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La Jungla del Poder

Alberto Fernández, Cristina Kirchner y el inquietante rumor que pronostica un futuro cada vez más oscuro

La crisis de gobernabilidad es total. Nadie en el Gobierno sabe quién manda. Con el dólar tocando los 350 apenas se tomó alguna medida aislada. En el medio, una versión paraliza las decisiones de todos.
por Pablo Winokur | 22 de julio de 2022 - 23:17
Alberto Fernández, Cristina Kirchner y el inquietante rumor que pronostica un futuro cada vez más oscuro

Alberto Fernández y un futuro con sombras y dudas (Foto: Archivo)

El rumor está instalado: Alberto Fernández no llega a fin de año; probablemente tampoco a septiembre. Es solamente un rumor. Pero se basa en datos que lo hacen verosímil. Hay un presidente que ya no gobierna y una vicepresidenta que mira desde fuera cómo todo se derrumba. A veces llega a modo de pregunta: "¿Hasta cuándo dura?"; "¿Es cierto que quiso renunciar?"; "¿Renunció?". Circula en los pasillos gubernamentales, en el Congreso, en los medios y en ámbitos empresariales y sindicales. Cualquier video fake vuelve a encender la mecha. No importa solamente si es verdad o no: los actores del poder lo creen posible y eso basta para que la realidad se modifique.

Ya Cristina Kirchner lidera el Gobierno. Ya nadie puede tomar decisiones si ella no las avala. Y como Alberto tiene la “lapicera”, nadie quiere tomar decisiones porque hace falta apretar dos botones (y no uno) para tener el aval de cualquier medida de gestión; incluso la más chica. El Gobierno está paralizado. Nadie quiere hacer nada.

Un ejemplo claro se dio el fin de semana. Un sector del Gobierno quiso avanzar en medidas para incentivar al campo a liquidar exportaciones de granos. Otro sector planteó que habría que endurecer los controles y aplicar leyes de abastecimiento para el sector. Se deslizó que podría haber anuncios antes del lunes. Pero hasta el sábado por la noche, no había definiciones.

“Desde lo político hay mucha desmotivación, no hay línea, no sabes a quién respondés. No hay hitos, no hay nada”, ejemplifica un funcionario de Casa Rosada con despacho cercano al presidente. La resignación es evidente: “No podemos seguir un año con esta lógica”, agrega el funcionario.

El libro “La verdad sobrevalorada”, de Horacio Minotti, profundiza sobre "el rumor" en la construcción política: “El rumor juega un rol sustancial en el diálogo social. Informa y a la vez expresa emociones generales y cataliza especialmente en momentos de crisis o incertidumbre. Proporciona un modo de comprensión del mundo adecuado para sus receptores”.

El rumor instalado en los últimos días desconoce un problema fundamental: a nadie le conviene que Alberto se vaya y esa es quizás la principal fortaleza del Presidente.

  • Cristina sabe que no tiene consenso para asumir una presidencia con la imagen por el suelo. Tampoco puede tomar las medidas antipáticas que habría que tomar.
  • La oposición no está en condiciones de hacerse cargo de nada. Por eso estos días hubo un silencio total de los principales líderes.
  • Los empresarios saben que si se va Alberto, lo que viene puede ser mucho peor.
  • La CGT necesita de la continuidad de Alberto. Algunos incluso empezaron a tender puentes con el PRO; prefieren eso antes que volver a Cristina.

Alberto es terco, con lo bueno y con lo malo. No va a renunciar”, dice un hombre de su entorno íntimo. La única posibilidad de que se vaya es que alguien lo empuje. Cristina tampoco quiere eso. Se los dice a todos los que la visitan. Aunque su silencio no ayuda.

La contracara del rumor

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Alberto Fernández y Cristina Kirchner

El rumor por su sola existencia profundiza la crisis. A partir del rumor:

  • Los “mercados” pueden iniciar una corrida contra el peso, los bonos o lo que sea.
  • Juan Grabois puede salir a decir que va a haber saqueos sin que nadie le conteste
  • Aldo Rico puede pedirles a sus “camaradas” que se pongan en estado de reunión para “salvar a la Patria” sin que nadie haga nada.
  • Los empresarios no saben qué ventanilla tocar, aumentan precios y se cubren por las dudas.
  • La CGT organiza una marcha, pero nadie sabe bien para qué
  • Los movimientos sociales que apoyaban a Alberto tienen miedo de que en cualquier momento les suelte la mano y quedar desamparados a merced de una vicepresidenta que los odia.
  • Se lanza un formulario para sacar subsidios y aumentar tarifas, pero sin plazos de ejecución.
  • La portavoz presidencial anuncia que van a anunciar anuncios de medidas para frenar el dólar (pero al final no pasa nada).
  • Los gobernadores dejan plantada a la ministra de Economía y al Jefe de Gabinete, sin que nadie explique nada.

El Gobierno mira para otro lado

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El dólar tocó los $350, las reservas bajaron de los 40 mil millones de dólares, el dato de inflación de julio promete ser demoledor, hay un incipiente desabastecimiento, no hay precios para muchos productos... El Gobierno actúa como si nada de eso sucediera.

Mientras tanto, el Presidente estuvo de gira en una reunión del Mercosur. “En el norte vuelan balas y en el sur vuela el hambre, y eso no lo podemos seguir permitiendo”, planteó con poesía de trovador porteño, después de volver a maldecir los 4 años que le tocaron gobernar: primero la herencia macrista, después la pandemia, después la guerra de Ucrania “cuando ya nos estábamos recuperando”. Y que el mundo es desigual y que él sueña con un mundo más igual.

Parecería desconocer que los problemas argentinos son mucho más profundos que esas coyunturas que le tocaron a Alberto Fernández.

Y mientras tanto Guzmán...

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Reparos de los bonistas por la figura elegida para reemplazar al ministro Guzmán (Foto: cuenta de Twitter de Martín Guzmán)

Martín Guzmán está en la Argentina. No se tomó vacaciones desde que renunció al ministerio de Economía. Sigue la evolución del dólar. Le preocupa. Esperaba otra reacción en el Gobierno. Por eso se fue el fin de semana; para darle tiempo a Alberto de recomponer su equipo y anunciar medidas. Creía que Alberto tenía que tener un plan B. El plan no existió.

Guzmán sigue en reuniones, charla con sindicalistas, empresarios, gobernadores, dirigentes. Está pensando en un futuro político. No va a volver a Nueva York a dar clases como le decían desde el kirchnerismo cuando planteaba alguna medida dura.

Algunas trabas que sufrió durante su gestión se empiezan a ver claramente:

  • Él consideraba que había que dar señales para normalizar el tipo de cambio; el Banco Central sigue planteando aumentar los controles.
  • Los aumentos de tarifas -que iban a permitir bajar el déficit- están en pausa, por tiempo indeterminado.
  • El kirchnerismo plantea como medidas para las próximas horas una ley de abastecimiento, de emergencia alimentaria y emergencia económica.

“A mí siempre me pareció (y me parece) que tranquilizar la economía constituiría una verdadera épica”, escribió Guzmán en su carta de renuncia. Los hechos posteriores parecen haberle dado la razón en irse. Si hubiera autocríticas, todavía es demasiado temprano para hacerla.

Algunos funcionarios de Gobierno están intentando encontrar un relato. La crisis no es económica, sino fundamentalmente política. Por eso, intelectuales cercanos al Presidente creen que se puede unificar al Frente de Todos a partir de su confrontación con “la derecha que quiere un golpe de mercado”. Alberto, en las últimas horas, salió a batallar contra el campo.

“Hay que construir una épica, algo popular, ahora vamos por los mercados, sacar militancia de calle y pedir leyes que nos pongan en el centro, como el salario básico universal. Si después la oposición vota que no, se va a poder decir que fueron ellos los que no quisieron”, plantea uno de los que construye el discurso. En eso hay un puente entre el albertismo y el kirchnerismo.

¿Acuerdo con la oposición?

Esta semana trascendió que el Gobierno estaría explorando la posibilidad de un acuerdo político con la oposición. El rumor, en este caso, no es un rumor. que oficia muchas veces como puente entre Cristina Kirchner y Alberto Fernández.

La oposición, inmediatamente, salió a descartar cualquier tipo de entendimiento. En parte por especulación política. En parte porque el Gobierno tampoco dice exactamente para qué querría ese diálogo. Y por último, dicen que no pueden dialogar por "responsabilidad institucional". “Nosotros no podemos cometer la irresponsabilidad de dejar a la Argentina sin alternativa de un proyecto de país”, plantea -moderadamente- un halcón de Juntos por el Cambio.

La lógica es esta:

  • El Gobierno no tiene credibilidad para encarar soluciones para la crisis.
  • Cualquier medida que lance está condenada al fracaso.
  • Si la oposición aparece en una foto con el Gobierno, va a quedar atrapada en ese fracaso.
  • Deja de ser una opción de recambio para 2023.

Nunca de una crisis se puede salir con una continuidad. Le pasó a Cafiero con Alfonsín, a Duhalde con Menem, a Scioli con Cristina, a Macri con Macri…

Más allá de eso, cualquier diálogo político hoy en la Argentina no es más que un globo de ensayo. El diálogo tiene que partir de que los dos grandes líderes de los dos grandes espacios estén dispuestos a ceder en alguna de sus ideas. Hoy esa opción no existe.

¿Qué están dispuestos a ceder el Gobierno y el kirchnerismo? ¿Cuáles de sus ideas están dispuestos a resignar para lograr ese acuerdo?

  • El kirchnerismo podría empezar por reconocer los errores de su último mandato.
  • Que un hogar no puede pagar 3 dólares por mes en tarifas de luz y gas.
  • Que los controles al tipo de cambio no sirvieron y que no se puede seguir con una brecha del 170%.
  • Que el campo tiene un aporte que hacerle a la economía del país.
  • Que la emisión monetaria descontrolada genera inflación.

La oposición podría también reconocer sus errores

  • Que el endeudamiento que dejó fue irresponsable.
  • Dejar librado todo al mercado durante el Gobierno de Macri fue un riesgo excesivo.
  • Que el campo por sí mismo no alcanza para generar trabajo.
  • Que sin controles de precios no se resuelve la inflación, por más que se deje de emitir.
  • Que el Estado tiene que regular la economía, aunque sea en algunos sectores.

Y por último, ambos espacios tendrían que bancar la parada para algunos temas antipáticos. Si hay que aumentar tarifas, la oposición (sea cual fuere) tiene que abstenerse de criticar, por lo menos.

También debería haber alguna discusión sobre la situación judicial de los expresidentes. Otro tema antipático.

Pero nada de esto va a pasar porque ninguno de los líderes está dispuesto a sentarse con el otro.

Lo que viene va a ser indefectiblemente mucho peor. Eso no es un rumor.

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