El gobernador de Hormozgan, Mehrdad Hasanzadeh, y otras autoridades locales calificaron el hecho como un “ataque salvaje” y “bárbaro”, mientras que el presidente iraní Masud Pezeshkian y el canciller Abbas Araghchi lo denunciaron como un crimen contra civiles inocentes a plena luz del día.
Medios iraníes difundieron videos de la destrucción total del edificio, con gritos de auxilio y tareas de rescate entre los escombros.
El ataque forma parte de una operación militar a gran escala, definida por Israel como “preventiva” frente a presuntas amenazas misilísticas, nucleares y de inteligencia iraníes.
Entre los objetivos confirmados figuran instalaciones militares, bases de la Guardia Revolucionaria, complejos en Teherán y otras provincias. Fuentes israelíes aseguraron haber eliminado a altos mandos, incluido posiblemente el ministro de Defensa iraní y comandantes clave, aunque Irán afirmó que el líder supremo Alí Jamenei, el presidente Pezeshkian y las principales figuras de la Guardia Revolucionaria se encuentran “sanos y salvos”.
En respuesta, Irán lanzó oleadas de misiles y drones contra Israel y bases estadounidenses en la región, entre ellas en Bahréin, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Qatar, lo que activó alarmas antiaéreas en territorio israelí y derivó en la declaración de estado de emergencia.