Por otro lado, la mujer dijo que el diagnóstico de Pereg es parafrenia: “Un trastorno delirante crónico que consiste en un delirio generalizado”. Es irreversible.
“Es una psicosis que puede producir inimputabilidad. Con tratamiento de por vida puede estar estable, pero es un delirio irreversible. No es normal”, aseguró Rivas, según publicó Los Andes.
La mujer explicó que atiende al imputado en el Hospital Psiquiátrico El Sauce donde está alojado, y que se entrevista con él de lunes a viernes, entre una y dos horas diarias. “Tiene una estructura psicótica que puede alterar por momentos el juicio de la realidad”, agregó.
Las víctimas de Gil Pereg, el hombre gato.jpg
En este marco, recalcó que “si le tocan los núcleos delirantes, él puede responder de manera violenta”. Además, dio detalles de su infancia e indicó que “su desarrollo infantil no fue normal”.
Rivas relató que a los 8 años “estaba encerrado, solamente estudiaba y sólo confiaba en sus abuelos maternos y su mamá”, según el portal Mdzol, ya que “eran los únicos vínculos con los que se sentía protegido”.
“Luego, a los 12, él leía un libro y chequeaba varias veces para ver si había comprendido. Ya eran rasgos obsesivos, acompañados con una falta de integración social. Dice que dormía en la habitación de su mamá, y registraba a sus abuelos, pero no consideraba que tuviera hermanos”, se explayó.
El "Hombre gato" y el doble crimen de su madre y su tía
El doble crimen de las israelíes -su madre, Phyria Saroussy (63), y su tía, Lily Pereg (54)- fue descubierto el 26 de enero de 2019 cuando, luego de días de búsqueda por Mendoza e, incluso, Chile, los cuerpos fueron hallados enterrados en un predio propiedad de Pereg, ubicado en calle Julio Argentino Roca 6079, de Guaymallén.
La búsqueda de las mujeres se había iniciado el 12 de enero, cuando Pereg, un hombre de 1.90 metros de altura, cabeza rapada, que solía vestir remera y short y que se hacía llamar en el barrio "Nicolás", denunció ante la policía la desaparición de ambas, quienes habían ido a visitarlo a Mendoza.
Desde su detención, el israelí evidenció una extraña conducta: maullaba y actuaba como felino. En rigor, en la propiedad donde encontraron los cadáveres convivía con decenas de gatos. En la primera audiencia del juicio que se lleva en su contra, el "hombre gato" tuvo que ser desalojado de la sala porque no paró de "maullar"