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POLÍTICA

Las 5 miradas optimistas y 5 pesimistas que conviven en la gestión de Alberto

Las 5 miradas optimistas y 5 pesimistas que conviven en la gestión de Alberto
Alberto Fernández, en dos versiones.

Aclaración inicial: la más optimista de las miradas es muy pesimista sobre el presente, aunque mantiene optimismo sobre el futuro. La más pesimista de las miradas sostiene que el final es inevitable y que el propio peso de la realidad nos conducirá a la catástrofe no por culpa de Alberto Fernández si no por la herencia recibida; eso sí, no necesariamente Alberto es el líder que se necesita para capear el temporal.

Segunda aclaración: no se trata en esta nota de juzgar el contenido de las políticas ni entrar en el debate de si las retenciones son buenas o malas, o si debieran tener un punto más o menos o si hubiera sido posible darles un bono más alto a los trabajadores. Sino que intenta contar cómo se vive desde adentro el desorden que implica arrancar una nueva gestión.

Las miradas pesimistas

  • 1. La pesada herencia

Gran parte del gabinete y las líneas medias insisten en que la herencia fue peor de lo que esperaban. No solo por el contenido de las políticas, sino porque el gobierno de Macri arrastró dificultades operativas en todas las áreas, que incluyeron problemas de gestión y humanos.

El relato se repite en distintos ministerios y dependencias: “La gente tenía miedo”; “Estos tipos no te saludaban”; “Estaban pensando más en sus carreras en el sector privado que en la gestión”; “Ponían al Estado a cuidar intereses privados”.

También, en algunos casos, hubo funcionarios enamorados de sus recetas sin evidencia empírica. Ponen por ejemplo, la suspensión de los vuelos regionales de Aeroparque que Guillermo Dietrich defendió hasta el final: “Los vuelos nacionales venían en picada y crecía el turismo receptivo. No había motivo para sostener esa decisión que obligaba a los que querían recorrer el país a hacer un trasbordo de Ezeiza a Aeroparque”, cuentan en el ministerio de Transporte.

  • 2. Falta de conocimiento entre los ministros

Alberto no hace reuniones de gabinete. Es un legado de Néstor Kirchner que creía en un esquema radial de toma de decisiones. ¿Sirven ese tipo de encuentros generales? En política todos reconocen que no sirven para mucho, pero la coordinación es fundamental para cualquier gestión de un “monstruo” como es un Estado nacional. Hay muchos ministros que no se conocen las caras.

Todos hablan entre sí por chat; algunos cara a cara. Pero muchas decisiones terminan dependiendo de la buena relación previa. Muchos compartieron espacios políticos, bancas de diputados… pero otros solo se vieron el día de la presentación y en la jura.

Y para colmo de males... "Hay gente que cree que se puede volver al Cristinismo...", se queja un funcionario que entró al gobierno pensando en que la cosa va a ser diferente. Todavía conserva la esperanza.

  • 3. Excesivo centralismo

Las decisiones finales en todas las instancias pasan por el Presidente y por su jefe de gabinete Santiago Cafiero. Y Alberto no es muy ordenado para manejar su agenda (nadie se anima a teorizar sobre Cafiero en ese punto…). Eso genera una parálisis en la gestión que podría ser peligrosa y que en muchos casos genera malestar entre los ministros y funcionarios.

Un ejemplo: hasta el sábado no se había prorrogado el presupuesto 2019, con lo que técnicamente la Argentina arrancó 2020 sin presupuesto. Eso podría demorar otras muchas decisiones administrativas.

  • 4. El loteo del gabinete

En (casi) todos los ministerios hay gente de Alberto, de Cristina y de Massa (obviamente en menor medida). Más abajo aparecen nombres de alfiles de gobernadores. Aunque en un principio se decía que no se usaría ese criterio, finalmente el loteo se terminó imponiendo.

Esto tiene dos problemas: dificultades de gestión con secretarios y subsecretarios que no responden a sus ministros; y que todavía no se lograron completar todos “los ravioles” (así le dicen al organigrama del Estado) y hay Direcciones Generales y hasta secretarías que no tienen dueño. Llenar los casilleros puede ser un trabajo de ingeniería política realmente complicado.

Cada vez hay más expedientes con la firma que dice "A cargo de...". En la jerga administrativa así suscriben los que no están formalmente designados.

  • 5. ¿Y esto cómo funciona?

“Una cosa es hablar al oído y otra es apretar los botones”, se reía un dirigente peronista cuando le mencionaban “la experiencia de Alberto en La Rosada”. Esto era cuando todavía el sueño de Alberto presidente parecía muy lejano.

Parte de la premonición se cumplió. A pesar de toda la experiencia anterior, hay quejas entre funcionarios de que Alberto no sale de su rol de (ex) jefe de gabinete. También ven a Santiago Cafiero como inexperto, al igual que a otros dirigentes del grupo Callao.

Nada que no se pueda aprender… el tema es que no les pase lo que le pasó a Aranguren.

Las miradas optimistas

  • 1. El eficiente rol de “los parches”

La palabra tiene una connotación negativa. Pero en una emergencia como la que vive la Argentina, esos parches pueden ser también un puente que permita transitar los problemas urgentes hasta que se encuentren las soluciones definitivas. Y mal que mal, los parches se pusieron y sin demasiado costo político hasta ahora.

• Los congelamientos (de tarifas, de jubilaciones…) son por períodos acotados hasta tanto se resuelva el problema mayor de la deuda, que descomprima el frente fiscal.

• El Presidente se reservó la lapicera en el primer mes para tomar las decisiones antipáticas y desindexar la economía.

• Cumplió con la promesa de ponerle plata en el bolsillo a los que menos tienen (aunque no hubo medidas para las clases medias). Habrá que ver si con montos tan bajos sirve para dinamizar la economía.

• Tomó medidas de desahogo de las pymes.

El único objetivo de todo esto es tener 180 días de oxígeno económico y político. "El gran logro es como están gestionando la economía. Están generando confianza adentro y afuera", analiza un funcionario que no es del riñón albertista.

2. El Gabinete económico

Como contracara de la desconexión entre los ministerios, apuntan que sí existe un incipiente buen trabajo de equipo en el gabinete económico (expresión que no corresponde al peronismo, sino al macrismo, aunque nos permitimos esa licencia poética).

Son reuniones de equipo que integran alternativamente Martín Guzmán, Matías Kulfas, Marcó del Pont, Miguel Pesce, Cecilia Todesca y Santiago Cafiero. Puede sumarse Alberto Fernández.

Pese a que ese gabinete económico está atomizado, todavía no hubo grandes desacuerdos y están bastante claras las áreas de cada uno.

Aparecen algunos problemas vinculados al loteo y a los cambios de estructuras: por ejemplo la Secretaría de Energía (hoy a cargo del ministerio de Producción) quedó en el edificio del Ministerio de Economía. Algo similar pasa con Vialidad Nacional y el ministerio de Obras públicas.

  • 3. El consenso explícito (y tácito)

Si la situación es tan dramática como algunos funcionarios pintan en off, significa que algo no se está diciendo públicamente. Y si no se dice es porque existe un acuerdo (probablemente tácito) para no exponer a la oposición. Esto podría hablar de un primer acuerdo político por lo bajo.

Por otro lado, las mesas de diálogo social dieron su fruto. Se logró sacar el bono sin mayores pataleos públicos de empresarios ni de sindicalistas.

También se pudo negociar bien el fin del IVA 0% con aumentos razonables (hay que ver si se cumple).

Y hasta las organizaciones del campo están conformes con el trato que les dispensa el ministro Luis Basterra, que siempre les contesta el celular.

  • 4. El abroquelamiento parlamentario

Para la gestión de crisis es mejor tener al Congreso del lado del Gobierno. Y el oficialismo logró mostrar cohesión en su primer mes de gestión.

Los números salieron medio justitos en lo que hace a la mega ley. Pero en el oficialismo parlamentario dicen que fue la primera experiencia -con una ley muy difícil- y que todavía no estaban aceitados todos los números de votos. Todo va a ir mejorando a medida que avance la gestión: por ejemplo en el Senado ya cuentan como casi propia a Clara Vega, una senadora peronista que entró por Juntos por el Cambio pero que ya está peleada con los radicales.

Un Congreso sin fisuras es clave para la gobernabilidad. Alberto (internas al margen) parece tenerlo.

  • 5. El trabajo silencioso

El aire que dan los parches sirve para que el cerebro de todo el (incipiente) plan económico del gobierno pueda trabajar tranquilo y por fuera de los flashes de los medios.

Se trata de Martín Guzmán, el hombre de New York que trajo Alberto Fernández para solucionar los problemas autóctonos. “La libido técnica está en el programa de salida del cronograma infernal del vencimiento de deuda”, dicen en el entorno del ministro.

La idea es poder cerrar un acuerdo con los acreedores privados y con el Fondo Monetario entre marzo y abril.

Guzmán trabaja día y noche para eso, fines de semana inclusive en presencial o en home office. Después de cada reunión exige que se hagan minutas. Delega las funciones vinculadas a Hacienda y focaliza en la cuestión financiera. Exhibe su red de contactos internacionales y mantiene constantes vínculos con el exterior, siempre por lo bajo y sin puestas en escena grandilocuentes.

No es casual que hace días que no se habla de cortocircuitos con Estados Unidos ni con Brasil.

“El desafío es llegar a marzo. Un segmento de la mega ley es para darle garantías al Fondo Monetario de que se va a pagar”, insisten en el ala política del Gobierno a la hora de elogiar a Guzmán. Los pergaminos, dicen, se ven en los números: los mercados hasta ahora le dieron respiro y los primeros índices fueron favorables al ministro incógnita.

por Pablo Winokur @pablowino
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