En el barro

Alberdi-Xiaoping-Néstor: Cristina Kirchner cambió el eje histórico del peronismo (y se puso en el centro)

El revisionismo había consagrado a San Martín-Rosas-Perón como referentes de la continuidad popular. Ahora, CFK instaló uno nuevo: Alberdi-Xiaoping-Néstor. Qué le suma.
Edi Zunino
por Edi Zunino |
Cristina Kirchner en la universidad del Chaco Austral

Cristina Kirchner en la universidad del Chaco Austral

La disertación de Cristina Fernández de Kirchner en Resistencia dejó mucha tela para cortar. Ya se han hecho lecturas, análisis e interpretaciones de todos los colores sobre su ahora ya manifiesta rivalidad con Alberto Ángel Fernández, con quien, según ella, no pelea, sino que debate ideas. Sólo voy a arriesgar un tal vez al respecto: ¿y si semejante nivel de autorreferencialidad para marcar la cancha termina siendo el empujoncito que le falta al alicaído Presidente para armar lo propio y que en serio el Frente de Todos tenga tres patas? Pocos creen en esa chance, al menos sin una ayudita de la economía. Queda decir que el peronismo es así. Los choques internos pueden sacar chispas de arranque. Ya veremos. El futuro es básicamente impredecible.

Por lo pronto, en la parte “académica” de su discurso de aceptación del honoris causa chaqueño, la vice sorprendió al replantear el eje histórico del peronismo. ¿O instaló el relato fundacional del posperonismo propio? Puede parecer lo mismo, pero no daría igual. De todos modos, la saga revisionista de San Martín-Rosas-Perón que definió al “movimiento nacional y popular” durante casi medio Siglo XX parece haber quedado atrás en la visión cristinista del planeta y el país. Rodeada de profesores, alumnos y fans, CFK lanzó tres novedades doctrinarias para el Manual del Buen Kirchnerista:

  • Reivindicó a Juan Bautista Alberdi, autor de la Constitución de 1953 y acérrimo enemigo de Juan Manuel de Rosas. Dijo que prefería la Carta Magna original por encima de la reforma que ella misma y su marido avalaron en 1994. Aclaró que su favorita es la de 1949, cierto, pero dio por hecho que no habría consenso posible para reinstaurarla.
  • Se declaró capitalista. Pidió que “se dejen de pavear” con su presunto anticapitalismo, ya que “no existe ni existirá en mucho tiempo” ningún otro sistema económico a nivel global. Su distinción, provocativa y polémica, pasó por señalar que “el capitalismo está por encima de las ideologías” y que “el capitalismo más eficiente de hoy en día es el chino, con gran peso del Estado y conducción centralizada de un partido único, que es el Partido Comunista”.
  • Le asignó al kirchnerismo un carácter “histórico”, ya que fue el que gobernó la Argentina por más tiempo desde la promulgación de la Ley Sáenz Peña. “A mí me gusta hablar de tres mandatos, porque tuvimos tres”, señaló Cristina, sumando los dos suyos al de Néstor como una sola cosa.

Esta pretendida continuidad teórica entre Alberdi, Deng Xiaoping (líder del vuelco al capitalismo de la República Popular China en los ’80) y Néstor K tiene pinta de ensalada mixta, pero tampoco carece del todo de sentido.

Algún anclaje intelectual debe tener cualquier movimiento político que se precie de tal. Y era hora de que alguien -que no podía ser otro que La Jefa- intentara ponerle un poco de sustancia a la discusión intestina del oficialismo, tan encerrada que venía en el corral de las chicanas, las descalificaciones e infantilismos, cómo de quién es el gobierno cual si fuese un juguete.

Llama la atención el viraje liberal de Cristina. La Constitución alberdiana fue la que repuso la Revolución Libertadora ni bien derrocó a Juan Domingo Perón en 1955. Suena más, por un lado, a no quedar afuera de la ola liberaloide que llegó a la Argentina; y, por el otro, a rechazar una vez más el Consejo de la Magistratura, impuesto por la reforma del ’94 (vale insistir: con ella y su esposo como convencionales por el partido gobernante de entonces).

CFK recordó que, promediando el menemismo, el bloque de senadores justicialistas la expulsó por oponerse, precisamente, a esa decisión constitucional. La composición de la Justicia es una obsesión de la vicepresidenta. Cuesta evadir la sospecha de que la subjetividad le juega en contra, con tantas causas en proceso.

Por otra parte, puede que los orígenes maoístas de su compañero y amigo personal Carlos Zannini hayan tenido alguna influencia en el pensamiento de la ex mandataria. Aun siendo así, el dato carecería de importancia práctica. Argentina queda en Sudamérica, tiene una cultura diversa en plena ebullición a tono con el Siglo XXI y, por más que el personalismo y el verticalismo estén en el ADN del modelo de conducción política K, no hay espacio a la vista para que se imponga partido único alguno.

Dicha peculiaridad puede valer, a lo sumo, para el apuntalamiento de las cuotas de admiración y temor que demandan los liderazgos clásicos. Cristina lúcida, vehemente y mandando con el aditamento de Néstor K como santo patrono, contiene más de lo que agranda. Dicen que lo único que no debe perder un político es la base de su masa crítica de poder. Es de manual.

s