Crisis de 2001

2001: las lecciones del Gobierno de la Alianza para el futuro del Frente de Todos

La crisis política actual es una heredera directa de la crisis de 2001 y la salida anticipada del poder de Fernando de la Rúa. Similitudes y diferencias.
Pablo Winokur
por Pablo Winokur |
Fernando de la Rúa y Chacho Alvarez en 1999 (Foto: Archivo)

Fernando de la Rúa y Chacho Alvarez en 1999 (Foto: Archivo)

La crisis política actual es una heredera directa de la crisis de 2001 y la salida anticipada del poder de Fernando de la Rúa. Los intérpretes son otros (en algunos casos) pero el problema político sigue siendo el mismo: quien detenta el poder tiene dificultades para compartirlo y tomar decisiones con los otros actores que le permitieron llegar al poder.

La crisis de De la Rúa

De la Rúa llegó al poder en 1999 como el candidato a presidente de la Alianza, una coalición que tenía como socios mayoritarios a la Unión Cívica Radical y al Frepaso. Era un dirigente del ala derecha del radicalismo y se había posicionado como máximo opositor a Carlos Menem por haberse opuesto al “pacto de olivos” que permitió la reforma constitucional de 1994 y la reelección de Menem. Esa reforma había sido avalada por el expresidente Raúl Alfonsín.

¿Qué es el Pacto de Olivos?

Hasta las elecciones de 1999, De la Rúa tenía excelente imagen y gran aceptación popular pero no era el líder de ninguno de esos dos espacios principales: el radicalismo todavía se referenciaba en Alfonsín y Carlos “Chacho” Alvarez era el líder del Frepaso.

La Alianza se había armado como una estrategia para derrotar al menemismo y al duhaldismo, y lograr la alternancia en el poder. En 1997 fue el primer intento exitoso. Carlos “Chacho” Alvarez era candidato a diputado por la Ciudad de Buenos Aires. Graciela Fernández Meijide (también del Frepaso) competía por la Provincia de Buenos Aires, contra Hilda “Chiche” Duhalde, esposa del entonces gobernador bonaerense. La Alianza ganó en los dos lugares.

El camino a 1999 parecía allanado. Antes, hubo una interna por la Presidencia. El Frepaso tenía los dirigentes de mayor popularidad entre el electorado independiente: puso como precandidata a Graciela Fernández Meijide. La UCR llevó a De la Rúa. Habían acordado que el ganador encabezaba la fórmula y el que perdía iba como vice.

“Nadie se sorprendió (por el resultado), habida cuenta de que el centenario Partido radical tenía una estructura nacional que le garantizaba de antemano un triunfo”, explica el periodista José Di Mauro en el libro “¿Qué se vayan todos?”, de lectura obligada para entender que pasó esos años.

Al final a Chacho Álvarez se le ocurrió una jugada. Mandar a Fernández Meijide como candidata a gobernadora y ponerse a él mismo en la fórmula, como vicepresidente.

Pero como se dijo antes, De la Rúa no cosechaba las mayores simpatías dentro de su partido. Y la Alianza se había conformado (literalmente) en un estudio de TV a partir de un acuerdo entre Alfonsín y Chacho Alvarez. Di Mauro reflexiona: “Aquellos (radicales) que más cercanos habían estado al acuerdo con el Frepaso terminaron raleados de las decisiones adoptadas por el delarruismo gobernando, siendo los primeros eyectados de esa administración”.

¿Por qué fracasó la Alianza?

helicóptero De la Rua.jpg

Volvemos al pecado original.

  • Se creó una coalición en un estudio de TV.
  • No se planteó un programa de gobierno.
  • No se crearon pautas claras de funcionamiento de esa coalición.
  • El Presidente electo no era el líder de ninguno de esos dos partidos grandes que integraban la coalición.
  • El Presidente ni siquiera había sido uno de los dirigentes más activos en la construcción de ese espacio.

Salvo este último punto, las coincidencias son muchas con la actual coalición de gobierno del Frente de Todos.

  • Se anunció una fórmula por Twitter.
  • No se planteó un programa de gobierno claro.
  • No se crearon pautas claras del funcionamiento del Frente de Todos.
  • El Presidente no es líder de ninguno de los partidos o espacios que integran la coalición.

El desenlace termina siendo el mismo. Un gobierno sin rumbo, con serios problemas para tomar decisiones, un Presidente con poco liderazgo, conflictos permanentes entre Presidente y Vice…

“Locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes”, dice el saber popular.

Las coaliciones en la Argentina

Desde la Alianza UCR – Frepaso la historia de la coaliciones en la Argentina es la misma: son instrumentos que sirven para ganar elecciones pero no para gobernar. La comparación entre el Frente de Todos y aquella alianza es clara, pero hay otros dos ejemplos.

  • La transversalidad. En 2003 Néstor Kirchner tejió alianzas con dirigentes de otros partidos de centro izquierda para construir su poder (había asumido con el 22% de los votos). En su mayoría fueron dirigentes del Frepaso que habían acompañado a De la Rúa durante la Alianza. Pero no fue una coalición de partidos, sino la cooptación de espacios que luego se integraron al Frente para la Victoria bajo el liderazgo de Néstor.
  • La Concertación Plural. En 2007, el kirchnerismo se alió con una parte del radicalismo y otros partidos, al punto que eligieron a Julio Cobos como vicepresidente. Pero no le dieron ningún espacio de poder real a sus socios y la Concertación implosionó con la crisis del campo en 2008. Cristina atravesó todo su primer mandato enfrentada con su vicepresidente.
  • Cambiemos. Como la Alianza, los unió más el espanto al kirchnerismo que el amor. A diferencia de la Alianza, estaban claros los tres líderes de los partidos que lo integraban (Macri, Carrió y Sanz). Pero Macri era el socio mayoritario de la coalición y lo hizo saber de entrada. La UCR y la Coalición Cívica siempre aparecieron como socios menores con poco peso en la práctica.

La lección no aprendida de 2001

De la Rúa el último día en su despacho presidencial, antes de renunciar.jpg

La crisis de 2001 se explica por muchos factores. El económico (con una Convertibilidad agotada), el social (con una desocupación del 22%) y el político.

En este plano, hay varios puntos que atraviesan la crisis. Sin embargo, el más saliente es que la Alianza nunca conformó una mesa de decisiones para debatir el rumbo que tenía que tener la coalición y el país.

Apenas llegó a la Presidencia, De la Rúa traicionó a sus socios (¿y a sus votantes?) y se dedicó a construir su propio esquema de poder, desconociendo la voluntad que lo había llevado a la Casa Rosada. Es más: terminó poniendo como ministro de Economía a Domingo Cavallo, padre del plan económico de Menem. La Alianza había nacido para oponerse a eso.

Las democracias necesitan partidos políticos y coaliciones sólidas para poder funcionar. Pero para eso hace falta que esas coaliciones estén dispuestas a discutir puertas adentro sus miradas sobre el país (y sobre la gestión) para poder hacerle un planteo en común a la sociedad.

Definidos esos lineamientos se plantearán cuáles son los mejores nombres para ejecutarlos y cómo asignarle a cada espacio político que integra el frente lugares en el Estado desde donde implementar esos programas.

Nada de esto pasó con De la Rúa que en dos años destrozó su coalición; nada de esto pasó con Alberto Fernández que en dos años no logró consensuar un programa de gobierno con el resto de los integrantes del Frente de Todos.

Desde 2001 la Argentina se volvió ingobernable. Los presidentes están más pendientes de cómo terminar su mandato que de gestionar.

Quizás la lección de De la Rúa sirva como un mapa en medio de tanta desorientación: institucionalizar las coaliciones políticas, desarrollar un programa de gobierno con los aliados y volver a las bases de por qué se los eligió.

s