Mercados

El riesgo país perforó los 500 puntos básicos

Es el menor valor desde que inició la presidencia de Javier Milei. Y el más bajo desde mediados de 2018. El indicador del banco JP Morgan es clave para medir la capacidad de pago de un país y su posibilidad de acceder al mercado internacional de capitales.

Roberto Adrián Maidana
por Roberto Adrián Maidana |
El indicador del riesgo país en un ritmo descendente que permite pensar en el regreso al mercado internacional de capitales (Foto. A24.com).

El indicador del riesgo país en un ritmo descendente que permite pensar en el regreso al mercado internacional de capitales (Foto. A24.com).

Esta vez, volver al pasado, es una buena noticia para la economía argentina. El riesgo país está en 493 puntos básicos del índice que elabora el Banco JP Morgan, clave para medir la capacidad de pago de un país o sus empresas ante un préstamo de fondos internacionales, Se trata del valor más bajo desde el 11 de junio de 2018, cuando el indicador cerró en 487 puntos básicos.

Jamás en los 4 años de la gestión de Alberto Fernández estuvo en ese nivel. Inclusive en el gobierno de Mauricio Macri, tras el descalabro de la macro en la segunda mitad de 2018, el riesgo país se elevó a niveles que sacaron al país del crédito internacional.

Desde que Macri selló en 2018 el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, el riesgo país argentino se convirtió en uno de los termómetros más sensibles -y más crueles- de la fragilidad macroeconómica y política del país. Lo que hasta entonces había sido un indicador relativamente estable, en torno a los 400–500 puntos básicos a fines de 2015, empezó a transformarse en una señal persistente de desconfianza que atravesó tres gobiernos y casi una década de volatilidad.

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El primer gran quiebre llegó con la crisis cambiaria de 2018. La salida de capitales, el salto del dólar y la pérdida de reservas empujaron al gobierno de Macri a recurrir al FMI en busca de un salvataje financiero. Lejos de calmar a los mercados, el acuerdo terminó funcionando como un reconocimiento explícito de la fragilidad del programa. Desde ese momento, el riesgo país comenzó a subir de manera sostenida y superó los 800 puntos hacia fines de ese año.

La situación se agravó en 2019, cuando la derrota del oficialismo en las PASO disparó una nueva corrida financiera. En pocas semanas, el riesgo país se duplicó y rozó los 2.000 puntos, reflejando el colapso de la confianza en la capacidad de pago de la deuda soberana. Ese salto marcó el cierre del ciclo financiero del macrismo y dejó a la Argentina prácticamente fuera del mercado voluntario de crédito.

Con la llegada de Alberto Fernández al poder, lejos de normalizarse, el indicador entró en su etapa más crítica. La renegociación de la deuda, el default selectivo de 2020 y el impacto de la pandemia llevaron el riesgo país a sus máximos históricos, por encima de los 2.500 puntos básicos, el nivel más alto de todo el período 2015–2026. Ese techo reflejó no solo la reestructuración forzada con los bonistas privados, sino también la ausencia de un programa económico creíble y la persistencia de desequilibrios fiscales y monetarios.

Durante los cuatro años del Frente de Todos, el riesgo país nunca logró perforar de manera sostenida los 1.500 puntos. Incluso en los momentos de mayor optimismo, tras el canje de deuda de 2020 o algunos acuerdos parciales con el FMI, el indicador volvió rápidamente a subir. La inflación descontrolada, el cepo cambiario, la emisión monetaria y la falta de anclas macroeconómicas consolidaron a la Argentina como uno de los países con mayor prima de riesgo del mundo.

El cambio de tendencia recién apareció con la asunción de Javier Milei en diciembre de 2023. Desde un nivel inicial cercano a los 1.900 puntos, el índice inició una baja casi ininterrumpida, acompañando el ajuste fiscal, la fuerte licuación del gasto público, la señal de superávit primario y la unificación progresiva de expectativas en torno a un giro ortodoxo de la política económica.

Hubo todavía picos de volatilidad a comienzos de 2024, cuando el indicador volvió a rozar los 2.300 puntos, en medio de tensiones políticas por la ley Bases y la incertidumbre sobre la viabilidad del programa.

Pero, a diferencia de etapas anteriores, cada corrección fue seguida por nuevos descensos. La aprobación de reformas estructurales, la desaceleración inflacionaria y el ordenamiento de las cuentas públicas reforzaron la percepción de que la Argentina había entrado en una fase distinta.

el riesgo país más bajo en 8 años
Evolución del riesgo país en las últimas tres presidencias argentinas. (Foto: A24.com)

Evolución del riesgo país en las últimas tres presidencias argentinas. (Foto: A24.com)

Hacia 2025 y comienzos de 2026, el riesgo país profundizó su tendencia descendente hasta ubicarse en torno a los 500 puntos básicos, un nivel que lo devuelve a valores comparables con los del inicio del gobierno de Macri y que representa uno de los mínimos de todo el período 2015–2026. En términos históricos recientes, es un dato políticamente explosivo: implica una reducción de casi 2.000 puntos respecto de los picos registrados bajo Alberto Fernández.

Así, el recorrido completo deja un contraste brutal. El máximo absoluto del ciclo se dio durante la pandemia y el default selectivo, con más de 2.500 puntos. El mínimo estructural, en cambio, aparece ahora, con un riesgo país que perforó el piso de los 500 puntos, algo impensado apenas dos años atrás.

Más allá de la discusión política, el dato resume una década de vaivenes extremos: de la ilusión del regreso a los mercados con Macri, al colapso financiero de 2019; del récord de desconfianza bajo Fernández, al derrumbe del riesgo país durante el experimento libertario de Milei. Un péndulo que, por primera vez en muchos años, parece moverse claramente hacia el lado de la credibilidad.

En la medida en que siga bajando, por debajo de los 400 puntos, la Argentina podrá, de verdad, regresar al mercado internacional financiero para obtener préstamos a tasas que pueda devolver sin comprometer su economía o la permanente amenaza del default.