La discusión que desencadenó la pelea
Según reconstruyó Hegarty, ambos se encontraron cerca de la medianoche y, después de varias horas, decidieron detenerse en Le Mabillon, en el barrio parisino de Saint-Germain-des-Prés, para tomar una última copa y comer algo.
En la terraza estaban también Romain Bouvier, Loïk Le Priol y Lyson R.. El clima inicialmente fue cordial, pero comenzó a cambiar a partir de una conversación con otros clientes.
Hegarty contó que intervino cuando consideró que uno de los hombres estaba tratando de manera condescendiente a otra persona. Poco después, recibió una advertencia: uno de ellos le aseguró que sabía pelear y que había pertenecido a las fuerzas especiales.
La tensión siguió aumentando hasta que se produjo una pelea. Hegarty calculó que el enfrentamiento duró apenas entre 10 y 12 segundos antes de que fueran separados. Sobre la reacción de su amigo, señaló: “Era la primera vez que veía a Federico reaccionar con tanta ira”.
La reconstrucción judicial sostiene que aquella discusión ocurrida cerca de las 6 de la mañana fue el comienzo de una secuencia que, minutos después, terminaría con Aramburú muerto.
Los minutos previos al crimen de Federico Martín Aramburú
Tras abandonar el bar, Aramburú y Hegarty caminaron hasta un hotel cercano para pedir hielo y aliviar los golpes que habían sufrido durante la pelea. Al volver a salir, Hegarty observó un Jeep estacionado cerca de Le Mabillon y escuchó una voz que decía: “Están aquí”. Luego reconoció a Bouvier y a Lyson R.
Según su testimonio, Aramburú comenzó a hablar con Bouvier mientras él permanecía a unos metros de distancia. Fue entonces cuando comenzaron los disparos.
Hegarty aseguró ante el jurado que vio a Bouvier apuntar contra su amigo. El acusado sostiene, en cambio, que disparó hacia el suelo. “No hubo disparos de advertencia. Claramente le disparó, estoy absolutamente convencido de ello”, declaró el testigo.
La investigación determinó que Bouvier efectuó cuatro disparos y dos alcanzaron a Aramburú, aunque esas heridas no fueron las que finalmente provocaron su muerte.
Hegarty contó que, en un primer momento, quedó desconcertado y llegó a pensar que se trataba de una pistola de fogueo o de ruidos similares a petardos.
La llegada de Le Priol y una nueva ráfaga de disparos
Segundos después apareció Loïk Le Priol, quien llegó corriendo por el bulevar. La reconstrucción de los investigadores determinó que Le Priol realizó seis disparos en apenas cuatro segundos. Cuatro proyectiles alcanzaron a Aramburú y dos de ellos ingresaron por la espalda, según declaró durante el juicio la médica forense que realizó la autopsia. Esas heridas siguieron una trayectoria de atrás hacia adelante y resultaron mortales.
Hegarty describió ante el tribunal el momento en el que vio caer a su amigo. “Veo a Federico caer sobre los cubos de basura y tumbarse en la calle”, relató. Su estado de conmoción era tal que, según reconoció, inicialmente pensó que Aramburú debía levantarse para que pudieran regresar al hotel.
La realidad terminó de golpearlo cuando se acercó.
Las últimas palabras de Aramburú antes de morir
Hegarty se aproximó a su amigo mientras permanecía gravemente herido en el suelo. Allí escuchó la frase que, según contó, lo acompañó durante los últimos cuatro años. “Shaun, llama a la policía, me voy a morir”, le dijo Aramburu.
“Es entonces cuando me doy cuenta de lo que está pasando. Lo tomo en brazos, no sé qué hacer”, reconstruyó ante el jurado.
Personas que se encontraban en la zona intentaron asistir al argentino, pero no lograron salvarlo. Aramburú murió como consecuencia de una hemorragia torácica provocada por las heridas de bala. Su fallecimiento fue constatado a las 6.48.
Una médica forense que declaró días antes sostuvo que las heridas mortales no le dejaron posibilidades de supervivencia.
El punto que enfrenta a la defensa y al amigo de Aramburú
Durante el interrogatorio, los abogados de Le Priol pusieron el foco sobre un paño con hielo que llevaba Hegarty después de haberlo pedido en el hotel para aliviar las lesiones sufridas durante la primera pelea.
La defensa planteó el potencial uso de ese elemento como arma. Hegarty rechazó esa interpretación y aseguró que se trataba simplemente de un paño de cocina con dos o tres cubitos de hielo. También negó que él y Aramburu hubieran representado en ese momento una amenaza que justificara la reacción armada.
“Federico tenía dos balas en el cuerpo y yo estaba completamente aturdido”, sostuvo.
Este punto resulta central para el proceso debido a que Le Priol sostiene que actuó en legítima defensa. Los investigadores, sin embargo, cuestionaron esa hipótesis durante las jornadas anteriores. Uno de los responsables de la investigación llegó a describir ante el tribunal la secuencia como una “ejecución”.
Las secuelas que dejó el crimen en Shaun Hegarty
Más de cuatro años después, Hegarty contó que continúa bajo tratamiento psicológico y que sufrió trastornos del sueño, pesadillas e hipervigilancia como consecuencia de lo ocurrido aquella madrugada.
También explicó qué espera del proceso judicial. Según afirmó, aguardaba que los acusados pudieran reflexionar sobre sus actos, asumir sus errores y mostrar humanidad. “Para mí, son personas peligrosas. En mi opinión, merecen estar en prisión el mayor tiempo posible”, afirmó.
Después del asesinato, Hegarty, la esposa de Aramburu y el equipo de Esprit Basque decidieron seguir adelante con el proyecto vinculado al Mundial de Rugby que ambos amigos habían celebrado pocas horas antes del crimen.
“Para mí, era importante hacerlo. Era el deseo de Federico poder trabajar en un Mundial, reunir a gente de todas partes”, explicó.
Aramburú tenía 42 años cuando fue asesinado. Había disputado 22 partidos con Los Pumas y formó parte del histórico seleccionado argentino que consiguió el tercer puesto en el Mundial de Francia 2007.