En otro tramo del audio, el acusado profundizó sus amenazas: "Que entrene mucho, que se anote a los mejores gimnasios de kick boxing, de boxeo, porque conmigo no va a poder. Tengo muchos más años que él, mucho más fuerza, más experiencia".
Estos mensajes fueron enviados luego de que el menor se negara a realizar un viaje que González le había propuesto.
La denuncia previa contra Maicol González
A raíz de estos hechos, una ex pareja de González lo denunció en 2012. La causa fue caratulada como "lesiones y amenazas", y la Justicia dispuso una prohibición de acercamiento, contacto y cualquier acto de violencia o intimidación hacia la mujer y su grupo familiar por un plazo de 90 días.
Además, el magistrado ordenó custodia policial para que la denunciante pudiera retirar sus pertenencias y las de su hijo de la vivienda que compartían.
Pese a estos antecedentes, González negó cualquier historial de violencia durante la audiencia judicial por la muerte de Ángel.
En esa presentación, el acusado admitió que al niño "se lo corregía o se le daba un coscorrón como a cualquier nene", aunque rechazó las acusaciones más graves.
"Yo quiero que se descubra la verdad y nos dejen de culpar, porque somos inocentes", sostuvo. Durante toda su exposición, González evitó mencionar a Ángel por su nombre y se refirió a él únicamente como "el bebé".
La autopsia y la acusación fiscal
La fiscalía sostiene que Ángel murió como consecuencia de 22 golpes internos, con lesiones en la cabeza, específicamente en la región frontal, temporal y occipital.
Los investigadores apuntan directamente contra González como autor de las agresiones y no descartan encuadrar el caso dentro del denominado síndrome del niño maltratado, una condición asociada a episodios reiterados de violencia infantil.
El informe del Cuerpo Forense de Chubut determinó que los traumatismos craneales provocaron un edema cerebral hemorrágico generalizado que derivó en un paro cardiorrespiratorio. En términos médicos, se trató de una muerte neurológica causada por una violencia repetida y focalizada.
Los especialistas indicaron que, si bien no hubo fracturas óseas, los impactos transmitieron una energía devastadora al cerebro. Cada golpe sumó daño interno hasta provocar un desenlace irreversible.