Desde que asumió como el primer presidente libertario de la historia argentina, Javier Milei impuso su propia lógica política: redoblar la apuesta y contraatacar, ante cada derrota parlamentaria, y esta semana no fue la excepción.
¿Podrá Milei convertir la derrota parlamentaria en victoria electoral en medio de un clima de conflictividad social creciente? La denuncia de golpe institucional como eje de la campaña oficialista para las elecciones de octubre.
Desde que asumió como el primer presidente libertario de la historia argentina, Javier Milei impuso su propia lógica política: redoblar la apuesta y contraatacar, ante cada derrota parlamentaria, y esta semana no fue la excepción.
El mensaje del presidente, después de que el Senado aprobara 4 leyes que rompen su superávit fiscal: aumento de jubilaciones, moratoria previsional, emergencia en Discapacidad y aumento de transferencias ATN a las provincias, fue directo y desafiante: “Sigan jodiendo, los espero en octubre”.
Inmediatamente después de un discurso en la Bolsa de Comercio en el que acusó de golpista a su vicepresidenta, Victoria Villarruel junto al kirchnerismo y a los gobernadores aliados, por apoyar las leyes que anunció que vetará, la Casa Rosada preparó otro eje discursivo que marca la estrategia de acá a las elecciones de octubre:
“Si el plan económico no funciona, los responsables serán los gobernadores y la oposición, que quiere destruir al gobierno rompiendo la base del plan económico”. Algo de eso salió a explicar el ministro de Economía, Luis Caputo, al refutar los titulares periodísticos que hablan de derrota del gobierno y, por el contrario, dijo que la votación del Senado: “fue lo mejor que pudo haber pasado”.
Caputo hablaba del ya conocido “principio de revelación” del que tanto hizo uso Milei en el primer año de gobierno, para mostrar que sigue siendo un outsider y lucha contra “la casta”. El mismo caballito de batalla electoral.
“El equilibrio fiscal no se negocia”, retuiteó el viernes Milei en su cuenta en X, siguiendo con la línea discursiva, mientras -como siempre- el jefe de Gabinete, Guillermo Francos, salía a bajar los decibeles para que no se rompa todo con la vicepesidenta y los gobernadores.
Se trató de un nuevo capítulo del juego político que más le gusta jugar al gobierno de Milei para imponer sus condiciones en las negociaciones y no quedar debilitado ante la derrota parlamentaria: el del comisario bueno y el comisario malo.
TMAP. Todo Marcha Acorde al Plan, sigue siendo el mantra del entorno de Milei, cada vez que el Congreso avanza con proyectos contrarios al plan económico del Gobierno, redobla la confrontación para sostener el objetivo de polarizar con el “enemigo” que identifica con el kirchnerismo y sus eventuales “aliados”.
Pero ahora suma también a Villarruel y a los gobernadores aliados que se animan a cuestionar el plan: “Es libertad o la casta”, lanzó Milei.
Justamente esa será la nueva estrategia electoral para intentar conseguir su propia mayoría parlamentaria en octubre y avanzar en 2026 con las reformas de fondo pendientes que hasta aquí no consiguieron consenso y que Milei necesita plebiscitar: reforma laboral, previsional y tributaria.
El Presidente intensificó su confrontación con el kirchnerismo y esta vez, a la ya conocida pelea con la vicepresidenta Villarruel, decidió abrir otro frente con los gobernadores aliados, a quienes acusa de colaborar con un “golpe institucional” por sus propios intereses de manterse en el poder.
“Los Gobernadores piden más plata para ganar las elecciones”, dicen en la Casa Rosada.
No es la primera vez que Milei salió a denunciar intento de desestabilizarlo. Con en ese argumento, consiguió apoyo para blindar el veto presidencial el año pasado con los “87 héroes” de diputados aliados que sostuvieron el veto a las leyes de movilidad jubilatoria y de financiamiento universitario impulsados por la oposición kirchnerista y aliados radicales, socialistas y de izquierda.
En su estrategia de polarización permanente, Milei busca construir un relato de victimización frente a la “casta” que, conspira para impedir las reformas del gobierno.
Por eso, Milei respondió con la amenaza de vetar todas las leyes que impliquen aumentos de gasto y de no conseguir apoyo de Diputados aliados, como última instancia, cuestionará la legalidad de la sesión del Senado.
El objetivo: generar un choque de poderes entre el Ejecutivo y el Legislativo, que se termine definiendo con la intervención de la Corte Suprema de Justicia.
El detonante de la nueva crisis entre Milei y la Vicepresidenta fue la sesión en la que el Senado aprobó proyectos que comprometen recursos fiscales.
Mientras, Milei advertía que vetaría toda iniciativa que implique gasto adicional, acusó a Villarruel de habilitar el tratamiento en el recinto. Para la Casa Rosada fue un gesto de “traición”.
A las críticas del propio Milei y de la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, se sumó el filósofo libertario y presidente de la Fundación Faro y escuela de adoctrinamiento libertario. Agustín Laje, sintetizó el sentimiento que predomina en el círculo más cercano al Presidente contra Villarruel: “Desde la campaña se portó muy mal, cuando hacía sus propios logos, sus propias caminatas, sus propias banderas. Yo hice las paces con ella, pero lo de ayer fue demasiado. Darle la razón a (el senador kirchnerista, José) Mayans fue demasiado. Políticamente, no tiene más nada para hacer”.
Las palabras de Laje representan al entorno más cercano al presidente, que considera que Villarruel ya no es parte confiable del poder libertario y como dice Milei: “Roma no paga traidores”.
Todo se da en medio de las tensiones por el armado de listas electorales. Aunque Villarruel jura y asegura no estar pensando en competir ni lanzar su propio partido, la hermana del presidente, Karina Milei, sospecha de eso.
Lejos de confrontar con insultos, Villarruel volvió a responder en redes sociales con un argumento irónico e institucional. Recordó que su tarea, como presidenta del Senado, es garantizar el funcionamiento democrático del cuerpo y que su rol no consiste en bloquear la voluntad parlamentaria.
En otra muestra de independencia, la Vice dejó entrever que su autoridad emana de la Constitución y no de una subordinación automática de Milei ni de nadie de la Casa Rosada.
Desde su entorno, defendieron la decisión de habilitar la sesión cuando había quorum: “De acuerdo al reglamento de la Cámara, sí, fue legal la convocatoria”, dijo una fuente cercana a la Vice, ante la consulta de A24.com.
El jefe de Gabinete, Guillermo Francos, era el único interlocutor y nexo político que le quedaba a Villarruel con la Casa Rosada, y el viernes salió a bajar la presión del Gobierno sobre la vice.
Francos, en su rol de comisario bueno, dijo que cuando Milei habló de “una traidora”, no se refirió a la Vice sino a “los senadores”. Pero en otros despachos libertarios volvieron a cuestionar la “lealtad política” de excompañera de fórmula de Milei.
La pregunta que sobrevuela Balcarce 50 es si Milei irá más allá de las acusaciones y le pedirá formalmente la renuncia. Por ahora, el entorno presidencial descarta esa posibilidad, pero nadie se anima a anticipar hasta dónde escalará la grieta en la cúpula de La Libertad Avanza y con la otra pata de poder, no menor, que representan los gobernadores.