Pero el Gobierno ya piensa en el día después. El Presidente acordó con el ministro de Educación, Nicolás Trotta, su regreso a la agenda pública y el ministro -tras negar haber presentado su renuncia- adelantó que ya trabajan en una "nueva presencialidad administrada" para descomprimir el descontento generalizado hacia el Gobierno.
Pero en la Casa Rosada, admitieron a A24.com que las clases presenciales serán escalonadas en primaria (semana de por medio): sigue en duda la secundaria y el nivel universitario. Dependerá de que con las actuales restricciones, se logre sostener o aplanar -es decir, bajar la velocidad de aumento- de los nuevos contagios.
image.png
Alberto Fernández junto al gobernador de Santa Fe, Omar Perotti, que esta vez se mostró alineado a las restricciones a la circulación dictada por la Casa Rosada. (Foto: Presidencia)
Esta semana, consultada por A24.com, la ministra de Salud, Carla Vizzotti, no descartó la posibilidad de ampliar las restricciones y dijo que será el Presidente el que tome una decisión. Ya nadie descarta en La Rosada volver a un cierre total de actividades, en un tiempo muy limitado, con fecha de inicio y de salida.
En ese marco, Alberto Fernández pidió al gabinete económico que avance con nuevas medidas de ayuda económica y social, y esta semana anunciaron la ampliación de los Repro II a sectores afectados por los cierres como bares y restaurantes, cines y sectores de la cultura, deportes y espectáculos.
Pero además, la Casa Rosada volvió a tomar medidas económicas tendientes a endurecer los controles sobre precios y abastecimiento en materia de alimentos y restricciones a las exportaciones de carne y granos, considera esenciales para el consumo interno en un estado de crisis.
El temor a una crisis de abastecimiento y una explosión social volvió a rondar los pasillos del poder en esta semana de contagios exponenciales, que pusieron en duda la posibilidad de continuar con todas las actividades abiertas.
Las imágenes del Presidente recorriendo en La Matanza hospitales de guerra montados en camiones donados por el gobierno de China y atendidos por militares argentinos fueron parte del operativo con que el Gobierno salió a advertir a la población que las restricciones no medidas autoritarias, sino ante la necesidad de evitar un colapso del sistema sanitario.
Pero la curva exponencial de casos fue más rápido que la comunicación oficial, y a los casi 29.000 nuevos casos diarios y el nuevo récord de muertes por COVID-19 (557 el viernes) se sumaron los datos de que hospitales y clínicas del AMBA ya están saturadas; muchos pacientes con COVID tuvieron que esperar varias horas para poder recibir atención, muchos entubados en pasillos o ambulancias con demoras de más de 5 horas.
Así, medidas como la suspensión de cirugías programadas y la ampliación de camas de terapia intensiva, siguieron como anuncios espasmódicos del Ministerio de Salud que definió la situación como "el peor momento desde que empezó la pandemia en marzo de 2020".
La película que se vivió en 2020 en Europa y que el Gobierno argentino quiso evitar en el país, está, según advierten en la Casa Rosada, a un hilo de concretarse.
En ese marco, los datos contrapuestos que informa el Gobierno porteño que niega la saturación del sistema sanitario y habla de una baja de la pendiente de casos, puso a la grieta política en el centro de a escena. Era necesario acudir a la Corte Suprema de Justicia para poner orden a las peleas políticas en un año electoral?.
La única señal de convivencia pacífica en este juego de suma cero entre oficialismo y oposición, se vio el jueves en el Congreso cuando oficialismo y oposición acordaron posponer un mes las elecciones primarias y las generales, para septiembre y noviembre, respectivamente.
Pero la postergación del cronograma electoral, no parece haber surtido efecto cuando entre oficialismo y oposición encerraron a la sociedad durante toda la semana, en sus peleas judiciales y mediáticas, en una lucha por mostrar quién mejor administra la pandemia en lo que pareció la largada de la campaña electoral.
Pero quién va a votar a uno u a otro, cuando la preocupación diaria de los argentinos es saber qué hacer con la educación de sus hijos, o evitar que se enferme un familiar. Esta semana se vio un anticipo de lo que puede suceder: ni el que tiene la medicina prepaga más cara puede garantizarse un respirador para salvar su vida del COVID. ¿Alberto volverá a apretar el botón rojo solo, o lo apoyarán otros gobernadores? ¿Y la Corte?