En primer lugar, para explicar esta medida hay que observar cómo funciona el sistema financiero. Los bancos reciben depósitos de sus clientes y los prestan o invierten.
Pero para atender posibles retiros de depósitos del público, los bancos deben mantener un porcentaje del dinero que reciben de sus clientes como reservas. Ese porcentaje, que determina el Banco Central, son los “encajes” o requisitos de liquidez.
En la actualidad, las entidades financieras pueden cumplir con esos requisitos mínimos de liquidez mediante depósitos en cuenta corriente en el BCRA, Leliq (títulos de deuda del BCRA) y un Bono del Tesoro 2022. Todos estos están sujetos a diferentes límites de integración.
Las Leliq tienen en la actualidad un rendimiento nominal anual de 38% y su renovación es mensual. Según lo dispuesto ayer, el BCRA permitirá a las entidades destinar parte de su stock de Leliq a la suscripción primaria de Bonos del Tesoro para destinarlos al cumplimiento de los encajes.
En los detalles se esconde el diablo. En los próximos meses, el ministro Guzmán enfrenta una fuerte cantidad de vencimientos de deuda del Tesoro. En las últimas licitaciones, Guzmán tuvo dificultades para financiarse debiendo subir tasas y emitir deuda atada a la inflación o al tipo de cambio.
Entre julio y agosto, vence deuda del Tesoro por 1 billón de pesos. Si no se logra renovar, Guzmán tiene que pedirle al BCRA que emita pesos con el inmediato traslado a la inflación en los meses siguientes.
¿La solución frente a ese alto monto de vencimientos? Seducir a los bancos del sistema para que compren esos bonos, buscando canalizar al Tesoro el dinero de los depositantes. Por ello apuntan a que los encajes, se formen con las nuevas emisiones de deuda que haga Guzmán.
A los bancos les conviene la medida: las Leliq están alcanzadas por el impuesto a los Ingresos Brutos de 8% que puso CABA cuando el gobierno nacional recortó fondos a Horacio Rodríguez Larreta. Pero el riesgo de colocarse en Bonos del Tesoro es diferente al de depositar en el BCRA o colocarse en Leliq. La deuda del BCRA nunca entró en default. El Tesoro Nacional tiene una colección de default en su haber.
Otra cuestión: reducir el stock de Leliq para pasarle fondos al Tesoro es expansivo en términos monetarios, lo cual asegura mayor inflación a futuro.
Las lecciones que dejó la crisis del 2001 es que los depósitos en dólares del público tienen que ser represtados en la misma moneda. Y que la exposición de los bancos al sector público debe tener un límite.
El riesgo de la nueva medida es sobre este último punto: un default del gobierno nacional puede arrastrar al sistema financiero si poseen un alto porcentaje de bonos del Tesoro en su cartera.
La norma del BCRA destacó que el traspaso de Leliq a bonos es voluntario. Habrá que seguir de cerca lo que hacen las entidades. La puerta a una nueva crisis bancaria está abierta.