"Venía arrastrando en la semana una sobrecarga en el isquio, pero no me iba a perder este partido. No iba a salir. El entrenador me pidió que le diga la verdad, que salga, que me cuide, que tenía cosas importantes por jugar. No era un partido como para no jugar", aseguró el campeón del mundo luego del encuentro en la Bombonera, dejando en claro que su orgullo y sentido de pertenencia pesaron más que el dolor.
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A pesar de su insistencia por estar presente en el terreno de juego, las secuelas de la sobrecarga muscular condicionaron de forma tajante su despliegue futbolístico en la mitad de la cancha. El volante de 31 años completó el encuentro del Xeneize contra el elenco chileno, pero no pudo gravitar. Se lo vio lejos del área rival, prácticamente anclado entre los dos marcadores centrales para iniciar el juego y no pudo aportarle casi nada al equipo.
Capitán, figura, emblema y corazón del equipo, su merma física fue demasiado evidente y Boca lo sintió muchísimo. En este semestre, en los buenos y en los malos momentos, fue siempre el que tiró del carro para sacar al equipo adelante; sin embargo, en esta oportunidad se lo notó visiblemente afectado hasta en lo anímico, no pudo influir en ningún aspecto y terminó en cancha solo por orgullo personal.
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La principal meta del cuerpo médico de la Albiceleste es disipar cualquier tipo de duda diagnóstica para que el volante pueda acoplarse sin demoras a la par de sus compañeros de delegación.
Ya con la cabeza puesta en la Copa del Mundo, el mediocampista buscará descartar una lesión para estar disponible para el cuerpo técnico de la Albiceleste desde el primer encuentro, que será el 16 de junio frente a Argelia, en el estreno del Grupo J. Los análisis clínicos de este viernes serán determinantes para planificar las cargas de entrenamiento previas al viaje a los Estados Unidos.