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POLÍTICA

Alberto y los peligros de encarar un año electoral sin un proyecto de poder propio

Alberto y los peligros de encarar un año electoral sin un proyecto de poder propio
Cuando estaba en su mejor momento, el Presidente no pudo, no supo o no quiso construir el "albertismo" (Foto: AFP).

A un intendente del conurbano le hubiera gustado que la realidad fuera otra. Se imaginaba siendo parte de un gran contrapeso del peronismo clásico contra las “intenciones hegemónicas de La Cámpora”. Sentía que los intendentes podían ser la fuerza de choque del nuevo albertismo y –con algo de suerte- terminaba él mismo como candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires. Solamente faltaba ver qué hacer con Kicillof, aunque para 2023 falta mucho.

Muchos barones se entusiasmaron por la relación directa que tenían con Alberto: ni Cafiero ni Wado hacían de pararrayos. Ellos y Alberto, un solo corazón. Pero el paso del tiempo les hizo ver la falta de réditos de ese buen vínculo. Esta semana, ese intendente apoyó la candidatura de Máximo Kirchner como jefe del peronismo bonaerense.

La escena se repite con distintos barones. “Quería acercarse, pero no le daban bola. No era negocio”, dicen cerca de uno de ellos. El albertismo (el no-albertismo) resultó muy mal pagador: hubo al menos dos intendentes que estuvieron a segundos de quedar en cargos importantes en el Estado nacional y que a último momento tuvieron que cancelar la misión. Al final, el único intendente premiado durante el año fue Jorge Ferraresi, de Avellaneda, que designado ministro de Vivienda: es el más ligado a Cristina Kirchner.

Hablando de estilo K, en Avellaneda ya es un secreto a voces que la mujer de Ferraresi, Magdalena Sierra, va a asumir como jefa de Gabinete de la municipalidad para tener control directo del intendente interino, Alejo Chornobroff. Renunciaría como diputada nacional.

Sin proyecto de poder albertista, a los intendentes no les queda otra que recostarse sobre Máximo Kirchner y su candidatura a presidente del PJ bonaerense. Días antes, Alberto les había prometido hacer lo posible para terminar con las PASO y ayudar a frenar el límite a las reelecciones que les permitirían a ellos seguir en el poder 4 años más. Pero nada de eso pasó y ahora apenas pueden hacer control de daños.

El tema es que La Cámpora y el kirchnerismo sí tienen un proyecto de poder. Y aspiran a hacer una gran renovación generacional en 2023. Si muchos de estos intendentes ya no tienen chances de reelegir, lo que les queda es tratar de hacer una elección digna en 2021 para que no se les complique el último tramo de su gestión. Recordatorio: si no tienen control de 13 concejales (es decir, la mitad más uno), se les complica la gobernabilidad. Y mantener una administración ordenada es la única garantía para poder intentar imponer un sucesor en 2023; ahí sí van a tener que enfrentarse al candidato que impulse la Cámpora.

La falta de proyecto de poder del Alberto también le generó una fractura en el frente sindical. Hace unos meses se había armado un gran encuentro de potenciales dirigentes leales. Pero Alberto salió a desactivarlo por los medios diciendo que el albertismo no existía y que en todo caso no le parecía mal que hubiera más espacios de pensamiento en el peronismo. Automáticamente se bajaron las principales figuras. “Si Alberto no quiere construir el albertismo, no podemos hacerlo por él”, fue la lapidaria frase de un importante líder sindical.

Una nueva preocupación llega a los sindicatos. Una frase de Cristina -en el marco de un Encuentro Nacional de Salud organizado por Nicolás Kreplak, el viceministro del área de Kicillof- encendió todas las alarmas. "Hay ir a un sistema nacional integrado de salud entre lo público, lo privado y las obras sociales que optimice los recursos", dijo en un video grabado. Kreplak aplaudió y remató: “Todos entendemos lo mismo. Esto que acabamos de escuchar es un mandato que probablemente nos lleve la vida. Tenemos que dedicar la vida a estar a la altura”.

Días después de esa frase, el Gobierno dictó una resolución autorizando aumentos en las prepagas. Duró unas horas y al rato la dieron de baja. ¿Quién dio la orden? ¿Fue Cristina? Las balas pican cerca de las empresas del sistema de salud y también de los sindicatos.

Todo se da en un momento en que otra vez el sistema sanitario va a ser puesto a prueba.

  • Los últimos días de diciembre, el rebrote en el AMBA quedó expuesto.
  • Se multiplicaron las manifestaciones, las fiestas y las reuniones de fin de año, especialmente en gente joven.
  • Esos mismos jóvenes se reunieron el 24 y el 31 con sus padres y abuelos, a los que probablemente hayan contagiado.
  • Esos mayores –de riesgo- que se infectaron en las fiestas recién van a dar positivo entre el 7 y el 15 de enero. Ahí (en el mejor de los casos) se va a ver el nuevo pico de esta segunda ola. Si el Gobierno no toma medidas, la suba va a seguir.
  • Al principio va a parecer que la mortalidad y las internaciones son bajas. Pero los contagios que salten hasta el 15 de enero recién se van a internar (y algunos morir) a fin de enero o principio de febrero.

Todos esos pacientes van a tener que ser recibidos por un sistema de salud privado y mixto que hoy se ataca desde el Gobierno.

Pero hay más. En su saludo de fin de año, Alberto recordó que uno de los objetivos de su gobierno es "que cada argentino tenga oportunidad de desarrollarse donde elija vivir y allí tenga la educación y la salud que necesite". La frase es simpática y federal. Si no fuera porque sus socios políticos lo plantean como una declaración de guerra a la “opulenta” Ciudad de Buenos Aires. Esto implicaría también sacarle recursos sanitarios a la Ciudad.

El Gobierno analiza distintas ideas para tratar de frenar el pico de contagios.

  • Aumentar controles e inspecciones.
  • Decretar un toque de queda (después de las 8 o las 10 o las 12).
  • Cerrar más las fronteras para limitar la llegada de la segunda cepa
  • Cambiar los protocolos en lugares cerrados especialmente en la Ciudad de Buenos Aires, donde están habilitados bares, salones de fiestas y hasta casinos.

“Los contagios que reportamos hoy son los que se infectaron hace 20 días. Por ahora no vamos a hacer nada. Hay que esperar a que pase la primera semana de enero a ver cómo evoluciona”, dice una fuente al tanto de las negociaciones entre los tres gobiernos. Saben que no hay mucho margen para que la gente acate ninguna medida gubernamental. Y lo peor que le puede pasar al poder es tener una rebelión ciudadana.

El rebrote amenaza la salud. Pero también amenaza las vacaciones, la recuperación económica y el orden social.

Alberto no pudo, no supo o no quiso construir su polo de poder cuando estaba en su mejor momento. Hoy, cada vez más solo, apenas puede aceptar las condiciones que le imponen los que tienen verdadera vocación de poder.

En ese contexto tiene que encarar la elección intermedia de su mandato. En agosto, las PASO; y en octubre, las generales. Si gana, va a ser gracias a los otros; si pierde va a ser su culpa. Se vienen tiempos cada vez más difíciles.

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por Pablo Winokur @pablowino
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