Cómo enfrentó la enfermedad y qué mensaje dejó
El diagnóstico llegó en junio de 2023, pero lejos de detenerlo, lo impulsó a redoblar su mensaje de actitud y presencia. Al día siguiente ya alentaba a sus alumnos a entrenar “como siempre” y a “pelear esto con alegría”. Su filosofía se volvió aún más visible durante la pandemia, cuando promovió el ejercicio en casa como herramienta para cuidar la salud mental. “El valor diferencial lo da la cabeza”, decía.
Uno de los momentos más conmovedores tuvo lugar en pleno invierno, cuando 250 jugadores se reunieron en el SIC para entrenar bajo su conducción apenas días después del diagnóstico. Tras la práctica, fiel a su costumbre de 30 años, se arrojó a la pileta helada del club. Entre risas —su sello distintivo— explicaba que para él no era ningún esfuerzo.
Las clases de preparación física se transformaron en su mejor tratamiento. Nunca dejó de trabajar, nunca dejó de hablar de actitud y nunca dejó de transmitir alegría. Su ejemplo se convirtió, en palabras de quienes lo rodearon, en “una lección de vida que permanece”.
Cómo fueron sus últimos meses y cuál fue su despedida
A fines del año pasado, cuando el SIC conquistó la URBA, Nacho fue llevado en andas por todo el plantel. Poco antes había viajado a Francia para acompañar a los Pumas en el Mundial, donde vivió con emoción el triunfo ante Gales en Marsella.
Aunque la evolución inicial sorprendió a todos, a mediados de este año el cáncer avanzó con fuerza. El viernes fue internado en el sanatorio Fleni y falleció este lunes, rodeado de su familia: su esposa Carola y sus hijos Gime, Facu, Juanchi y Maqui. Vivió, como siempre, con intensidad hasta el último segundo.
Deja un legado que trasciende el rugby: el de alguien que enseñó a enfrentar la adversidad con alegría, compromiso y fe. Para muchos, simplemente, Nacho fue la prueba de que la actitud también puede cambiar la vida de los demás.