FÓRMULA 1

Jack Doohan denunció que su familia sufrió acoso en las redes sociales y Alpine tomó una drástica decisión

Jack Doohan denunció una campaña de acoso virtual contra él y su familia. Alpine, en consecuencia, tomó una importante decisión.

Jack Doohan denunció que su familia sufrió acoso en las redes sociales y Alpine tomó una drástica decisión

La Fórmula 1 volvió a quedar en el centro del debate por el abuso en redes sociales. Esta vez, fue Jack Doohan, piloto de reserva de Alpine, quien denunció públicamente una serie de agresiones virtuales contra su persona y su familia, luego de que fuera reemplazado en la grilla principal por el argentino Franco Colapinto.

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Por favor, dejen de acosar a mi familia. No pensé que tendría que llegar a este punto”, escribió el australiano en su cuenta oficial. Doohan también calificó como “muy dañino” el tipo de contenido que empezó a circular en redes y mostró dos capturas para señalar una cuenta llamada @FormulaFakers, ya eliminada, como origen de una publicación falsa que involucraba a su padre en una supuesta burla hacia Colapinto tras su accidente en Imola.

Como pueden ver claramente, la historia que circula arriba es completamente falsa. Fue inventada por fanáticos argentinos que intentaban retratarme a mí y a mi familia de una manera negativa. Editaron el contenido original para que pareciera que mi padre lo publicó, lo cual es completamente falso”, explicó el piloto.

Frente a la denuncia, Alpine no dudó en salir a respaldarlo. Mediante un comunicado oficial, la escudería francesa fijó una postura firme: “Animamos a todos a recordar que detrás de estos atletas superhumanos hay una persona, un individuo con sentimientos, familia, amigos y seres queridos. Como equipo, no podemos tolerar el abuso en línea”.

El mensaje continuó con un llamado a la comunidad fanática de la F1: “Nos creemos afortunados de formar parte de un deporte global que despierta gran pasión y emociones, pero instamos a todos los aficionados a ser amables y respetuosos”.

El caso encendió nuevamente las alarmas sobre los límites del fanatismo digital en el automovilismo, en una era donde los pilotos no sólo deben sortear curvas a más de 300 km/h, sino también lidiar con la velocidad —y la crueldad— de las redes sociales.