En este marco, Belmonte recalcó: “Los abogados no nos habían anticipado nada para no crearnos falsas expectativas. El abogado me llamó llorando cuando estaba viajando a Rocha. Y cuando hablé con la genetista, Natalia Sandberg (encargada del Registro Nacional de Huellas Genéticas de la Dirección Nacional de Policía Científica del Ministerio del Interior) llorábamos las dos de la emoción”.
“Esto me cambió el semblante, me cambió la forma de dormir. Siento que ahora descanso en paz, Lola también porque es un ser de luz”, sostuvo, y añadió que en su casa tiene un altar con flores. “Otra cosa que me llamó la atención es que el jazminero de mi balcón floreció cuando ahora no es época”, argumentó.
Cuando le preguntaron cómo hizo para seguir creyendo en Dios después de semejante tragedia que le tocó vivir, y Adriana dijo: “O creía en Dios o me suicidaba. Muchas veces me quise ir de acá, le pedí a Dios que me ayudara”, respondió. Y finalizó, cuando le consultaron qué deseaba de ahora en más: “Que sigan acompañando a todas las familias que pasan por estas cosas”.