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La Jungla del Poder

5 claves para entender la campaña que viene: los jóvenes, el control del Congreso y el factor "Marulito"

Empieza la campaña en radio y TV. Los candidatos van a intentar recuperar el voto joven. Preocupación por la apatía en un segmento de la población
por Pablo Winokur | 07 de agosto de 2021 - 16:49
5 claves para entender la campaña que viene: los jóvenes, el control del Congreso y el factor Marulito

Víctoria Tolosa Paz, Sergio Massa, Axel Kicllof, Mayra Mendoza y Daniel Gollan, juntos duranta la presentación de los candidatos distritales de Quilmes del Frente de Todos (Foto: Télam).

Empieza este domingo formalmente la campaña en medios de comunicación audiovisual. Desde ahora, por casi un mes, vas a ver y escuchar un sinfín de spots electorales. Acá, un pequeño mapa para entender qué se juega, qué les preocupa a los partidos políticos y cómo van a hacer para intentar ganar la elección.

1- La Provincia

Como siempre, la provincia de Buenos Aires es lo que desequilibra todo, con el 40% del padrón. Pero esta es una elección atípica como no se dio en muchos años. Por primera vez desde la década del 90 es más importante el sello partidario (de la coalición, en este caso) que los candidatos.

Del lado del Frente de Todos no hay ningún Kirchner en ninguna lista. Las dos veces anteriores que pasó eso -2013 y 2015- no les fue bien.

Del lado de Juntos por el Cambio, no hay ningún Macri ni Vidal.

Por el PRO aparece un Diego Santilli exportado desde Ciudad. Habrá que ver si funciona. Nunca ganó una elección él solo, pero siempre hay una primera vez. Compitiendo en interna, la UCR pone a un Facundo Manes; le iba bien haciendo divulgación, pero es un misterio si le va a dar para la política. Arrancó raro.

Los candidatos son los sellos partidarios. Frente de Todos y Juntos por el Cambio. No hay mucho más. El que gana la Provincia, ¿gana la elección?

2- Las terceras fuerzas y los candidatos espejo

Si la gran batalla es entre esos dos grandes polos de poder, habrá que ver si queda un lugar para terceros. Parece que no mucho.

El tema es que las terceras fuerzas pueden ayudar a los partidos más grandes a ganar o perder la elección. La existencia de candidatos chicos puede ayudar a sacarles votantes a alguna de las fuerzas mayoritarias. Por ejemplo, Randazzo en 2017 le sacó a Cristina algunos votos peronistas desencantados y eso impidió a ella superar a Esteban Bullrich, candidato de Cambiemos. En el peronismo todavía dicen que esa campaña de Randazzo la financió el gobierno de Macri. Incomprobable.

Habrá que ver qué lugar tienen las terceras fuerzas en esta elección. ¿A quién le va a restar votos la candidatura de Randazzo? El discurso del exministro de Cristina se desperonizó; habla de bajar impuestos, de renegociar convenios laborales... Demasiado parecido al de Juntos por el Cambio. Está acompañado por Carolina Castro (UIA) y no tiene peronistas en sus listas.

Espert y Milei vienen pisando fuerte en Provincia y Ciudad. Le roban votos a Juntos por el Cambio. En provincia, Larreta intentó meterlo en la coalición opositora pero tuvo resistencias; en Ciudad apeló a la “estrategia del espejo”: poner a un candidato parecido que le robe votos a la amenaza. López Murphy se “espeja” con Milei.

3- El control de Diputados

Lo que se juega en serio son las mayorías en el Congreso. Ahí se va a saber si el Gobierno tiene la capacidad de sancionar sus leyes sin mayores problemas o si la oposición lo va a bloquear. Dicho en términos de ellos: si el parlamento va a ser un bunker de la “resistencia neoliberal” (como dicen en el FdT) o si “nos vamos a convertir en Venezuela” (como dice JxC). Todo según de qué lado de la grieta te pares.

  • Hasta esta semana el Frente de Todos tenía 126 diputados con sus aliados; sumó uno más con el pase de Eduardo “Bali” Bucca, que había entrado por el randazzismo en 2017 y tiene mandato hasta el 10 de diciembre.
  • De los 127 que tiene ahora, 120 son del Frente de Todos. 7 son aliados de bloques provinciales.
  • La oposición se queda con 127 (incluyendo a la izquierda); de esos, 115 son de Juntos por el Cambio.
  • Hay 3 legisladores que van y vienen.

El Gobierno necesita 129 diputados (la mitad más uno de Diputados) para poder aprobar lo que quiera. Hoy están a 3 contando los aliados.

Pero la ventaja para el oficialismo es que se juega la elección de 2017, cuando Cambiemos ganó por amplia mayoría en buena parte del país.

  • Juntos por el Cambio pone en juego 60 bancas
  • Y el Frente de Todos pone en juego 51 bancas

Difícilmente la oposición pueda hacer una elección tan buena como la que hizo aquel año con Macri en el Gobierno y cuando se mostraban los primeros (supuestos) “brotes verdes” de la economía.

Más allá de la provincia de Buenos Aires, en aquella elección de 2017 Cambiemos ganó en territorios peronistas como La Rioja o Santa Cruz. Y consiguió empates en Salta, Río Negro, Neuquén, Chubut, Chaco… Difícil de repetir.

Ya ampliaremos sobre todo esto. Pero en conclusión lo que se juega acá es por provincia. No hay resultado nacional en esta elección.

4- La pelea por los jóvenes

A todo esto, la pregunta es a dónde ir a conseguir votos en esta campaña que empieza. Y la preocupación en los dos campamentos principales es cómo hablarles a los jóvenes. El que está más preocupado por esto es el oficialismo: siempre basó una parte de su poder electoral en los jóvenes, que hoy están más apáticos, según la mayoría de las encuestas.

Esta vez la cosa se complicó. Primero porque los “jóvenes” de la Cámpora ya tienen 40 o 50 años. Segundo porque los jóvenes se sienten mayormente castigados por las restricciones que impuso el Gobierno por la pandemia. Encima no hay asados, militancia ni actos para intentar convencer desde ahí.

Hasta este verano, el discurso del Gobierno insistía en culpabilizar a los jóvenes por las violaciones a la cuarentena, por los encuentros y fiestas clandestinas. Ese discurso caló hondo en esa franja. A mediados de enero –por impulso de La Cámpora- empezaron a girar el discurso y a agradecerles el sacrificio y la “solidaridad”. De hecho, Carla Vizzotti se refirió a eso en su último agradeció a los jóvenes. Es la preocupación máxima del Frente de Todos en este momento.

Para la oposición también es un problema. Juntos por el Cambio sabe que entre los jóvenes no kirchneristas prende mejor el discurso liberal o libertario. Aun no hay una estrategia clara sobre cómo revertirlo.

5- El juego de los outsiders, ausentes y el factor “Marulito”

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El desencanto y la apatía hicieron que muchas figuras de afuera de la política decidieran sumarse como candidatos, especialmente en la oposición.

En Juntos por el Cambio aparecieron en distintos distritos Martín Tetaz, Carolina Losada, Facundo Manes, Roberto García Moritan (“el marido de Pampita”), Gustavo Segré (luego bajado). En otros espacios, Carolina Castro (UIA), Gladys Cabezas, Brian Lanzelotta. Todos referentes de otros campos que se suman. En su momento intentaron ese mismo camino Miguel del Sel, Carlos MacAllister o el periodista Luis Otero: todos se fueron espantados.

Las primeras elecciones que hubo este año (Jujuy y Misiones) tuvieron muy poca participación. En parte por la pandemia, en parte por la apatía. Hay miedo en la política de que algo así se repita a nivel nacional. ¿Qué pasa si por miedo o desidia la gente no va a votar?

En los últimos días apareció una lista del partido Renovador Federal que en el segmento de legisladores era encabezada por Mario Gabaglio, más conocido como el payaso Marulito. La lista fue rechazada por la Justicia por errores formales en la presentación. Las autoridades del partido apelaron la medida. “La Justicia deberá decidir si Marulito es precandidato como piden los ciudadanos de CABA que lo han avalado, o seguirá engrosando la lista negra de los proscriptos en democracia”, dijeron.

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Si la lista se presenta, por primera vez una boleta va a llevar la foto de un payaso (de verdad). En un clima de descontento social por la pandemia y la crisis económica, siempre un payaso (con o sin maquillaje) puede ser canalizador de voto bronca. Pasó en Italia con Beppe Grillo, en Estados Unidos con Trump o incluso en Brasil con Bolsonaro. Nada bueno puede salir de eso.

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