Un detalle inquietante marcó la diferencia: el dueño de casa pidió especialmente que “tengan cuidado con el bananero”, justo al lado del sitio donde apareció la tumba.
El comportamiento extraño del sospechoso
Los testigos también describieron la actitud de Cristian Graf, hijo de la propietaria y excompañero de secundaria de Diego, apodado “El Jirafa” por su altura. Según el constructor, Graf observaba cada movimiento sentado en una silla frente a la obra.
“Lo noté inquieto. Daba vueltas cuando empezamos a excavar cerca del lugar donde estaban los huesos”, relató Medina Rodas. Los expertos del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) confirmaron luego que el entierro original estaba íntegramente dentro del terreno de la casa Graf.
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Los restos de los huesos encontrados en una casa en Coghlan. (Foto: gentileza Rodrigo Alegre)
Los objetos que revelaron la identidad de la víctima
Junto a los restos óseos aparecieron elementos clave: un reloj Casio con calculadora fabricado en 1982, un llavero naranja con una llave, un corbatín escolar, una moneda de 5 yenes y la suela de un calzado talle 41.
La familia de Diego Fernández reconoció estos objetos en los medios y se contactó con el EAAF. Un análisis genético confirmó lo que temían: los restos hallados en Congreso 3742 pertenecían a Diego, desaparecido en 1984.
El principal sospechoso y la hipótesis de la Fiscalía
Hoy, con 58 años, Cristian Graf es el principal sospechoso del caso. Aunque no era íntimo de Diego, compartían la pasión por las motos: Fernández tenía una y Graf solía arreglarlas.
La Fiscalía sostiene que Diego fue asesinado y enterrado en esa misma propiedad, a apenas 800 metros de donde un testigo lo vio por última vez con vida.
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Cristian Graf, el principal implicado por el crimen.
El fiscal Martín López Perrando pidió la indagatoria de Graf por encubrimiento agravado y sustracción de evidencias. El homicidio, por el paso del tiempo, habría prescripto, pero las pruebas apuntan a que intentó ocultar el crimen durante décadas.