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POLÍTICA

Cristina y Grabois agregan más ruido en el rumbo económico del Gobierno

Cristina y Grabois agregan más ruido en el rumbo económico del Gobierno
Juan Grabois, líder de la CTEP (Foto: AFP).

La carta de Cristina dejó más dudas que certezas. ¿Fue un apoyo a Alberto o una crítica a su Gabinete? ¿O ambas? La postal del enfrentamiento rural en Entre Ríos preocupa al presidente Alberto Fernández y al ministro de Economía, Martín Guzmán. Es otra muestra de que el Gobierno no controla a la vicepresidenta Cristina Kirchner ni al líder de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP,) Juan Grabois, que puso un ruido a la economía y a la política con consecuencias imprevisibles, al tomar el campo de la familia de Luis Miguel Etchevehere, ex ministro de Agroindustria de Mauricio Macri.

Al fenomeno Grabois se le sumó ayer la feroz crítica de Cristina a la gestión de Alberto y a los “funcionarios que no funcionan”. En la Casa Rosada aseguraron el malestar del Presidente. “Cayó mal pero no fue sorpresa porque ya había dicho eso a Alberto. Molesta que lo haga público, porque sienten que se está lavando las manos, que se corre ahora que ve que la cosa no funciona”, señalaron en Balcarce 50.

Los ministros que no funcionan serían Matías Kulfas, Marcela Losardo, María Eugenia Bielsa, Felipe Solá, Claudio Moroni, Miguel Pesce, Daniel Arroyo, Nicolás Trotta y Luis Bassterra. Mientras que Guzmán y Santiago Cafiero por ahora se salvarían de la poda. El jefe de Gabinete acercó posiciones con el kirchnerismo.

En caso de crisis o de devaluación, Guzmán sería el que asumiría el costo, como Jorge Remes Lenicov lo fue en la crisis de 2002. En ese caso, Guzmán podría ir como embajador en Washington, y de ese modo Jorge Argüello iría a la Cancillería y Felipe Solá a Agroindustria.

En ese caso, en la Casa Rosada tiene el dilema del reemplazo de Guzmán. La alternativa ideal de Alberto sería un equipo integrado o liderado por economistas del perfil de Roberto Lavagna y de Martin Redrado, aunque estos por ahora dicen que no aceptarían. “Alberto no quiere devaluar, pero si hubiera un salto en el tipo de cambio se repetiría el esquema de 2002 y Alberto cree que se complementaría con un crecimiento en el precio de los commodities, aunque no tanto como en 2004/2005”, dijo a A24.com una fuente del oficialismo. En el entorno del Presidente aseguran que por ahora no están previstos cambios en el Gabinete y creen que Guzmán podrá domar al dólar.

El factor Grabois

El discurso de Grabois es cada día más violento. “Vamos a buscar hasta abajo de la última piedra del patrimonio de los Etchevehere”, dijo ayer el activista social que impulsa la reforma agraria y que vaticinó hace meses que habrá “una oleada de tomas de tierras”. Grabois tiene el aval total de Cristina Kirchner.

Por eso, en la Casa Rosada ya no disimulan el malestar con el kirchnerismo. “Lo de Entre Ríos es un tema entre privados. Pero a pesar de eso, no nos cae bien ni nos ayuda que se meta Grabois”, dijo a A24.com un incondicional de Alberto. La economía está en un tembladeral y una guerra rural no le viene nada bien.

Un miembro del amplio equipo económico agregó: “Obviamente que mete ruido. Por más que sea un típico lío de herencia de familias adineradas, innecesario, ya victimizamos a los estafadores de Vicentin; ahora vamos a victimizar a los Etchevehere. De señores feudales y malos patrones a adalides del campesinado”.

Pero no sólo en el Gobierno hay conmoción interna. Grabois fue consultor además de la Comisión de Justicia y Paz, designado por el papa Francisco, entre 2016 y 2017. Y en la actualidad se desempeña como miembro del comité organizador de los Encuentros Mundiales de los Movimientos Populares de El Vaticano. Las andanzas del líder de la CTEP incomodan cada día más a altos religiosos de la Iglesia, que comienzan a pedir la cabeza del activista.

El conflicto familiar de los Etchevehere se transformó en un enfrentamiento político que alimenta la grieta entre el campo y los sectores medios contra la Casa Rosada. La ex periodista Dolores Etchevehere se instaló hace diez días por la fuerza, con Grabois y 40 militantes activistas, en “Casa Nueva”, un campo de 1300 hectáreas que pertenece a Las Margaritas SA, la sociedad de la familia Etchevehere, y está enclavado en Santa Elena, Entre Ríos.

Dolores y Grabois fundaron el Proyecto Artigas, un emprendimiento de agricultura sustentable, con un relato de reivindicación a los más humildes. Luis Miguel Etchevehere, ex ministro de Macri y ex presidente de la Sociedad Rural, no quiere ser duro con su hermana, pero señaló que ella vendió todos sus derechos hereditarios a la familia y a terceros, y que firmó todas esas operaciones ante escribano público. Esos documentos figuran en la causa que ahora instruirá la jueza María Carolina Castagno, luego de la recusación del juez de paz Raúl Torres.

La última venta la hizo Dolores a Mirus SA, que se quedó con sus acciones. En 2018, Mirus le otorgó préstamos a ella por 57 mil y 314 mil dólares contra la garantía del 12,5% de las acciones heredadas por Dolores tras la muerte de su padre Luis Etchevehere, quien había sido dueño de El Diario de Paraná y presidente de la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (Adepa). Antes de ello, Dolores le había vendido el 12,5% de otros inmuebles y bienes a toda su familia, que se la fueron comprando.

Al no devolver ese préstamo, Mirus le ejecutó las acciones a Dolores y quedó como el quinto socio de Las Margaritas SA, cuyos accionistas son entonces:

  • Leonor Barbero Marcial de Etchevehere, con el 50%,
  • Luis Miguel Etchevehere, con el 12,5%
  • Sebastián Etchevehere, con 12,5%
  • Juan Diego Etchevehere, con el 12,5%
  • Mirus SA, con el 12,5%.

“Mi hermana Dolores no es más dueña de nada porque nos vendió todo a nosotros y a terceras sociedades, eso está acreditado por escribano público, las pruebas están en el juzgado de Flores y el juez no leyó las pruebas”, dijo Luis Miguel a A24.com luego de que Flores rechazara el desalojo de la propiedad. El magistrado, ante una disputa de herencia, debió desplazar a todos los ocupantes hasta dirimir la cuestión de fondo.

Dolores Etchevehere rechaza el planteo de sus hermanos porque dice que la venta a Mirus fue hecha bajo extorsión y violencia económica, pero por ahora no mostro pruebas al respecto.

Manuel Etchevehere, ahijado y sobrino de Dolores, hijo de Sebastián, sostiene que ella vendió todas sus pertenencias y derechos hereditarios y fue gastando el dinero en alquileres de casas para vivir en los countries Martindale, Tortugas y en La Horqueta, por lo cual se fue endeudando y quedó embargada por sus antiguos abogados.

La disputa no sería más que una novela familiar si no fuera porque Dolores introdujo a Grabois y al Gobierno en “Casa Nueva” para el susodicho Proyecto Artigas. Hoy, la tensión política entre el campo y el Gobierno es mayúscula.

Manuel no tiene edad para acordarse de cuando Dolores era periodista de La Nación y entre sus compañeros no hacía más que hablar con devoción de su familia, su padre, madre y hermanos, por quienes sentía orgullo y deslumbramiento.

El Gobierno no puede explicar por qué dos altas funcionarias se introdujeran en “Casa Nueva” para avalar la toma del campo en disputa: fueron la directora de Acceso a la Justicia, Gabriela Carpineti, y la titular del Inadi, Victoria Donda. “Alberto está en contra de la toma y de Grabois, pero el delicado equilibrio de una coalición heterogénea donde hay muchos factores que juegan en la subjetividad de las personas hace que el tema se complique. Alberto tiene esa característica: no va a decir nada en forma pública, pero no está de acuerdo”, dijo un alter ego presidencial.

El presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, sufre esta pérdida de autoridad y de imagen pública del Presidente. “Hay preocupación porque Alberto perdió la agenda política y la agenda la maneja Cristina. Massa hace un esfuerzo para quedar en el centro del arco político”, señaló un allegado al tigrense, que quiere despegarse de este desgaste porque presume que ante una crisis habrá que dialogar con la oposición una salida económica.

Es por eso que Massa pondrá su energía en relanzar el Frente Renovador el 7 de noviembre con un congreso nacional y lanzará la Escuela de Gobierno de su partido el viernes próximo. Quieren instalar al partido como una fuerza con atributos de dialogo y de gestión de políticas públicas modernas.

Reactivó su diálogo con el ex presidente Eduardo Duhalde, y con los moderados de Juntos para el Cambio, Horacio Rodríguez Larreta, Emilio Monzó, Rogelio Frigerio y Martín Lousteau.

Si bien los rumores de cambios de gabinete se atenuaron, en el Gobierno no saben presagiar el futuro inmediato del dólar. El ministro de Economía, Martín Guzmán, se puso un plazo de dos semanas para calmar al dólar paralelo que ayer se agazapó a 190 pesos tras haber tocado los 195 el viernes. Sin embargo, los dólares financieros, contado con liqui y MEP siguieron avanzando. “Guzmán no dijo que se irá en dos semanas, sino que es el tiempo para manejar el tema del dólar”, dijo un vocero presidencial.

Guzmán apuesta a un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para antes de fin de año. En la Casa Rosada aseguraron que no negociará dinero fresco o reembolsos, como aconsejó Roberto Lavagna, pero sí buscará reprogramar los pagos de los 44.000 millones de dólares a tres o cuatro años. En el Ministerio de Economía consideran que está muy avanzada la posibilidad de que el Banco Mundial y el BID le den créditos al país para obras públicas, infraestructura, por sumas importantes. Pero esos fondos no vendrían del FMI como se deslizó hace días.

“Puede ser que para antes de fin de año haya acuerdo con el FMI”, señalaron. Para que todo eso ocurra, el FMI pidió un programa de ajuste plurianual de tres años para acomodar el déficit de 7% del PBI que cerrará este año y el 4,5% previsto para 2021. La principal receta es una reforma previsional que reduzca el gasto jubilatorio, la reducción del IFE y del ATP a lo mínimo indispensable, el achicamiento de los subsidios solo a tarifas sociales, y una racionalización del gasto de aquí a 2023 que permita cerrar el rojo.

“Esa es una línea de tiempo para ir aminorando la emisión monetaria de emergencia por pandemia y confluir en números fiscales razonables”, admitieron en la Casa Rosada. Eso, siempre y cuando Grabois y Cristina no sigan poniendo ruido en la economía, razón fundamental para seguir alentando la desconfianza.

por Mariano Obarrio
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