Austin Kelly Harrouff, un joven de 19 años, protagonizó uno de los ataques más aberrantes del estado de Florida al asesinar brutalmente a sus vecinos y devorar sus rostros, sumiendo a la comunidad en una pesadilla de horror y desconcierto.
El aberrante episodio ocurrió el 15 de agosto de 2016 y fue uno de los ataques más brutales del sureste de Estados Unidos.
Austin Kelly Harrouff, un joven de 19 años, protagonizó uno de los ataques más aberrantes del estado de Florida al asesinar brutalmente a sus vecinos y devorar sus rostros, sumiendo a la comunidad en una pesadilla de horror y desconcierto.
El aberrante episodio ocurrió el 15 de agosto de 2016, en una apacible tarde de verano, mientras Michelle y John Stevens disfrutaban de la tranquilidad de su hogar en Tequesta, un vecindario próspero al norte de Palm Beach. La pareja, recién jubilada, solía pasar sus días en su garaje, que habían convertido en un salón donde recibían a amigos y vecinos. Sin embargo, esa tarde, la paz se quebró de forma brutal.
Por su cuenta, Austin Harrouff tenía una vida normal. Hijo de una familia acomodada, iba a la universidad y jugaba al fútbol americano. Sus conocidos los describían como un "gigante amable" por su gran altura y carácter apacible. Sin embargo, su personalidad comenzó a cambiar a raíz del consumo de alcohol y drogas cada vez más potentes.
En rigor, los días previos al crimen había manifestado comportamientos erráticos con delirios de grandeza y voces en su cabeza. Ese 15 de agosto, tras discutir con su padre en un restaurante, Austin salió descontrolado y caminó sin rumbo por el vecindario hasta llegar a la casa de los Stevens. Sin mediar palabra, los atacó con un cuchillo y, en medio de la agresión, comenzó a morder y devorar los rostros de sus víctimas, en una escena que parecía salida de una película de terror.
Jeffrey Fisher, un vecino que intentó intervenir al escuchar los gritos de auxilio, también fue atacado y herido por el joven. Sin embargo, logró escapar y llamó a la policía, que llegó al lugar para encontrarse con una escena dantesca: Austin Harrouff estaba encima de John Stevens, mordiendo su cara con una violencia casi inhumana.
Además, había golpeado al hombre y la mujer con un machete y después los apuñaló con un cuchillo. Los oficiales intentaron detenerlo con una pistola paralizante, pero el joven parecía inmune al dolor. Finalmente, fue necesario que un perro policía lo mordiera para que soltase a su víctima.
La brutalidad del ataque y el canibalismo perpetrado por Harrouff conmocionaron a las autoridades y a la comunidad. Durante el arresto, el joven seguía emitiendo sonidos animales y suplicaba a los oficiales que lo mataran. Tras ser trasladado a un hospital, los médicos y psiquiatras comenzaron a evaluarlo y surgieron dudas sobre su salud mental y el posible consumo de drogas.
Los análisis iniciales descartaron la presencia de sustancias ilícitas en el organismo de Harrouff, lo que incrementó el misterio en torno a su comportamiento. Su familia, devastada por los hechos, expresó su conmoción y pidió disculpas a las familias de las víctimas. Sin embargo, el impacto del crimen y la forma en que se desarrollaron los eventos generaron un debate público.
El proceso judicial contra Austin Harrouff se extendió durante varios años debido a la pandemia de COVID-19. Finalmente, en diciembre de 2022, un juez aceptó la declaración de demencia presentada por la defensa, lo que evitó que el joven enfrentara una condena a muerte. Fue enviado a un centro de salud mental, donde permanecerá internado hasta que los médicos y las autoridades consideren que ya no representa un peligro para la sociedad.