Más de 50 años después de que el hombre pisara la Luna por primera vez, las seis banderas estadounidenses plantadas entre 1969 y 1972 siguen siendo uno de los grandes símbolos, y también uno de los misterios más duraderos, de la era Apolo.
Más de medio siglo después de las misiones Apolo, las banderas que Estados Unidos dejó en la Luna vuelven a despertar curiosidad: qué se sabe hoy sobre su destino y por qué la misión Artemis II puso el tema nuevamente en escena.

Estados Unidos plantó seis banderas en la Luna durante distintas misiones del programa Apolo
Más de 50 años después de que el hombre pisara la Luna por primera vez, las seis banderas estadounidenses plantadas entre 1969 y 1972 siguen siendo uno de los grandes símbolos, y también uno de los misterios más duraderos, de la era Apolo.
Con la reciente misión Artemis II, que acaba de completar con éxito su histórico sobrevuelo tripulado alrededor de la Luna en abril de 2026, resurgió la pregunta sobre si los astronautas Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen podrían ver desde cerca el destino de aquellas banderas históricas. Eso no fue posible.
A la distancia a la que pasó la nave Orion, que se ubicó a decenas de miles de kilómetros en su punto más cercano, resulta imposible distinguir objetos tan pequeños como una bandera de nailon de aproximadamente 1,5 metros. Ni estas estructuras, ni las huellas, ni los módulos lunares abandonados son visibles a simple vista desde esa altura.
La tripulación pudo apreciar regiones generales de los alunizajes de Apolo, pero nada más. Entonces, ¿qué se sabe hoy sobre el estado real de esas banderas?
Mediante el Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO), un orbitador que lleva años fotografiando la superficie lunar con gran detalle, los científicos de la NASA tienen evidencias bastante sólidas:
Sin embargo, “estar de pie” no significa que estén intactas. El entorno lunar es extremo: radiación ultravioleta sin filtro, temperaturas que oscilan entre 120 °C y -130 °C, y el bombardeo constante de micrometeoritos.
El nailon común con el que estaban fabricadas se degradó rápidamente. Lo más probable es que todas las banderas que permanecen erguidas se hayan decolorado por completo, quedando de un blanco fantasmal, fenómeno conocido como “sun rot”. El tejido debe estar quebradizo, rasgado en varios puntos y, en algunos casos, parcialmente desintegrado.
Con el paso de las décadas, seguirán deteriorándose hasta desaparecer con el paso del tiempo.
Curiosamente, a bordo de Artemis II viajó una bandera estadounidense que esperó más de 50 años para llegar al espacio: la que había sido preparada para plantar en la Luna durante la misión Apolo 18, cancelada en los años 70 por recortes presupuestarios, la caída del interés político tras los primeros alunizajes y el cambio de prioridades de la NASA hacia nuevos programas espaciales.