El estrés no solo afecta la mente: también se acumula en el cuerpo en forma de tensión muscular, fatiga, irritabilidad y cambios hormonales.
El estrés no solo afecta la mente: también se refleja en el cuerpo en forma de tensión muscular, fatiga y alteraciones hormonales.
El estrés no solo afecta la mente: también se acumula en el cuerpo en forma de tensión muscular, fatiga, irritabilidad y cambios hormonales.
Aunque es una respuesta natural frente a situaciones de presión, cuando se mantiene en el tiempo puede afectar la salud, provocando insomnio, debilidad del sistema inmunológico, alteraciones digestivas y aumentando el riesgo de enfermedades cardiovasculares.
Existen métodos simples y directos para liberar esa carga física y emocional sin recurrir a meditación ni técnicas tradicionales de relajación. Dos de los más estudiados son el grounding y el uso de calor terapéutico.
El grounding consiste en conectar el cuerpo directamente con la superficie de la tierra al caminar descalzo sobre césped, arena, tierra húmeda, piedras naturales o en contacto con agua natural. Una práctica diaria de al menos 15 minutos permite:
Estimular el sistema nervioso parasimpático y mejorar la respuesta al estrés.
Regular los niveles de cortisol y aumentar la energía.
Fortalecer músculos y huesos de los pies, poco utilizados con el calzado habitual.
Mejorar el equilibrio y la estabilidad corporal.
Algunos estudios preliminares, como los publicados en Journal of Alternative and Complementary Medicine (2012) y Journal of Inflammation Research (2015), indican que el contacto con la tierra reduce marcadores inflamatorios, mejora la variabilidad de la frecuencia cardíaca y favorece la calidad del sueño.
El grounding también gana popularidad en figuras del deporte. El actual entrenador del PSG, Luis Enrique, reveló en su serie documental ‘No tenéis ni P* idea’** que esta práctica eliminó problemas de salud que arrastraba. “Llevo un año haciendo grounding y desaparecieron las alergias y el moquillo”, aseguró.
Aplicar calor al cuerpo produce efectos comprobados sobre la relajación. Los baños calientes o las inmersiones en aguas termales:
Reducen el cortisol, la hormona del estrés, al activar el sistema nervioso parasimpático.
Relajan los músculos tensos y disminuyen la rigidez, mejorando la movilidad.
Favorecen la producción de endorfinas, elevando el ánimo.
Mejoran la calidad del sueño, frecuentemente alterada por ansiedad o tensión acumulada.
Estudios publicados en Evidence-Based Complementary and Alternative Medicine (2015) e International Journal of Biometeorology (2018) muestran que estas prácticas disminuyen la ansiedad y los niveles de cortisol en personas con estrés crónico.
Aunque ninguna de estas prácticas sustituye el cuidado médico o terapias convencionales, incorporarlas a la rutina diaria constituye una manera sencilla y efectiva de liberar la tensión acumulada, mejorar el descanso y recuperar energía.