Opinión

Suba de retenciones: ¿Por qué el Gobierno insiste con algo que no puede aplicar ni serviría para bajar la inflación?

Alberto Fernández volvió a poner sobre la mesa la posibilidad de subir retenciones, una medida que sus ministros daban como descartada. Cuánto impactaría en los precios al público y cuál es el riesgo.
Marcos López Arriazu
por Marcos López Arriazu |
El presidente volvió a poner en los medios el tema de las retenciones.

El presidente volvió a poner en los medios el tema de las retenciones.

Cuando parecía que era una discusión superada, el presidente Alberto Fernández volvió a poner sobre la mesa la posibilidad de subir los derechos de exportación al trigo para desacoplar los precios locales de los internacionales. Una afirmación que carece de sustento técnico y que generó enojo y dudas entre los productores. El ministro de Agricultura, Julián Domínguez, negó más tarde esa posibilidad, pero el daño ya estaba hecho.

Contradiciendo a Julián Domínguez, que hace tiempo viene planteando que la discusión por la suba de retenciones está superada, y a Martín Guzmán, que esta semana también quiso dar por cerrado el tema, el mandatario afirmó que la suba de retenciones es “el instrumento con el que más fácilmente se desacoplan los precios internos de los internacionales”. Incluso, transfirió la responsabilidad de no poder hacerlo a la oposición: “las retenciones son un tema legislativo, necesito que el Congreso entienda la problemática y acompañe llegado el caso", afirmó.

El Presidente sabe que subir las retenciones suena imposible, necesita el apoyo en el Congreso de una oposición que, como él mismo admite, tomó la problemática como propia, por lo que avalar la iniciativa sería un suicidio político.

Tampoco quedan claros los beneficios de la medida, ni para los ingresos fiscales ni para el objetivo que se pregona: bajar los precios de los alimentos. Entonces, ¿Por qué insistir con el tema en una entrevista radial?.

Retenciones y el precio de los alimentos

Desde hace tiempo, se viene hablando de que la mejor forma de bajar el precio de los alimentos es subir retenciones. Sin embargo, no se mide en qué magnitud podría llegar la baja.

Según la Fundación para el Desarrollo Agropecuario (FADA) el precio del trigo representa el 13% del valor final de un kilo de pan. Se tomamos un paquete de fideos secos de 500 gr, el costo del cereal representa el 20%.

Tengamos en cuenta que actualmente los derechos de exportación del trigo son del 12%. ¿Qué pasaría si se llevan al 22%, número mágico que, según trascendió, habría propuesto el Secretario de Comercio, Roberto Feletti, recientemente? Hagamos cuentas.

Si el valor del trigo representa el 13% de un kg de pan, una suba de 10 puntos en las retenciones tendría un impacto de 1,3%. De acuerdo al último dato del IPC, el kg de pan en el Gran Buenos Aires (el más caro del país) cuesta $ 295,24. Es decir que, con la suba de retenciones, se podría bajar $ 3,84. Siempre y cuando se alineen los planetas y este ejercicio matemático se traslade por completo a la realidad.

En el caso de los fideos secos, los diez puntos más de retenciones significan el 2%. A valores del IPC de abril ($ 100,91) estamos hablando de $ 2 sobre un paquete de medio kg.

También hay que considerar que en el resto de los productos la participación del trigo sobre el precio final es aún menor. Incluso, si se toma la conformación completa del Índice de Precios al Consumidor, la ponderación de panes y cereales representa solo 4,05%.

Además, el efecto del freno de precios se daría por única vez, y luego los alimentos continuarían recibiendo el golpe de la inflación del resto de los costos de elaboración. Y no solo eso, para David Miazzo, economista de FADA esta contención de precios solo “representan semana de inflación teniendo en cuenta que para mayo se espera un total aproximado del 5%”.

Suba de retenciones ¿Más recaudación?

Generalmente, los derechos de exportación son utilizados como mecanismo de recaudación fácil, ya que se cobra en el puerto, por la facturación. Pero en el caso del trigo, en este año en particular, tampoco tendría efectos recaudatorios.

Al 20 de mayo, las Declaraciones Juradas de Ventas al Exterior (DJVE) de trigo de la campaña 2021/22 (la que terminó de cosecharse en enero) totalizan 14,5 millones de toneladas sobre una producción de 22 millones. Teniendo en cuenta que el consumo interno se calcula en torno a los 7 millones de toneladas, esto significa que, kilo más kilo menos, ya no queda más trigo disponible para exportar.

Además, el valor de las retenciones se fija al momento de presentar las DJVE. Es decir que si subieran los derechos de exportación, no habría impacto fiscal ya que los exportadores no tendrían que pagar la diferencia.

¿Qué pasa con la campaña 2022/23, la que está por sembrarse? Se presentaron DJVE por 8,4 millones. Por ahora, se espera una producción de 19 millones de toneladas, es decir que queda realmente poco para anotar. Lo mismo pasa con las retenciones: una suba, solo podría alcanzar a algo más de 3 millones de toneladas.

En definitiva, la suba de retenciones tampoco pasa por la recaudación.

Jugando con el fuego político

Si la suba de retenciones no tiene impacto sobre los precios ni sobre la recaudación ¿por qué plantea este tema el Presidente?. La explicación oficial, dada a una colega de este medio es que se trató de “una presión a los productores agropecuarios a los que acusó de "demorar la conformación del fideicomiso del trigo”.

No vamos a profundizar en error que cometió el Presidente en la entrevista al confundir el fideicomiso privado para la harina de medio kg y los fideos secos (que ya está funcionando) con el Fondo de Estabilización del trigo, que él mismo anunció en el inicio de su Guerra contra la Inflación. En el primero, los aportantes directos son las empresas exportadoras; el segundo se nutre con la suba de retenciones a los derivados de la soja. Es decir, el Fondo triguero ya se está conformando, solo falta que adhiera el grueso de la molinería.

Una aclaración al margen que no está de más: en ninguno de los dos casos participan los productores, aunque indirectamente sean quienes terminan poniendo los fondos.

En definitiva, si bien no hay una respuesta concreta, la idea que queda flotando es que el Presidente solo le envió un mensaje al ala más dura del gobierno y a sus seguidores: “yo quiero aumentar las retenciones, pero no puedo hacerlo ”. Una visión que puede coincidir con la de una parte importante de sus votantes, pero que también desnuda una gran debilidad.

Y mientras el sector agropecuario queda nuevamente en el medio de una interna, el mundo mira a la Argentina sin creer que sus políticos pongan en riesgo una producción de trigo que tanto necesita.

La FAO advirtió sobre el gran temor por los precios y la escasez de los alimentos en los próximos años. En ese contexto, jugar con la posibilidad de más retenciones no genera otra cosa aumentar el temor de los productores y retraer inversiones.

La Argentina encara la siembra de una campaña de trigo que, según las estimaciones de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, le dejarían al país unos 6.300 millones de dólares. El mundo necesita que la oferta de trigo aumente aún más.

Para invertir, el productor necesita confianza. Las palabras de Alberto Fernández, generan todo lo contrario.

Por Marcos Lopez Arriazu, Editor A24.com Agro

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