Sin embargo, lo peor sucedió: cuando el soldado salió de un camino de tierra para increparles, Yura y su padre se detuvieron de inmediato y levantaron las manos.
“¿Qué hacen?”, preguntó el soldado. El padre de Yura no tuvo tiempo de responder. El chico escuchó dos disparos. Su padre cayó al suelo y comenzó a sangrar.
Un disparo alcanzó la mano de Yura y él también cayó. Otro disparó le dio en el codo. Cerró los ojos y pensó lo peor. Hubo un último disparo.
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Yura Nechyporenko coloca un chocolate en la tumba de su padre Ruslan Nechyporenko en el cementerio de Bucha, en las afueras de Kiev. (Foto: AP)
El testimonio de Yura es conmovedor sobre cómo logró sobrevivir al asedio de los soldados rusos. En un momento en el que expertos en justicia internacional llegan a Bucha, las estadísticas son elocuentes. Sólo en Bucha, 31 menores de 18 años murieron y 19 resultaron heridos, según las autoridades locales.
“Todos los niños fueron asesinados o heridos de forma deliberada, dado que los soldados rusos dispararon de forma deliberada a autos que evacuaban con carteles de ‘NIÑOS’ y con tela blanca atada, y dispararon de forma deliberada a las casas de civiles", dijo a AP el fiscal jefe de la región, Ruslan Kravchenko.
La oficina de derechos humanos de Naciones Unidas dice que al menos 202 niños murieron en la invasión rusa en Ucrania, y cree que el número real es considerablemente mayor. El gobierno ucraniano ha contabilizado 217 niños muertos y unos 390 heridos.
Yura sobrevivió y después del disparo que le atravesó el codo, se quedó quieto unos minutos a esperar que el soldado se fuera. Cuando se convenció de que ya no estaba en peligro, Yura empezó a correr sin destino.
Cuando llegó a su casa y contó lo sucedido, su familia llamó a la policía.
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La retirada de las tropas rusas dejó al descubierto la matanza de civiles en Bucha, cerca de Kiev, la capital de Ucrania (Foto: AP)
“Los fiscales podrían querer este caso porque la víctima sigue viva y podría declarar”, dijo Ryan Goodman, profesor de derecho de la Universidad de Nueva York y ex asesor especial del Departamento de Defensa. “Podría ser difícil, si no imposible, que un acusado alegue que tenían alguna justificación para intentar matar a un niño”.
La familia de Yura recuperó el cuerpo de su padre al día siguiente. La abuela de Yura imploró a los soldados rusos que la dejaran acercarse. Con las armas cargadas, la dejaron pasar por delante. Otro soldado gritó desde lejos: “No venga aquí o la mataremos”. Pero no disparó.
Llevaron el cuerpo a casa en una carretilla y lo enterraron en el jardín, en una de las muchas tumbas cavadas a toda prisa durante el mes de ocupación rusa.
Yura y su familia salieron de Bucha al día siguiente en una de las pocas oportunidades de salir en un corredor de evacuación. Tuvieron que pasar por el lugar del tiroteo. Yura llevaba el brazo con una venda blanca y los soldados rusos preguntaron qué había pasado.
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El gobierno ucraniano ha contabilizado 217 niños muertos y unos 390 heridos.
“Me disparó un soldado ruso”, respondió el chico. La respuesta aterrorizó a su madre. “Sentí que todo se derrumbaba dentro de mí”, recordó. “Creí que nos dispararían a todos”. Sin embargo, los soldados los dejaron pasar.
“Físicamente nunca estoy sola, pero es posible estar sola mentalmente”, dijo al borde de las lágrimas. “Intento evitarlo”, comentó. Ella espera que la justicia funcione y cree que nadie debería pasar por lo que pasó su hijo.
Yura cumplió 15 años el 12 de abril. Fue un cumpleaños con pocos festejos. Normalmente, su padre, un buen cocinero, preparaba algo para celebrarlo.
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La familia volvió a reunirse el 25 de abril para conmemorar los 40 días desde la muerte de Ruslan, como es la costumbre local. Yura encendió en silencio una vela y la colocó en la tumba. Después se cubrió la cabeza con la capucha de un buzo negro para protegerse del frío.
El tío del chico, Andriy, teme que el trauma de sobrevivir a la muerte acabe afectando a Yura. “Esto me rompe el alma”, dijo Andriy entre lágrimas. “Lo que vemos es sufrimiento tras sufrimiento”.
Con información de AP