Rendirse jamás

El soldado que vivió 27 años escondido en la selva e ignoraba que la guerra había terminado

En 1944 lo habían declarado por muerto, pero Shoichi Yokoi le había jurado al emperador japonés que no se rendiría jamás. El ingenio por sobrevivir lo salvó siempre. Cuando lo descubrieron, pensó que su vida seguía en peligro.
El soldado Shoichi Yokoi en 1941 y en 1972

El soldado Shoichi Yokoi en 1941 y en 1972, después de ser encontrado en la isla de Guam.

Cuando lo descubrieron, sintió miedo y pensó que su vida todavía estaba en peligro. Fue el 24 de enero de 1972.

Se vivían momentos desesperantes porque nadie podía hacerlo entrar en razón a Shoichi Yokoi, el soldado japonés que vivió durante 27 años en la selva de Guam del Pacífico con el objetivo de no rendirse a los aliados. Sus comportamientos eran porque no se había enterado que la Segunda Guerra Mundial había finalizado.

Sin embargo, una tarde, al sentir tanto peligro e intimidado por la vista de otros seres humanos después de tantos años de soledad, Yokoi trató de agarrar uno de los rifles de los cazadores. Con grandes muestras de debilidad, fue reducido por los hombres. Y no puso más oposición. Mientras lo llevaban por un largo camino de alta vegetación en la selva, Yokoi gritaba que por favor lo maten ahí mismo.

Yokoi tampoco sabía que desde octubre de 1944 ya lo habían declarado muerto en su propio país.

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¿Por qué Yokoi nunca se enteró que la guerra había finalizado? ¿Qué hizo durante todo ese tiempo? Las mismas preguntas buscan responderse. Lo cierto es que Yokoi vivió en la selva de Guam protegiéndose de un enemigo invisible. Aunque su principal enemigo estaba en su mente. Hasta que se encontró con el grupo de cazadores, él solo escuchaba el silencio. Al mirarlos, su primer instinto fue el de escaparse, pero más temprano que tarde supo que ya no había guerra por la que luchar, ni nada por escapar.

Su primer refugio

La extensa pesadilla de Yokoi se inició en 1944, cuando las fuerzas armadas estadounidenses tomaron Guam como parte de su ofensiva contra los japoneses en el Pacífico. Eran momentos de combates intensos, con muchas víctimas en ambos lados. La rendición formal de los nipones fue el 2 de septiembre de 1945. Pero para algunos soldados como Yokoi, la guerra terminó muchos años después.

Yokoi fue criado en una aldea agrícola cerca de la ciudad de Nagoya ubicada en el centro de Japón. Antes de ingresar al antiguo ejército imperial, se había dedicado a la sastrería. Tenía 26 años cuando fue reclutado por el emperador Hirohito y en 1941 enviado a pelear a China. Como lema, a todos los soldados se les había enseñado que la rendición era el peor destino posible. Ser capturado era considerado deshonroso.

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El soldado junto a las autoridades gubernamentales que lo fueron a buscar a Guam.

El soldado junto a las autoridades gubernamentales que lo fueron a buscar a Guam.

Yokoi honró el código de honor del Ejército imperial del entonces emperador Hirohito. Ese lema de no rendirse nunca, Yokoi lo tenía tatuado en el alma. La única opción para él era ganar o morir.

Una vez que se interrumpió la línea de mando japonesa, Yokoi, y otros de su pelotón, quedaron librados a su propia iniciativa. Y decidieron construir su propio camino. Para no ser detectados, hicieron lo imposible y apelaron a distintos ingenios. Mientras se desplazaban por la selva, iban borrando todas sus huellas. Diagramaron por donde moverse y trazaron un metódico plan.

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El emperador Hirohito y el

El emperador Hirohito y el "código de honor" que suplicaba a sus soldados impedir rendirse.

En los primeros años, los soldados japoneses capturaban y mataban ganado para poder alimentarse. Por temor a que los descubran las patrullas estadounidenses, y después los cazadores del lugar, se fueron moviendo hacia las profundidades de la selva.

¿Cómo se alimentaron? Durante su estadía en la selva, Yokoi sobrevivió a base de una dieta de nueces, mangos, papaya, camarones, caracoles, ratas y ranas. Además, había fabricado una trampa con juncos para cazar anguilas y camarones. También comían sapos venenosos y cavó un refugio subterráneo, sostenido por fuertes cañas de bambú. El ingenio por sobrevivir lo salvó siempre.

Años después confesó que mantenerse ocupado lo ayudó también a no pensar demasiado o incluso en su familia que estaba en Japón.

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Una multitud fue a recibirlo cuando llegó a Japón.

Una multitud fue a recibirlo cuando llegó a Japón.

“No puedo morir aquí”

Uno de los momentos más difíciles fue cuando estuvo enfermo. “¡No! ¡No puedo morir aquí! No puedo dejarle mi cadáver al enemigo. Debo morir en el agujero que me he cavado. Hasta ahora he logrado sobrevivir, pero todo se vuelve nada ahora”, decía Yokoi cuando la impaciencia gobernaba su cuerpo.

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Así está hoy la cueva que se fabricó Shoichi Yokoi y en la que vivió durante 27 años.

Así está hoy la cueva que se fabricó Shoichi Yokoi y en la que vivió durante 27 años.

La mayoría de los 22.000 soldados japoneses que asistieron a Guam fallecieron en la toma de la isla por las tropas aliadas. Yokoi fue una de esas excepciones.

Su vida después de la selva

Cuando arribó a su casa, Yokoi no vivió una vida tranquila. Todo lo que hizo fue al límite. La vida moderna lo llevó a enamorarse y se casó en noviembre de 1972. Vivió en la provincia de Aichi, en Japón. Concretó su sueño de ser comentarista en la televisión. Después le llegó el momento de incursionar en la política y se presentó a senador, en 1974. Los votos no lo ayudaron y se dedicó full time a la cerámica y al cultivo orgánico de verduras.

La nostalgia siempre se impuso en su vida. Por eso en sus últimos años se dedicaba a visitar Guam con frecuencia. Aseguraba que volver a esa geografía le daba felicidad.

A sus 82 años, murió en 1997 a causa de un ataque cardíaco en un hospital de Nagoya. Una multitud se reunió en su hogar para darle un sentido homenaje al soldado japonés que jamás se rindió y que no manchó el código de honor del Ejército Imperial Japonés.

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