La Jungla del poder

Cristina, Alberto y Massa: el juego de poder entre la economía y las vacunas

La vice apela al discurso más combativo, contra Macri, EE.UU. y el Fondo. Para los indecisos están Massa y Alberto. El objetivo: que no escape ni un voto.
por Pablo Winokur | 27 de marzo de 2021 - 03:35
Alberto

Alberto, Cristina y Massa, durante la apertura de las sesiones en el Congreso (Foto: Télam).

Cristina Kirchner volvió a escena como no lo hacía desde 2017, la época en que se mostraba más moderada, vestida de colores pasteles. Lejos del tono adusto que mostró en sus últimas apariciones, hizo chistes, dijo que amaba Disney, habló de un personaje de Toy Story y pidió no confundir el durazno con la pelusa. En primera fila, un grupo de funcionarios leales (y no tanto) la aplaudía. Atrás, Axel y Máximo. “Mi retaguardia son estos dos. Este es mi legado”, pareció decir.

Fue la misma puesta que hizo en La Plata, cuando avisó que los que no querían pelearse tenían que buscarse otro laburo. ¿Cuál fue la diferencia? Aquel discurso fue para la dirigencia, esta vez le habló a la gente: Cristina arrancó la campaña y no está pensando en 2021, sino en 2023. En su legado.

El discurso habla de los acomodamientos internos del Gobierno, pero habla mucho también de la necesidad electoral del Frente de Todos. No se puede escapar un voto. Para los propios, un discurso más combativo, confrontando con Macri, con Estados Unidos y con el Fondo. Para los que dudan, está Sergio Massa; quizás Alberto Fernández.

Mientras Cristina daba su discurso semipresidencial, Alberto estaba reunido con David Malpass, presidente del Banco Mundial. El Gobierno intentó disimular como un éxito la conversación (se desembolsó una guita que siempre viene bien). Pero Malpass es un hombre de convicciones firmes y planteó todas sus diferencias con la realidad macroeconómica del país. Así lo hizo saber el Banco Mundial en un comunicado:

  • Enfatizó la importancia de complementar las medidas de macroestabilidad con acciones en apoyo de la inversión liderada por el sector privado.
  • Pidió “políticas que faciliten la entrada de empresas y amplíen el acceso al crédito de base amplia, incluso a través de servicios financieros digitales”.
  • Hizo hincapié en la necesidad de "políticas fiscales y comerciales cuidadosamente diseñadas"
  • Pidió que se reduzcan "los subsidios energéticos regresivos de Argentina y que brinden apoyo a la educación".

Solamente le faltó pedirle a Alberto Fernández que se retirara y que le dejara su lugar a Macri.

Massa machaca con la idea de bajar el impuesto a las ganancias que va a tener sanción definitiva en el Senado a mediados de abril. Desde febrero y -al menos- hasta octubre se va a ver un Massa mucho más volcado a lo económico y al concepto de “alivio fiscal” para la clase media y para las Pymes. Se va a despegar del rol de “rosquero” que protagonizó el año pasado, donde tuvo que conseguir los votos para leyes de las que no estaba del todo convencido.

Massa lleva un discurso casi liberal, en muchos casos inspirado en las propuestas de los republicanos de los Estados Unidos. El concepto de “alivio fiscal” no es criollo. “Era un tema que trabajaba desde 2013, lo planteó durante el macrismo y ahora que está en el poder, cumple”, cuentan en su entorno.

“Cristina y Máximo le hablan a su público y nosotros al nuestro”, analizan en el Frente Renovador. La idea es no pisarse. Por eso, por ejemplo, Massa no se metió en la interna del peronismo bonaerense, que tan bien conoce. “Massa construye su identidad desde el Frente Renovador”, agregan.

Del debate por el impuesto a las Ganancias participó Martín Guzmán, ministro de Economía, en una muestra de respaldo a Massa; también mostró de qué lado de la grieta interna del Gobierno se ubica hoy el ministro.

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Martín Guzmán, junto a Kristalina Georgieva. La relación del ministro de Alberto Fernández con el kirchnersimo duro no está en su mejor etapa. Cristina pidio un

Martín Guzmán, junto a Kristalina Georgieva. La relación del ministro de Alberto Fernández con el kirchnersimo duro no está en su mejor etapa. Cristina pidio un "gestito" del organismo. (Foto: Captura de TV).

Martín Guzmán y el kirchnerismo duro no están en su mejor momento. Mientras Guzmán negociaba en Washington la deuda con el FMI, en la Argentina Cristina lanzaba su discurso de barricada en contra del Fondo y de los Estados Unidos.

Las posturas de Cristina no son nuevas, aunque llamó la atención el momento que eligió para volver a hacerlas públicas. No fue tan distinto a lo que Guzmán planteó en cada una de sus intervenciones durante la gira en Estados Unidos.

Guzmán se llevó del viaje a EE.UU. lo que fue a buscar. Después de un encuentro de dos horas con la número 1 del Fondo, Kristalina Georgieva, el FMI sacó un comunicado en que habló de garantizar la “sostenibilidad macroeconómica” y reconoció que la inflación es un fenómeno multicausal y no monetario.

En los comunicados de la era Macri se hablaba de que para reducir la inflación había que secar el mercado de pesos, casi como única política. Es un triunfo teórico interesante para Guzmán, aunque no queda claro si va a tener o no efectos prácticos.

El acuerdo con el Fondo es casi imposible antes de las PASO. Si el resultado de las PASO fuera muy bueno para el Gobierno, quizás se lograrían despejar incertidumbres y se cerraría todo antes de octubre.

Axel Kicillof dictó un aumento de tarifas del 7%. Es bastante poco con una inflación 2020 del 36% y con la proyectada (con optimismo) en 29% para 2021; estimaciones privadas hablan del 50%.

En Provincia dicen que ese ajuste se consensuó con Guzmán. En Economía miran para el costado: fueron informados, pero no es la política que ellos plantearon. Tanto Guzmán como su secretario de Energía, Darío Martínez, quieren aumentos más generosos. Saben que no se puede llegar al 1500% de Macri, pero les alcanza con que les empate a los salarios.

Los aumentos se traban en los entes reguladores que controla La Cámpora. El objetivo es ganar las elecciones y no se va a aprobar ningún aumento más hasta octubre.

Con la inflación desatada, las tarifas subiendo casi nada, los subsidios necesariamente van a tener que aumentar. Para financiarlo, sin acceso al crédito y sin recortes en otras áreas, va a haber que emitir más, lo que lleva a más inflación. El Fondo habló de multicausalidad, pero no descartó que la emisión monetaria genere inflación.

El objetivo es llegar lo mejor posible a las elecciones y después vemos. Nada muy distinto a lo que hizo el último kirchnerismo y el último macrismo. Así les fue a los dos.

Vacunas, en plan de guerra

El Frente de Todos depende de una sola variable para ganar las elecciones: el plan de vacunación. Todo lo demás es aleatorio. Sin vacunas no hay control de la segunda ola; sin control de la segunda ola, no hay economía. Sin economía, no hay elección posible.

La suerte de todos (y todas) está atada a eso. Pero ya saben que las vacunas no van a llegar a tiempo. Alberto -¡otra vez!- habló de más y dijo que todas las personas de riesgo iban a estar vacunados antes de fin de abril. Es imposible.

AstraZeneca promete que las 22 millones de vacunas que se fabricaron en la Argentina y se mandaron a envasar a México van a llegar a mediados de abril. Pero los méxicanos están con muchos problemas de producción y burocráticos, y tuvieron que mandar los componentes a Estados Unidos. Al final, como anticipó A24.com, a mediados de abril llegan 900 mil; y a principio de mayo van a traer 3,5 millones más, siempre desde EE.UU. Son promesas -es mejor que nada- pero hasta no verlas...

Una trabajadora muestra una dosis de la vacuna contra el coronavirus desarrollada por AstraZeneca y la Universidad de Oxford. (AP Foto/Bruna Prado)
La suerte del Frente de Todos para las elecciones está atada al plan de vacunación. ¿Qué pasará con las dosis de AstraZeneca? (Foto: AP).

La suerte del Frente de Todos para las elecciones está atada al plan de vacunación. ¿Qué pasará con las dosis de AstraZeneca? (Foto: AP).

Mientras, el Consejo Federal de Salud (Cofesa) decidió diferir la aplicación de la segunda dosis de las vacunas por un “mínimo” de 12 semanas. O sea, si te aplicaste una vacuna el 1 de marzo, bajo ningún concepto vas a recibir otra antes del 23 de mayo. Habla de plazo mínimo, pero no máximo.

“Después de los 3 meses de la primera dosis, se sugiere la aplicación de la segunda dosis en forma escalonada priorizando de manera secuencial la población de mayor riesgo de enfermedad grave”, dice la información oficial.

Pero hay más:

  • Los que fueron Covid positivo van a recibir la vacuna recién entre 3 y 6 meses después de que les dan el alta.
  • Si alguien dio positivo después de la aplicación de la primera dosis también va a tener que esperar 6 meses para la segunda.
  • En el caso de AstraZeneca, los estudios demostraron que la máxima efectividad se alcanza cuando la segunda dosis se aplica a las 12 semanas; nadie estudió qué pasa si se aplica después de eso.
  • En el caso de Sinopharm no hay estudios sobre el diferimiento de la vacuna.

La Sputnik V podría ser la más complicada porque las dos dosis tienen componentes diferentes. Un estudio elaborado por el Ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires junto con el Conicet, el instituto Leloir, entre otros, sugiere que a los 21 días de aplicada la primera dosis el 89% de los vacunados desarrolló anticuerpos. El estudio es con 142 individuos vacunados. Es un primer dato alentador, pero no es suficiente.

Igual, no está claro si la Argentina va a tener las vacunas para aplicar la segunda dosis. El plan de vacunación más importante de la historia empieza a hacer agua por todos los costados.

Entramos en etapa de economía de guerra de vacunas y va a haber que medir con lupa a quién le aplican y a quién no. Quizás Axel Kicillof ahora sí tenga que llamar a la Interpol.