El lunes por la mañana, alrededor de las 8, salió de su vivienda en Berazategui con un bolso grande donde llevaba el material para la presentación. Llegó cerca de las 9 a la Facultad de Arquitectura de la UNLP. Sin embargo, una vez allí manifestó que se sentía mal. Finalmente, le entregó el trabajo a un compañero y decidió retirarse.
A partir de ese momento comenzó un recorrido que llamó la atención de su familia. Luego de abandonar la facultad, Mariano se trasladó hasta Punta Lara, en el partido de Ensenada. Las imágenes de distintas cámaras de seguridad permitieron ubicarlo caminando por la zona de la Avenida Almirante Brown y posteriormente acercándose a una parada de la línea 275.
El dato sorprendió especialmente a sus padres porque, según contó Alicia, no era habitual que Mariano fuera hasta Punta Lara.
A las 14.35, una cámara de una ferretería registró al joven cuando subía a un colectivo. Fue entonces cuando le envió un mensaje a su hermano Lucas, de 19 años.
El mensaje que encendió las alarmas
De acuerdo con lo que contó Gustavo, el papá de Mariano, aquel fue el único mensaje que el joven mandó durante ese día. El contenido estaba relacionado con la computadora del estudiante. Mariano le indicó a su hermano cuál era la contraseña de la notebook y le explicó que se la dejaba por si en algún momento la necesitaba.
Para sus padres, ese mensaje resultó especialmente inquietante. Alicia interpretó que podía tratarse de una especie de despedida, aunque la familia todavía intenta entender por qué Mariano decidió enviar ese dato justo antes de continuar su recorrido.
Qué pasó después de Punta Lara
Los registros permitieron establecer que Mariano regresó hacia La Plata luego de estar en Punta Lara. Cerca de las 16 tomó una formación del Tren Roca con destino a Constitución.
Durante parte del viaje estuvo acompañado por un compañero de la facultad, que se bajó en Hudson. Mariano continuó solo.
La hipótesis de la familia es que, debido al cansancio acumulado durante el fin de semana, pudo haberse quedado dormido durante el trayecto. Su mamá explicó que no sería la primera vez que le ocurre: en otras oportunidades también se había dormido en el tren y le había pedido que lo llamara para despertarlo antes de llegar a Berazategui.
Por ese motivo, los familiares creen que pudo haber pasado de largo la estación donde debía bajar.
La preocupación comenzó esa misma noche
Durante la tarde, Gustavo intentó comunicarse con su hijo, pero no obtuvo respuesta. El mensaje había sido recibido, aunque Mariano no contestó. Tampoco respondió los llamados posteriores.
Al principio, sus padres pensaron que podía haberse quedado conversando con compañeros de la facultad. Sin embargo, con el correr de las horas y al comprobar que no regresaba a su casa, la preocupación aumentó.
Según explicó la familia, Mariano no acostumbraba ausentarse sin avisar. Incluso cuando se quedaba por alguna actividad, solía comunicarse con sus padres. Al revisar los registros de su teléfono, apareció la ubicación de Punta Lara, un lugar que no formaba parte de sus recorridos habituales.
Esa misma noche, sus familiares viajaron hasta Ensenada para intentar encontrarlo. La búsqueda se desarrolló en medio de la oscuridad y con mucha niebla, lo que dificultaba considerablemente la visibilidad. Alicia contó que llegaron a mirar hacia el agua y que, ante la angustia del momento, decidieron pedir asistencia al 911.
Mientras tanto, los investigadores continúan intentando reconstruir qué ocurrió después de que Mariano llegara a Constitución y cuáles fueron sus movimientos posteriores.
La hipótesis de sus padres
La familia considera que el enorme esfuerzo que Mariano realizó para completar su trabajo práctico pudo haber afectado su estado físico y emocional. Su mamá planteó como posibilidad que haya atravesado un episodio de estrés luego de pasar prácticamente todo el fin de semana sin dormir. Para la mujer, que el joven haya manifestado sentirse mal en la facultad y luego haya terminado en Punta Lara es un comportamiento que no pueden explicar.
Por ahora, las cámaras de seguridad, los registros de transporte y otros elementos de la investigación son claves para intentar determinar qué sucedió con él después de su paso por el tren.
Mariano tiene 21 años, pelo castaño, piel clara y ojos marrones. Sus familiares y amigos continúan difundiendo su fotografía para intentar obtener información que permita encontrarlo. Ante cualquier dato que pueda ayudar a establecer su paradero, se solicita comunicarse al 911.