20 años

Los inesperados efectos políticos de la tragedia de Cromañón y por qué cambió la historia argentina para siempre.

Al margen de las consecuencias sociales que trajo la tragedia, la política también se vio sacudida. Un jefe de Gobierno destituido y el escenario político que permitió el ascenso de Mauricio Macri al poder.

Pablo Winokur
por Pablo Winokur |
Aníbal Ibarra

Aníbal Ibarra, destituído por Cromañón

La tragedia de Cromañón no solo impactó a la sociedad por la crudeza de las imágenes y cambió muchos hábitos de la vida cotidiana, sino que además modificó la estructura política de la Argentina y algunas decisiones que años después tomarían muchos dirigentes.

La destitución de Aníbal Ibarra como jefe de Gobierno, sería el puntapié inicial para el vertiginoso ascenso del PRO en la política local (y luego nacional), y además cambió sustancialmente la manera en que los líderes políticos armaron las listas de legisladores: un mal bloque oficialista puede ser el detonante de un juicio político.

Pero repasemos por partes.

Cromañón y la destitución de Ibarra

La tragedia de Cromañón tuvo muchos responsables. Aníbal Ibarra era el jefe de Gobierno, y había asumido su segundo mandato apenas 1 año antes. Su reelección fue gracias a un complejo entramado político que sería el caldo de cultivo para su propia destitución.

Ibarra fue investigado por la Justicia por la falta de controles a los boliches (lo absolvió) y la Legislatura porteña inció un proceso de juicio político. En ese caso -como siempre pasa con los juicios políticos- no hay una valoración real de su culpabilidad o no sino que la evaluación es 100% política. Si el dirigente acusado tiene los votos para defenderse, no importan las pruebas que se presenten a favor o en contra; seguirá en su cargo. Si no tiene los votos, sonó.

Ibarra no fue culpable en los hechos (al menos no para la Justicia). Pero la política (y quizás la sociedad) necesitaba un responsable. Y pagó.

Ascenso y caída de Ibarra

La Legislatura que juzgo a Ibarra fue conformada en 2003 en una elección completamente atípica. En tiempos de desdoblamiento vale recordar cómo fue.

Hacía un año y medio había detonado el sistema de partidos con la crisis de 2001. El peronismo se partió en 3, y de un lado quedó el menemismo y el otro el duhaldismo (además de Rodríguez Saá). Duhalde pactó con Kirchner y ganó la elección en mayo de 2003.

El nuevo presidente empezó a armar políticamente y a diseñar alianzas para no quedar tan preso de Duhalde. En la elección de Jefe de Gobierno porteño se empezó a ver la primera grieta. Duhalde apoyó a Mauricio Macri, empresario y presidente de Boca que quería dar sus primeros pasos en política; Kirchner apoyó a Aníbal Ibarra.

El jefe de Gobierno había asumido en el año 2000 de la mano de la Alianza con su partido el Frepaso. La crisis de 2001 se llevó puesta esa coalición e Ibarra empezó a cerrar acuerdos con dirigentes sueltos para poder quedarse en la Ciudad: Kirchner, Carrió, la CTA, la Ucede, entre otros apoyaron su candidatura.

Tal es así que Ibarra cedió lugares en las listas legislativas a medio mundo con tal de que lo apoyen. Además, hubo 4 listas que apoyaron su candidatura.

El descontrol era tal que el “Partido de la Ciudad” (que no figuraba en ninguna encuesta) terminó metiendo un diputado nacional y un par de legisladores; por ser una boleta con número bajo de lista era la que más cerca estaba de la puerta del cuarto oscuro.

Macri ganó esa elección por poco y se quedó con la mayoría de los legisladores. Ibarra quedó un poco más abajo pero la dio vuelta en el balotaje.

El tema es que cedió tanto en el armado de listas que después se quedó solo en la Legislatura. Ante la crisis de Cromañón, no tuvo quién lo defendiera.

El inicio del juicio político en la Legislatura fue con el voto de 30 legisladores a favor; 7 en contra y 6 abstenciones. Ahí se lo suspendió en su cargo y asumió -interinamente- Jorge Telerman.

En la sala juzgadora el 7 de marzo de 2006 se decidió destituirlo: 10 a favor, 4 en contra y una abstención. Incluso legisladores kirchneristas apoyaron su destitución.

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Macri, ¿hijo de Cromañón?

Los que motorizaron la embestida contra Ibarra fueron quienes en ese momento estaban en la oposición porteña. Los diputados de Compromiso por el Cambio y Juntos por Buenos Aires, los dos sellos que apoyaban a Macri, y que serían el semillero del PRO.

Telerman siguió al frente del Gobierno, pero sin el peso que tenía Aníbal Ibarra. La siguiente elección Telerman salió tercero y en la polarización con el kirchnerismo (en ese momento encabezado por Daniel Filmus), Macri llegó a la Jefatura de Gobierno. El resto es historia conocida.

Queda la duda: ¿hubiera llegado Macri al poder porteño sin la tragedia de Cromañón? ¿Hubiera sido Presidente sin ese paso previo por la Jefatura de Gobierno?

La segunda consecuencia política que tuvo Cromañón es que la dirigencia aprendió (por lo menos en aquel momento) que no servían los rejuntes para ganar elecciones. Era importante además de ganar un cargo ejecutivo tener un cuerpo sólido de legisladores, diputados, senadores, que acompañara a la gestión. Por lo menos 1/3 para aguantar los trapos ante un juicio político. El PRO fue el que mejor lo entendió, por eso siempre desde entonces se encargó de mantener la pureza en sus listas.

Incluso a la hora de elegir a sus vices, Macri siempre priorizó a alguien de su propio riñón y no a un aliado circunstancial; fue el único presidente desde la vuelta de la democracia que no tuvo problemas con su vicepresidente.

Fue una lección que había quedado aprendida al menos hasta ahora. Cuando por primera vez asumió un presidente sin base de sustentación política propia.

Es contrafáctico intentar predecir qué hubiera pasado en la historia argentina sin la tragedia de Cromañón. Lo que es incontrastable es que marcó un antes y un después en la política argentina.

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