El Gobierno sabe que si ordena un cierre total de actividades corre el riesgo de quedar envuelto en un vacío de autoridad, y de poder, con la consiguiente pérdida de legitimidad ante la sociedad.
En la Casa Rosada admiten en voz baja que de seguir la actual velocidad de contagios, "será muy difícil evitar el colapso sanitario" tan temido.
Alberto mandó ayer una carta al presidente ruso, Vladimir Putin. Lo felicitó por la vacuna que registró Rusia. Y de paso, puso una ficha para sumarse a la producción de esa vacuna cuando llegue.
Tras la carta a Putin, en medio de varias idas y venidas, desmentidas y confirmaciones, el Presidente anunció por la tarde desde Olivos que el laboratorio Astra Zeneca fabricará en Argentina la vacuna descubierta en conjunto con la Universidad de Oxford y que está en fase 3 de ensayos.
Se producirá en la Argentina, con financiación del Estado, para toda Latinoamérica. El Presidente aseguró que toda la región podrá acceder a la dosis "entre 6 y 12 meses antes".
La clave sigue siendo el AMBA pero se suman ahora los brotes desatados en casi todas las provincias, según admitió esta semana la secretaria de Acceso a la Salud, Carla Vizzotti.
En ese contexto, luego de una hermética reunión entre Larreta y Kicillof el miércoles en la sede del Gobierno porteño, Alberto recibirá a ambos esta tarde en la residencia de Olivos para terminar de definir la situación epidemiológica en el AMBA y cómo sigue la cuarentena cuando venza el actual DNU el próximo domingo 16.
El anuncio de la nueva cuarentena será con el mismo formato que los dos anteriores: El viernes después del mediodía en Olivos, con Fernández, Kicillof y Rodríguez Larreta apelando a la responsabilidad de la gente y anunciando que seguirán intentando controlar la ocupación de camas críticas de terapia intensiva para atender a la mayor cantidad de infectados.
La decisión de dejar de testear a todos los contactos estrechos o convivientes de casos confirmados, anunciada esta semana por Carla Vizzotti -la estratega del Ministerio de Salud-, tiene que ver con el colapso del sistema de testeos.
Por eso, la necesidad de dar a las provincias que tengan una disparada de casos como Buenos Aires, la agilización de medidas de aislamiento de casos sospechosos, sin ser confirmados como positivos, para detener la ola descontrolada de contagios.
En territorio bonaerense los laboratorios privados no dan abasto ante la cantidad de gente que pide testearse por tener síntomas, pero la foto de hoy se transformará en película recién en una o dos semanas más, es decir, a fines de agosto o principios de septiembre.
En CABA -señalan en Casa Rosada- la pandemia ya explotó y esperan que en dos semanas la curva empiece a bajar porque ya no habrá más que contagiar. Por eso, el riesgo del colapso es hoy. Pero en el conurbano bonaerense eso se verá un mes después, en septiembre.
Por eso, la preocupación de Axel Kicillof y su ministro y viceministro de Salud, que insisten en pedir restringir y cerrar todo para evitar el colapso.
La velocidad de la curva de contagios superando los 7000 casos diarios y las 400 muertes en un día, hace temer lo peor en el Gobierno. Por eso ahora apuestan a conseguir que en el país se prueben todas las vacunas que están en estudio en el mundo.