportan dificultades para recibir mercadería debido al bloqueo de rutas y accesos a la capital. Los precios de productos básicos aumentaron en pocos días y numerosas familias recorren distintos barrios intentando encontrar aceite, arroz, harina o gas para cocinar.

Bolivia racionamiento y númeración
Números entintados en las muñecas para poder acceder al racionamiento del combustible o del alimento en La Paz, capital de Bolivia. (Foto: A24.com)

Números entintados en las muñecas para poder acceder al racionamiento del combustible o del alimento en La Paz, capital de Bolivia. (Foto: A24.com)

La política trata de reaccionar

Siempre conviene recordar que solo lleva medio año en el poder. Pero a pesar de ese dato, la crisis lo golpea de lleno al presidente Rodríguez Paz Pereira. Frente al agravamiento del conflicto, el gobierno boliviano analiza una profunda reestructuración política para intentar contener la crisis. Entre las propuestas debatidas aparece un cambio de gabinete que incluiría la salida de ministros cuestionados por la gestión del conflicto y la incorporación de figuras con mayor capacidad de diálogo con los movimientos sociales y las regiones más afectadas. La intención oficial es enviar una señal de apertura mientras se intenta destrabar las protestas y recuperar el abastecimiento.

La tensión también crece en Santa Cruz de la Sierra, principal motor económico del país. Allí comenzaron protestas de sectores empresariales, transportistas y comerciantes que denuncian pérdidas millonarias por la paralización parcial del comercio y el aumento de costos logísticos. En algunos barrios ya se registran compras de pánico y largas filas en estaciones de servicio y supermercados, ante el temor de que la escasez se profundice.

Con el país cada vez más dividido y sin una solución inmediata a la vista, Bolivia atraviesa una de las crisis más delicadas de los últimos años. Con un gobierno nuevo, pero que enfrenta una crisis similar a las que marcaron la caída del anterior presidente, Luis Arce. Su pérdida de confianza fue tal que no pudo aspirar a una reelección. Y su "delfín" solo sacó el 3% de los votos en el comicio que puso a Paz Ferreira para administrar a un país en una crisis muy profunda.