Alerta por la suba de casos de tuberculosis en Argentina: cómo se contagia y cuáles son los síntomas
Según datos del Boletín Epidemiológico Nacional, en el país se registra un aumento sostenido de casos de tuberculosis, que supera el 65% desde 2020.
Según datos del Boletín Epidemiológico Nacional, en Argentina se registra un aumento sostenido de casos de tuberculosis, que supera el 65% desde 2020.
En Argentina se registra un incremento sostenido de casos de tuberculosis en los últimos años, con un ascenso que supera el 65% desde 2020 y nuevas notificaciones que continúan en aumento durante 2025, según informó en las últimas horas el Boletín Epidemiológico Nacional. La enfermedad infecciosa, causada por la bacteria Mycobacterium tuberculosis, afecta principalmente a los pulmones, aunque también puede comprometer otros órganos como riñones, columna, cerebro y piel.
El Boletín Epidemiológico Nacional (BEN) detalla que entre 2020 y 2025 las notificaciones crecieron un 65,9%, lo que representa 3.169 casos adicionales en ese período. Solo en lo que va de 2025 se registraron 13.794 casos, de los cuales el 94,6% corresponde a situaciones incidentales (casos nuevos, recaídas o sin clasificación inicial) y el 5,4% restante a reingresos por pérdida de seguimiento, fracasos, traslados u otras situaciones no nuevas.
¿Por qué se genera la tuberculosis?
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La enfermedad se produce por la presencia de la bacteria Mycobacterium tuberculosis, un microorganismo de crecimiento lento que ingresa al organismo a través del aire. Una vez en los pulmones, el sistema inmunológico puede contenerla o permitir su multiplicación.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la progresión hacia la enfermedad activa depende de factores como:
Defensas bajas, ya sea por enfermedades previas, VIH, desnutrición o tratamientos que afectan la inmunidad.
Exposición prolongada en espacios cerrados o poco ventilados.
Condiciones sociales desfavorables, que favorecen el hacinamiento y demoran el acceso a la atención.
Carga bacteriana elevada, que incrementa el riesgo de enfermar.
Cuando las defensas no logran frenar al bacilo, este se multiplica y daña los tejidos, iniciando la enfermedad.
Cómo se contagia la tuberculosis
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La tuberculosis se transmite por el aire, a través de pequeñas gotas respiratorias que expulsa una persona con enfermedad activa al toser, hablar o estornudar. El contagio es más probable en:
Ambientes cerrados o con mala ventilación
Convivencia prolongada con un caso sin tratamiento
Instituciones de alta circulación, como escuelas, hospitales o cárceles
La OMS señala que el contagio no ocurre por compartir objetos, alimentos ni por contacto físico.
Quienes tienen infección latente no transmiten la bacteria.
Cuáles son los síntomas de la tuberculosis
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No todas las personas infectadas presentan síntomas. Quienes tienen infección latente no se sienten enfermos y no contagian. Solo una parte evoluciona hacia la enfermedad activa, especialmente bebés, niños y personas con defensas comprometidas.
Cuando el bacilo comienza a multiplicarse y a dañar tejidos, aparecen los signos clínicos. La OMS advierte que, en muchos casos, estos síntomas pueden ser leves durante meses, lo que facilita la transmisión sin que la persona lo note.
Los síntomas más frecuentes de la tuberculosis son:
Tos prolongada, a veces con sangre
Dolor en el pecho
Cansancio o astenia
Pérdida de peso involuntaria
Fiebre
Sudoración nocturna
Dependiendo del órgano afectado también pueden presentarse alteraciones urinarias, dolor de espalda, inflamación de ganglios o lesiones en la piel.
Cómo prevenir la tuberculosis
La prevención de la tuberculosis comienza con la atención médica temprana. Es fundamental consultar al médico si se presentan síntomas como tos prolongada, fiebre o pérdida de peso sin causa aparente, de modo de detectar la enfermedad antes de que se propague.
Las personas con mayor riesgo, como quienes conviven con un caso confirmado o tienen VIH, deben someterse a pruebas de detección, ya sea con la tuberculina o con métodos modernos de liberación de interferón gamma, tal como recomienda la OMS.
Completar los tratamientos preventivos indicados por el profesional de salud es clave para reducir la probabilidad de que una infección latente evolucione a tuberculosis activa.
En quienes ya presentan enfermedad activa, mantener higiene respiratoria ayuda a limitar la transmisión: usar mascarilla, cubrirse la boca y la nariz al toser o estornudar, y desechar correctamente pañuelos o esputo.
Finalmente, en entornos de salud o espacios con alta exposición, es importante reforzar las medidas de protección, asegurando ventilación adecuada y controles que minimicen la propagación de la bacteria.