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A Macri se le acorta el tiempo para agarrar la curva

Pablo Winokur
por Pablo Winokur |
A Macri se le acorta el tiempo para agarrar la curva

Si la economía se estabiliza, el dólar queda relativamente quieto, la inflación va a la baja y Cristina es candidata, Macri tiene su reelección (casi) asegurada. El problema es que a días de empezar marzo ninguno de esos presupuestos parece estar cumpliéndose.

Con un agravante. En la medida que esos presupuestos no se cumplan, Macri no solo se alejará de la posibilidad de reelección sino que además puede empezar a ver licuarse su poder sustentado en gran parte por la posibilidad de reelección; lo que agravaría todavía más la situación económica.

Esta inestabilidad alimenta la grieta al interior de Cambiemos. El radicalismo está harto de ir detrás de las decisiones del PRO, con el que no comparte ni su ideología económica ni su forma de hacer política. Aunque (casi) ninguno lo va a decir con todas las letras, están más cerca del peronismo federal que del macrismo en cuanto a las recetas.

Pero el partido no se puede dar el lujo de no respaldar (otra vez) a su gobierno. Claro que a medida que Macri no encuentra resultados -y que se achica el tiempo para encontrarlos- empiezan a aparecer cada vez más voces críticas. Pedidos de apertura, de cambio de rumbo, de internas…

La UCR se entusiasma con tener su propio candidato presidencial. Saben que difícilmente llegue, pero necesitan una herramienta de presión para mejorar su lugar en la coalición. Se ilusionan con imponer a Lousteau para competir contra Macri. Otro no tienen. El quiere, aunque duda de hacerlo por dentro de Cambiemos.

Por las dudas, se subió al avión presidencial de Macri en la gira por Asia. Y en el medio del viaje, salió a criticarlo y a decir que una PASO fortalecería a Cambiemos. En el mismo sentido salió a hablar Ramón Mestre (precandidato a intendente de Córdoba), la Convención radical (dominada por el sector “anti-cambiemos” del partido) y hasta el propio Ernesto Sanz, uno de los fundadores del espacio. Demasiada coordinación en una semana.

¿Ni un paso atrás?

Este movimiento también es percibido por el comando de campaña del PRO, que lidera Marcos Peña. La derrota el domingo pasado en las internas de La Pampa del popular Carlos Mac Allister (candidato de Macri) a manos de un radical desconocido a nivel nacional pegó fuerte en la interna oficialista.

Rápido de reflejos, por primera vez en su historia el PRO aceptó ceder espacios. Bajó a su candidato a gobernador en Santa Fe y bancó al radical José Corral; mandó a Rogelio Frigerio a cerrar un acuerdo en su Entre Ríos natal. Además dejó de presionar por la interna en Córdoba (el candidato del PRO es el radical Mario Negri) y anunció que Cristian Ritondo es su primer candidato a diputado bonaerense.

Se vio ahí un doble mensaje. Por un lado, se apura a anunciarle al mundo que el reemplazante de Emilio Monzó es un hombre de la política de origen peronista; por el otro, queda descartado Ritondo como candidato a vice de Vidal, un viejo sueño del ala dura del PRO. Indirectamente esto es un guiño a que el radical Daniel Salvador vaya por la reelección como vicegobernador de la Provincia de Buenos Aires.

La estrategia de la polarización tiene sentido con una gestión encaminada. A pesar de la terrible crisis económica Macri mantiene un 30% de intención de voto. Cristina también mantiene un 30%.

En la mayoría del 40% de los que no están de uno u otro lado, según los números que maneja el PRO, los sentimientos hacia Macri son de "decepción" mientras que hacia Cristina se percibe "enojo". Es más fácil revertir el primer sentimiento que el segundo.

Pero esto es posible siempre y cuando la economía estabilizada; y con Cristina en el escenario, algo que por ahora no confirma. Sin la economía encarrilada Macri tendría dificultades incluso para sostener su 30% propio.

Economía sin recetas

La segunda semana de febrero se conoció que la inflación de enero era 0,4% más que lo previsto por los consultores privados y que quedó en 2,9%; el Presidente días antes había dicho que estaba bajando. Ahora los privados esperan un piso de 3,3% en febrero y no hay grandes signos de mejora.

El índice rápidamente impactó en el dólar que volvió a superar los $40 y el Banco Central tuvo que volver a subir las tasas de interés. El Gobierno se niega a implementar una política complementaria para frenar la inflación, como controles o acuerdos de precios.

Lo dijo Macri en su entrevista con La Nación: “Por más terror que haya, no ha funcionado en ninguna parte del mundo. Sirve tener un mercado competitivo de precios y tener un Estado que no genere este nivel de desorden que ha generado en la Argentina en las últimas décadas”.

El gobierno ató su suerte a la estabilidad de los mercados. No tiene plan de desarrollo, ni política de crecimiento o de contención del empleo. La política económica está librada al azar.

Mientras tanto la oposición sigue leyendo la política en clave antigua. El kirchnerismo le habla a los propios; el resto del peronismo no logra unificar un mensaje. ¿Podría alterar esa inercia un lanzamiento de Lavagna? La foto con Massa es una buena señal.

Por ahora el escenario es el peor: una oposición que no sabe cómo ganar elecciones y un gobierno que no sabe qué hacer con la economía.

Pablo Goldín, director de la consultora Macroview fundada por Carlos Melconian, sostuvo estos días: “Si en junio la inflación no es menos del 2% hay que cambiar el programa”.

El problema es que si eso pasa, ya el Gobierno no tendrá poder político para proponer otra cosa.