La guerra en Medio Oriente volvió a sacudir a los mercados globales y empujó al petróleo a su nivel más alto en más de tres años, en medio de temores por el impacto que el conflicto pueda tener en el suministro energético mundial.
Como consecuencia directa de la guerra en Medio Oriente se disparó el precio del barril. Los mercados financieros operan en baja por este fenómeno y ya hay aumentos de precios en el comercio internacional. Se acerca al récord de 2008.
La guerra en Medio Oriente volvió a sacudir a los mercados globales y empujó al petróleo a su nivel más alto en más de tres años, en medio de temores por el impacto que el conflicto pueda tener en el suministro energético mundial.
El precio del crudo superó los US$110 por barril y llegó a acercarse a los US$120 durante las operaciones, en una escalada impulsada por el temor a interrupciones en la producción y el transporte de petróleo en la región del Golfo pérsico.
La escalada militar entre Estados Unidos, Israel e Irán, que ya entra en su segunda semana sin señales de desescalada, disparó la volatilidad en los mercados. En Asia, las bolsas registraron fuertes caídas: Seúl llegó a perder más del 8%, Tokio más del 7% y Taipéi más del 5%.
El foco de la preocupación está en el estrecho de Ormuz, el paso marítimo por donde circula el 20% del petróleo mundial y que se ha visto afectado por la escalada bélica.
La suba del crudo también arrastra otros temores: un nuevo shock inflacionario global y mayores costos energéticos para las principales economías importadoras.
Analistas advierten que si el conflicto se extiende o se producen interrupciones más severas en la producción de países del Golfo, el barril podría seguir escalando e incluso superar los niveles actuales.
Por ahora, los mercados reaccionan con cautela, mientras gobiernos y organismos internacionales evalúan medidas para estabilizar la oferta energética. En tanto, el presidente Donald Trump hizo un curioso comentario desde su red social en la que minimizó el "costo" de la suba continua del barril de crudo.
La escalada bélica en Medio Oriente volvió a colocar al petróleo en el centro de la escena global. En medio del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, el precio del crudo se disparó a niveles que no se veían desde 2022 y generó una nueva ola de incertidumbre en los mercados financieros.
Este solo dato ya pone en un papel incómodo a Donald Trump. El barril de crudo está ya en los niveles a los que llegó con Joe Biden. El presidente de Estados Unidos no pierde la oportunidad de señalar al demócrata como un verdadero inútil en la gestión de la Casa Blanca.
Pero esta guerra, iniciada por él, tiene como efecto colateral el aumento en serie continua del petróleo. Trump siempre habla de sus acierto en la inflación a la baja, la creación de empleo y los precios en descenso para los norteamericanos. Esta crisis, rompe esa cadena virtuosa de la que el encanta hablar.
El barril de petróleo superó los US$110 y durante la jornada llegó a acercarse a los US$120, impulsado por el temor a una interrupción masiva del suministro energético en la región del Golfo.
Se trata de una suba abrupta en muy pocos días. En apenas una semana, los precios del crudo llegaron a saltar cerca de 30%, una de las escaladas más fuertes desde el inicio de la guerra en Ucrania en 2022.
El detonante es la expansión del conflicto y su impacto potencial en la producción y el transporte de petróleo en Medio Oriente, una región que concentra algunos de los mayores exportadores del mundo.
Uno de los puntos más sensibles es el estrecho de Ormuz, el corredor marítimo entre Irán y Omán por donde circula aproximadamente el 20% del petróleo que se comercializa a nivel global.
Las tensiones militares y los ataques en la zona provocaron que parte del tráfico marítimo se viera afectado, lo que alimentó los temores del mercado sobre un posible cuello de botella en el suministro energético. Trump incluso dice que su flota naval acompañará a los petroleros por las aguas del estrecho. Pero en realidad, los buques que transportan crudo casi han desaparecido de la zona.
El impacto fue inmediato: los contratos de petróleo se dispararon y el nerviosismo se trasladó rápidamente a las bolsas internacionales.
El aumento del precio del crudo golpeó a los mercados financieros, especialmente en Asia, donde los inversores reaccionaron con fuertes ventas. La bolsa de Seúl llegó a caer más del 8%, mientras que Tokio perdió más del 7% y Taipéi retrocedió más del 5%.
La reacción refleja el temor a que el conflicto provoque una nueva crisis energética y termine afectando el crecimiento global.
El petróleo caro suele traducirse en mayores costos para el transporte, la industria y la producción de alimentos, lo que termina presionando sobre la inflación en todo el mundo. El riesgo de un nuevo shock inflacionario está dado porque el comercio y circulación de bienes en todo el mundo se da de manera mayoritaria por medios de transporte, barcos, aviones, camiones y algunos servicios de trenes que utilizan combustibles derivados del petróleo. Aún los trenes eléctricos reciben esa energía con maquinarias que emplean petróleo para generar el fluido eléctrico. Sin embargo, Trump nunca admite errores y tiene una curiosa explicación para este momento tan complejo.
El presidente norteamericano, por su red social, lanzó un comunicado en el que dice directamente, que la suba del petróleo es un efecto colateral de una noticia mucho más positiva para el mundo: la seguridad global.
"Precios a corto plazo del petróleo, que caerán rápidamente con la destrucción del plan nuclear iraní que terminará la amenaza. Es un muy pequeño precio a pagar por los Estados Unidos y el mundo, seguro y en pace. SOLO LOS TONTOS PODRÏAN PENSAR DIFERENTE! Presidente DJT!", dice Trump.
No solo dijo que es un problema menor, sino que además, descalifica o anula a cualquier voz en contra a sus propias ideas. En cambio, para los economistas, el principal riesgo es que la escalada del crudo provoque un nuevo shock inflacionario justo cuando muchas economías todavía luchan por estabilizar los precios tras las crisis de los últimos años.
El encarecimiento de la energía podría trasladarse rápidamente a los combustibles, la electricidad y los costos logísticos, afectando tanto a empresas como a consumidores.
Además, países altamente dependientes de las importaciones de energía - como gran parte de Europa y Asia - serían los más vulnerables a una prolongación del conflicto.
El CEO de YPF, Horacio Marín, explicó que aplican una fórmula para evitar que bruscos cambios internacionales afecten nuestro mercado. Sin embargo, estamos ya en la etapa que se habló como segunda posibilidad: que la crisis por la guerra se extienda demasiado. En ese caso, esa fórmula para "amesetar" las variaciones se reduce en su operatividad. Si el petróleo sigue trepando a valores récords, tarde o temprano llegará a los surtidores e impactará en los precios de los bienes que se producen y circulan por la Argentina.