La increíble historia de la espía uruguaya que pasó información a los británicos durante la guerra de Malvinas
Tiene casi 100 años y en una entrevista a un periodista del principal diario inglés en Malvinas le contó un secreto muy bien guardado. Durante la guerra del Atlántico sur en 1982, entre la Argentina y el Reino Unido, sirvió como espía para el país europeo.
Una mujer uruguaya, a los 97 años reveló que fue espía para Gran Bretaña en la guerra de Malvinas. (Foto: A24.com)
“No quería ningún reconocimiento. Lo hice porque pensé que era lo correcto, y no esperaba ninguna retribución”. La definición forma parte de una revelación de una mujer que está cerca de cumplir 100 años. Es uruguaya, pero por su nombre, se puede tener un indicio que lo que contó por primera vez. Se llama Ruth Morton y durante la guerra de Malvinas en 1982, viajó a la Argentina para una misión tan especial como secreta: fue espía para el Reino Unido, el país que usurpa las islas desde 1833.
Ruth se consideró a sí misma como “inglesa”. Así se lo decía a su madre, a quien no le gustaba esa definición. Pero tiene antecedentes familiares vinculados con el espionaje que se remontan a la Segunda Guerra Mundial. Su padre y sus hermanas mayores (10 años más grande que ella) trabajaron para el gobierno británico desde Montevideo a partir de 1939.
Cuando comenzó la guerra de Malvinas, Ruth tenía 54 años. Y ella también decidió trabajar para los británicos, aunque esta vez no se trató de frenar el avance de los nazis. Sirvió como espía de las actividades de la armada argentina. Recibió una misión muy concreta: pasar información sobre el movimiento de los submarinos argentinos.
ruth Morton
La espía uruguaya, al servicio británico en la guerra de 1982. (Foto: Gentileza Penguin News)
Una espía uruguaya en Mar del Plata
Ruth cruzó el Río de la Plata. Pero su destino final fue la ciudad de Mar del Plata. Se estacionó allí para cumplir con esa misión secreta. Tanto, que lo mantuvo durante 43 años. Le contó su historia a un periodista de Penguin News, el principal medio de las Islas Malvinas.
Su misión era llevar un registro de la base de submarinos en el puerto de esa ciudad. Cualquier hecho importante que observara debía reportarlo a la embajada británica. En Mar del Plata, había tres submarinos: el Santa Fe, el Santiago del Estero y el San Luis. El último, de fabricación alemana, era de pequeñas dimensiones. Los otros dos, de la Segunda Guerra Mundial (1944) eran más grandes, pero casi obsoletos. El Santa Fe, cumplió su última misión justamente en la guerra de 1982. Atacado por los británicos, quedó inutilizado para siempre en las islas Georgias del sur.
Ruth y sus hermanas
Ruth, la menor, junto a sus hermanas. Las mayores sirvieron como espías en la II Guerra Mundial. (foto: Gentileza Penguin News)
Para Ruth Morton, su misión era relativamente sencilla. El sector de los submarinos en el puerto marplatense es visible desde muchos puntos de vista. El más directo, desde la escollera norte de ingreso al puerto. Pero también desde el parque San Martín, el boulevard Peralta Ramos o el campo de golf frente al puerto.
Ella debía marcar todo lo que viera como actividad importante de la base de submarinos. Cada vez que se hacían a la mar, avisaba. En una de esas salidas, el submarino Santa Fe puso rumbo a las islas del Atlántico sur. Como ya consignamos, jamás regresaría de su misión a las Georgias del sur.
Sin embargo, su historia es diferente. Al menos, la dotó de un sacrificio, que cualquiera que conozca el lugar, sabe que no era necesario. Ruth le relató al periodista inglés que logró hacerse una suerte de refugio en una obra abandonada. Contó que el terreno era arenoso, sucio y sumamente incómodo porque no había espacio. Ni siquiera podías sentarte. "Me salieron ampollas en las rodillas y codos de tanto arrastrarme, pero fue al principio, luego me acostumbré”, dijo y agregó en esta revelación: “No estaba emocionada. Solo debía tener mucho cuidado en hacerlo palabra por palabra”
submarino santa fe
Del recorte de recursos al final para la espía uruguaya
Tenía un contacto en la embajada británica en Uruguay. Nombre clave: Claire. Un día, su "supervisora" le dijo que se ajustaban los gastos. Ella dijo que decidió seguir adelante y que para eso, se consiguió otras fuentes de ingreso, como la venta de gorras por el centro marplatense.
Hasta que vivió un final para su espionaje, también cuestionable, por lo menos: “Una noche, un barco en el mar disparó justo al sitio donde estaba y alcanzó a un carpincho que había aparecido en ese ´refugio´". El animal, herido de muerte, cayó al agua. Le contó al periodista que ese animal salvó su vida.
Lugo de ese incidente, su contacto Claire le ordenó que terminaba su misión: “Me fui. No había nada que hacer. Me despidieron”, fue su confesión más de 4 décadas. Tiempo después, recibió un premio por su "misión". Morton dijo que estaba molesta por como había sido dejada de lado. A los 97 años, la "espía uruguaya" decidió revelar este relato sobre la tarea de "vigilar" a los submarinos argentinos en Mar del Plata.