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POLÍTICA

El desgaste de Alberto: pandemia, economía e internas en el Frente de Todos que erosionan su poder

El desgaste de Alberto: pandemia, economía e internas en el Frente de Todos que erosionan su poder
Alberto Fernández (Foto: AFP).

La sensación adentro del peronismo es que Alberto tiró la toalla. Lo dicen por lo bajo o públicamente funcionarios, intendentes, sindicalistas. También algunos empresarios. Tiró la toalla en su lucha interna contra Cristina; pero también en la batalla contra el coronavirus.

Al Presidente le quedó poco margen de acción. No tiene la autoridad para hacer cambiar de opinión a aliados ni adversarios; tampoco tiene la billetera, que en el peronismo es clave para aceitar las relaciones con los gobernadores. Y mucho menos tiene los votos: si gana las elecciones, va a ser gracias al kirchnerismo extremo. Si pierde, va a ser su culpa.

A la política no le interesa otra cosa: los números de la economía, de la pandemia, los problemas de la educación tras un año sin clases son temas menores; datos de su tablero de ajedrez que les permiten anticipar la próxima jugada. Vale para el oficialismo y la oposición.

Estaba claro que se venía una segunda ola de Covid-19 desde el velatorio de Maradona. Se le pedía al Gobierno que dé señales claras para que la gente dejara de juntarse porque si no, después de las fiestas, se iba a llegar a un nuevo pico. El Gobierno no hizo nada y el pico llegó. Faltan 6 días más de ascensos de casos, por lo menos. A partir del 15 van a empezar a subir fuertemente las muertes.

Durante toda la semana, Alberto amenazó con que tomaría medidas. Al final solamente hizo “recomendaciones”. El anuncio lo hizo el devaluado jefe de Gabinete, Santiago Cafiero. A su lado estaba Matías Lammens, ministro de Turismo, que reconoció: "No pensamos que íbamos a tener un aumento de casos tan temprano"; alcanzaba con mirar lo que pasó en las costas de Estados Unidos durante el verano para saber que era un posibilidad..

Matías Lammens, Santiago Cafiero y Carla Vizzotti (Foto: captura de TV).
Matías Lammens, Santiago Cafiero y Carla Vizzotti (Foto: captura de TV).

Y estaba también Carla Vizzotti, viceministra de Salud. No llegó nunca Ginés González García. Lo mandaron al laboratorio de AstraZeneca a revisar con una delegación mexicana la producción de la vacuna. La conferencia la dio Vizzotti; en la Rosada no querían que Ginés metiera la pata. Vizzotti es la que maneja los números de la pandemia y la vacunación.

Esta semana, otra vez, volvió a sonar fuerte adentro la idea de que Ginés iba a dejar su cargo. Pero él está enganchado trabajando con la vacuna y con el control de la pandemia. También tiene un ojo en la elección que se viene, como la mayor parte del Gabinete.

No es el único ministro que podría dejar su cargo en breve. Siguen en la lista (no en orden de mérito ni cronológico) Nicolás Trotta (Educación), Sabina Frederic (Seguridad) y Felipe Solá (Canciller). También hay ruido sobre Paula Español, secretaria de Comercio. Salvo ella, el resto pega sobre el corazón de Alberto y su proyecto político.

Trotta ahora quiere que empiecen las clases. El peronismo porteño, que lidera Víctor Santa María -jefe político de Nicolás Trotta- necesita que eso pase: sin clases, el oficialismo no tiene chance en la elección de este año. Especialmente en la Ciudad de Buenos Aires.

En el peronismo porteño no creen que Alberto vaya a entregar a Trotta. Dicen que el kirchnerismo lo odia, simplemente, porque es Alberto. Lo mismo que al resto de los mencionados. Trotta va a tener una parada difícil durante la primera parte del año. Necesita que empiecen las clases; los gremios docentes (públicos) ya avisaron que sin vacuna no vuelven. El principal enfrentamiento es con Ctera (el más cercano al kirchnerismo), que todavía le reprocha que no fue suficientemente duro con el gobierno porteño cuando Larreta habilitó la vuelta de las clases presenciales.

El conflicto de acá a marzo va a escalar todo lo que Alberto (y Cristina) lo permitan. Mientras tanto, Cafiero ya avisó que la vuelta a clases (presenciales) va a depender pura y exclusivamente de que bajen las fiestas clandestinas y los contagios. Como si el Gobierno no tuviera nada que aportar para que eso pase.

El fin de la moderación

Alberto también entregó otras cosas. La alianza política con Lavagna se resquebrajó; era un sello de la moderación de esta nueva etapa de peronismo. El propio Alberto salió a dinamitarla cuando criticó a los diputados que le responden: los acusó, en una entrevista en Radio 10, de ser “obstruccionistas” y de hacer “oposición por la oposición misma”. Algunos sectores del Frente de Todos le pasaban facturas por la falta de apoyo del lavagnismo en el Congreso.

Días después, dejó su cargo en el Banco Central el que fue el jefe de equipos técnicos de la candidatura del exministro, Carlos Hourbeigt. “Motiva mi renuncia la comprensión de las necesidades políticas del Gobierno de la Nación", escribió en su carta de despedida. Cuando le pidieron la renuncia, elogiaron su labor en el Banco Central y le aclararon que no tenía nada que ver con su gestión.

Del otro lado, un ministro sobresale en el elenco: Martín Guzmán -único apoyado por los tres líderes del Frente de Todos- ahora logró colocar una persona de su confianza en el directorio del Central. Otro exfuncionario de Guzmán va a ocupar una silla en el Consejo Económico y Social que Alberto lanzaría por decreto estos días. Alberto soñaba con Lavagna para ese lugar.

Alberto queda cada vez más expuesto. Cuando es el único que defiende a su gobierno; cuando tiene que defender a Boudou contra lo que escribió en su momento; cuando defiende sin entusiasmo una política agresiva contra el campo.

Por momentos parece el Alberto de 2008, cuando Cristina y Néstor lo mandaban a negociar –siendo Jefe de Gabinete- pero después le bajaban el pulgar a los acuerdos que él había logrado. Alberto se fue enojado y lo reemplazó Sergio Massa.

A Alberto le tocó otra vez negociar con el campo. No fue con la Mesa de Enlace, sino con el Consejo Agroindustrial Argentino. El ministro de Agricultura, Luis Basterra, acordó con los integrantes del Consejo: levantaría las restricciones a la exportación de maíz a cambio de “generar una comercialización fluida, considerando las necesidades de la demanda, el abastecimiento interno y los precios”. Pero para terminar de acordar falta el "ok" final de Cristina Kirchner, según ratifican tres fuentes al tanto de las negociaciones.

Querían el acuerdo para evitar el paro que empieza el lunes. Probablemente no lleguen a frenarlo.

Alberto, además, fue el único en defender a Victoria Donda por la denuncia de su empleada doméstica. La jefa del Inadi nunca pudo superar algunas diferencias con La Cámpora (en 2011 le gritaban “trola” al asumir). Hace unos días había participado del lanzamiento de “En Común”, un espacio del peronismo porteño encabezado por Nicolás Trotta e impulsado por Víctor Santa María.

En algunos gremios hay malestar fuerte. Creían que Alberto podía significar la vuelta del peronismo (clásico) al poder. Ahora muchos en la CGT tienen miedo de quedar licuados por Cristina. El que lo verbalizó fue Omar Maturano, jefe del gremio “La Fraternidad” (trenes). Fue en Radio Rivadavia, cuando le preguntaron si este gobierno era peronista. Dijo que no.

“Para mí este gobierno es un Frepasito, ni un Frepaso. Al que opina lo quieren callar. Esto es una coalición y así estamos... Mientras vayamos perdiendo el ADN nuestro (del peronismo), nos va a pasar lo que nos pasa ahora”.

-¿Lo votaría a Máximo? – le preguntaron.

-No. Una persona que nunca trabajó, cómo puede discutir la jubilación de un viejo de 94 años…

Así empieza el año electoral…

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por Pablo Winokur @pablowino
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