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La otra elección: ¿con qué Congreso va a tener que trabajar el próximo presidente?

Pablo Winokur
por Pablo Winokur |
La otra elección: ¿con qué Congreso va a tener que trabajar el próximo presidente?

El 27 de octubre se elige presidente. Pero además se eligen diputados y senadores; en esa no hay segunda vuelta. Ese día queda conformado un Congreso con el que va a tener que gobernar el próximo presidente y sin posibilidad de cambios… o casi, teniendo en cuenta los antecedentes de Borocotó, Pichetto, Pino Solanas, Victoria Donda, Facundo Moyano, Felipe Solá y siguen las firmas…

El Congreso es clave para que el próximo presidente pueda encarar las reformas que considere necesarias para ejecutar su programa de gobierno. También funciona como una herramienta de gobernabilidad, no vaya a ser que a alguno le pase lo que le pasó a Dilma Rousseff en Brasil: ganó su reelección de la mano de una coalición que terminó aprobándole un juicio político con fundamentos dudosos solo para sacarla del poder. Tanto Alberto como Macri son parte de coaliciones inestables.

En los pasillos del Congreso reina cierta incertidumbre sobre lo que puede suceder después del 10 de diciembre de 2019, porque se abre un escenario que no había ocurrido hasta ahora nunca en la historia moderna de la democracia. De hecho, se está frente a un esquema más parecido al de 1916, previo a la llegada al poder del radicalismo, primer partido de masas de la Argentina. Buena parte de los legisladores que están o que pueden asumir pueden tener identidades cruzadas y es muy difícil etiquetarlos automáticamente en un lado u otro.

Existen operadores que trabajan para todos los espacios políticos, que ya están pensando en ese 10 de diciembre, preparando el terreno para lo que se viene. 2020 va a ser el año parlamentario más complejo en 100 años pase lo que pase. Ningún presidente, sea quien sea el ganador, va a contar con mayoría propia. Y tanto Alberto como Macri van a tener que negociar su gobernabilidad con los gobernadores y/o con espacios políticos que hoy están en la vereda de enfrente. Algunas claves para entender el Congreso que viene.

La polarización. En diputados Juntos por el Cambio y el Frente de Todos suman bloques de 110 legisladores cada uno (110 y 107 respectivamente nos da pero son números aproximados, porque es imposible calcular las alineaciones hoy dentro del peronismo). El Frente de Todos (la suma del Frente para la Victoria, Frente Renovador y algunos peronistas que ya dieron el salto) pone en juego unas 64 bancas. Juntos para el Cambio pone en juego unas 48 que también va a mantener sin problemas; se recuerda que en 2015 Cambiemos había sacado el 33% en las generales, número que probablemente supere.

Los partidos provinciales y el peronismo tienen en total unas 40 bancas y ponen en juego la mitad. Van a ser la llave del próximo Congreso.

El Interbloque Cambiemos. En conjunto deberían crecer en la próxima elección. No solo porque, según las encuestas, va a sacar más votos que en 2015 sino también porque el sistema electoral da (desproporcionadamente) más diputados cuánto más votos sacas. Una cuestión matemática. Habrá que ver qué suma la incorporación de Miguel Pichetto. En el Senado ya le aportó cuatro senadores, aunque dos (uno de ellos el propio Pichetto) vencen su mandato ahora. Como sea, seguramente los interbloques de Cambiemos van a pasar a llamarse “Juntos por el Cambio”... siempre que ganen la elección.

El bloque de Frente de Todos. Hoy no existe, y en el peronismo cada uno sigue por la suya. No tiene sentido para los actores adelantar para este año movimientos en un Congreso sin funcionamiento; conviene posponer las decisiones lo más posible. Sumando a todos los nuevos aliados el bloque kirchnerista podría tener hoy hasta 107 diputados, de los cuales 64 vencen su mandato. Difícil que pueda mejorar su presencia en Diputados. Y hay que ver cuántos de esos 107 quieren mantenerse en el mismo bloque.

En el Senado probablemente el espacio K recupere fuerte presencia, porque Cristina armó las listas para fortalecerse ahí, incluso resignando diputados; el Senado es su refugio si gana o si pierde.

El peronismo “Federal”, la llave de las negociaciones. Fueron los más golpeados por el desarme de Alternativa Federal, la mesa que agrupaba a Massa, Pichetto, Urtubey y Schiaretti. En muchos casos decidieron jugar abiertamente con Alberto. Otros apoyan la candidatura de Lavagna y Urtubey. Hay algunos que acompañan la aventura (exótica) de Pichetto.

La gran pregunta es qué va a pasar después. ¿Los legisladores de los gobernadores, se van a sumar a un gran bloque del Frente de Todos? Hasta ahora la idea es mantener independencia después del 10 de diciembre, según confirman a A24.com fuentes del espacio. Quieren tener un bloque fuerte que les permita negociar mejor frente al próximo gobierno.

Eso es lo que conversó, por ejemplo, el gobernador de Entre Ríos, Gustavo Bordet, con Alberto Fernández. Negoció unificar las listas pero mantener esa independencia. Es un win-win.

A todos les conviene que los gobernadores mantengan cierta independencia. A los gobernadores para poder tener mejores cartas de negociación. A Alberto, para tener un plan B en su potencial interna con el kirchnerismo duro. En esta situación están los diputados de La Pampa, Entre Ríos, Tucumán, Chaco, Córdoba y Salta. Podrían sumarse San Juan y La Rioja

Una situación similar se vive en el Senado, aunque en ese caso el bloque peronista es más independiente. Ojo, perdió recientemente a su líder, Pichetto, que era el que los aglutinaba a todos.

Todos estos legisladores valen poco en un bloque grande pero pueden valer mucho en rancho aparte. “Ese lugar da un espacio de negociación que no hubieras tenido en un bloque mayor, le podés mostrar a tu gobernador fidelidad y a los gobernadores les sirve”, explican desde ese espacio a los que dudan.

En diputados, los de Alternativa Federal hoy cuentan entre 33 y 36. Creen que pueden hacer crecer el número.

Frente de Todos Bis. La gran pregunta es qué puede dar el kirchnerismo para contrarrestar esa voluntad rupturista. Alberto ya anda ofreciendo cargos. Hace unos días se juntó con un exgobernador y prometió lugares en gabinete. ¿Qué les va a dar el kirchnerismo a los gobernadores y a los caudillos provinciales para intentar sumarlos orgánicamente y comprometerlos con el nuevo proyecto?

Massismo. Massa es otro actor clave. Tiene un bloque chiquito de alrededor de 11 diputados pero compacto. Pone en juego 9 bancas y perdió en los últimos tiempos algunas piezas que difícilmente recupere. Los diputados massistas están en conversaciones con el bloque de los gobernadores y muchos quieren incorporarse ahí después del 10 de diciembre; quieren mantener independencia. Claro, si Massa es presidente de la Cámara de Diputados difícilmente pueda mantener un bloque propio. La pregunta es si el kirchnerismo cumplirá o no esa promesa.

El radicalismo. Si Macri sigue en el poder, el radicalismo no va a tener mayores inconvenientes. Va a seguir siendo la cabeza del bloque parlamentario de Cambiemos, o Juntos por el Cambio. La gran duda es qué pasa si pierde Macri. Difícilmente esas alineaciones se puedan mantener tal como hasta ahora. ¿En qué medida podría colaborar la UCR con Alberto Fernández? ¿Qué puede pasar con los gobernadores radicales? Si Alberto convoca a un gran acuerdo nacional (una de sus promesas de campaña), ¿podría incluir al radicalismo?

El pro-peronismo. Son un grupo de dirigentes que sostiene dentro del PRO su pertenencia partidaria. Pero hay dudas sobre qué pueden hacer si el PRO pasa a ser opositor. El mayor exponente de esta corriente va a ser en diputados Sebastián García de Luca, hoy viceministro del interior. Va a hacer lo que le diga Monzó, que prometió dedicarse a la consultoría política después del 10 de diciembre, si no le dan la embajada de España. Parece difícil, reconocen en su entorno, que Monzó vaya a dejar tan livianamente la política diaria.

Los partidos provinciales. “Están mandando a Rappi y a Glovo con boletas de todos los candidatos a presidente para favorecer el corte y garantizar sus bancas”, explica un hombre de diálogo permanente con estos espacios. Son el Movimiento Popular Neuquino, el renovador de Misiones, el Frente Cívico de Santiago e incluso el peronismo puntano, que tiene su juego propio. Estos diputados y senadores van a cotizar más alto que nunca. Tomamos para el análisis como partidos provinciales algunos que son de matriz peronista pero en la práctica funcionan como vecinales. Suman 19 hoy y ponen en juego 10. Si logran el corte de boleta, pueden retenerlos.

El Congreso va a ser un lugar fundamental en los próximos años. ¿Para que lado va a jugar, por ejemplo, un diputado del partido local de extracción peronista de Misiones? Quizás este diputado fue radical toda su vida, militó para el kirchnerismo durante 12 años y le votó todo a Macri. Identidades cada vez más líquidas que hacen difícil prever una respuesta.