Sin embargo, un periodista de Reuters descubrió que los restos habían terminado en manos del Ejército de los Estados Unidos, que los adquirió por casi 6.000 dólares -junto a otros 20 cuerpos- para someterlos a un experimento.
En esa investigación periodística, se constató que el cuerpo de Doris había sido atado a una silla y detonado con explosivos "improvisados" similares a los que utilizan los terroristas.
"Me siento tonto, porque no soy una persona que confía. Pero en esta situación no tenés idea de que esto está sucediendo, confías", se lamentó Jim en referencia a la estafa que sufrieron como familia.
Los Stauffer no fueron las únicas víctimas. Otras docenas de familias también fueron engañadas por el Centro de Recursos Biológicos y les entregaron los cuerpos de sus seres queridos pensando que serían utilizados para una investigación médica.
El titular de esta institución confesó ante la Justicia y fue sentenciado la semana pasada a cumplir un año de prisión efectiva, cuatro años de libertad condicional y deberá pagar una indemnización de 121 mil dólares a los afectados.