Enojo

La importancia de un debate presidencial que puede ser histórico

Pablo Winokur
por Pablo Winokur |
La importancia de un debate presidencial que puede ser histórico

Alberto Fernández no cree en los debates electorales. No cree que tengan incidencia en el voto y tampoco cree que vaya a sumar para que los ciudadanos conozcan las propuestas de los candidatos. La confesión la hizo en medio de las negociaciones por el debate a senador por la provincia de 2017.

Aunque en ese momento las encuestas a su alrededor no le eran tan favorables, no oponía resistencias -sino que alentaba- la posibilidad de debatir. El que miraba con buenos ojos los debates no era el “Alberto candidato” sino el “Alberto jefe de campaña”.

Fernández manejaba en ese entonces los hilos de la campaña de Florencio Randazzo para senador por la provincia de Buenos Aires. Ese año se intentó hacer un debate en que las figuras centrales eran Esteban Bullrich (el hombre de Vidal y Macri en provincia); y Cristina Kirchner.

Aquel debate se frustró porque los principales candidatos no se pusieron de acuerdo en dónde hacerlo: Cristina no quería ir a TN; Bullrich no quería ir a una universidad del conurbano.

Alberto Fernández estaba dispuesto a que su candidato fuera a ambos. Claro, medía 5 puntos y había que sumar como sea. “Yo soy muy crítico de esta modalidad”, decía y exigía a los dos primeros que se pusieran de acuerdo en las condiciones.

Hoy, dos años después le toca a él ser el protagonista de un debate histórico: el primero de la historia argentina en primera vuelta y que tendrá presencia de todos los candidatos.

Algunas líneas para entender el debate:

  • Cada participante va a tener 2 minutos para desarrollar su propuesta de cada uno de los temas. Es claro que nadie puede definir su programa de gobierno en ese escaso tiempo.
  • No va a haber cruces entre ellos. Si bien están contemplados 30 segundos para “ampliar conceptos” (ahí puede contestarle o preguntarle a otro), la mayoría de los candidatos lo va a usar para seguir con sus ideas. Nadie está obligado a responder nada.
  • Al final de cada tema va a haber otros 30 segundos más para cada uno.
  • El debate va a ser aburrido. No va a estar bueno, pero va a ser un primer marco de encuentro entre los candidatos y la única vez en la historia que se va a ver en una misma foto al candidato ganador y a sus principales rivales.
  • La distribución de los atriles y el orden de exposición fue sorteado. El orden de exposición es consecutivo en cada tema con lo cual cada uno puede abrir y cerrar en alguna oportunidad.
  • La casualidad del sorteo hizo que Macri (al salir sorteado primero) abra y cierre el debate.

Los temas

  • Relaciones internacionales
  • Economía y finanzas
  • Derechos humanos, diversidad y género
  • Educación y Salud

Algo fundamental para entender la organización de un debate es que hay que elegir qué se debate. Por supuesto, faltan 18 millones de temas importantes. No se puede debatir todo, todo el tiempo, ni solucionar los problemas del país en dos horas de show televisivo. Los candidatos en general buscan que los temas sean amplios como para que cada uno pueda ir por donde le parezca.

¿Qué hacen los moderadores (van a ser 4)? Nada de nada. Solo son una cara amigable para el público. No preguntan porque eso le sacaría tiempo a los candidatos para discutir entre ellos… claro que acá falta la discusión pero esa es otra historia.

El modelo ideal de debate es que pueda haber tiempos fijos para que los candidatos expongan sus posiciones y luego tiempo de discusión libre; los moderadores administran el tiempo e incluso en algunos países ponen árbitros de básquet para garantizar que todos hablen la misma cantidad de minutos. Entre seis ese intercambio es televisivamente imposible.

En cambio, en otros debates se optó por un modelo de preguntas y respuestas entre candidatos que esta vez no se pudo implementar por rechazo de los candidatos. En 2015, por ejemplo, el día que faltó Scioli, se habían sorteado previamente las preguntas y hasta hubo un tiempo para preguntarle (o hablar mal de…) al ausente Scioli.

En este caso, no hay cruces obligatorios. Tampoco los moderadores pueden pinchar para preguntar, por ejemplo, si Lavagna quiere responder algo de lo que dijo del Caño.

¿Sirve para algo entonces el debate? Algunos conceptos

-No vamos a resolver los problemas del país en dos minutos; en eso tiene razón Alberto.

-La sola foto de los candidatos juntos habla de cierta madurez democrática. Es bueno que los líderes políticos puedan estar juntos en mismo tiempo y espacio expresando sus ideas sobre el país que quieran. Quizás durante la noche se encuentre algún punto en común.

-Este debate / no-debate es pobre y va a ser aburrido. Pero es un debate posible para que la Argentina deje de ser el único país de la región (junto a Cuba y Repúlbica Dominicana) que no puede organizar un encuentro de este tipo porque los líderes políticos no se pueden poner de acuerdo ni en eso.

-El debate es una instancia que -por las solas figuras que aparecen juntas- genera atención en la ciudadanía. Es un momento en que mucha gente que no suele estar interesada en política se acerca a escuchar y ayuda a pensar mejor el voto. En este caso particular, es cierto, la mayoría de los ciudadanos ya decidieron (en las PASO). Pero siempre puede haber sorpresas…

-Los estudios internacionales demuestran que la gente tiende más a afianzar el voto propio que a cambiar su pensamiento. La mayoría cree que gana su candidato.

¿Cómo se va a plantar cada uno en el debate?

-Alberto siente que después de toda una vida de política no hace falta mayor preparación para hablar dos minutos de cada tema.

-Macri, que cree fuertemente en el concepto del debate, entrena hace años para esta instancia. Por supuesto, eso no garantiza nada. Ahora es presidente y llega sobre la hora al encuentro.

-Lavagnano va a polemizar con nadie.

-Espert “va a ser Espert” y va a aprovechar su experiencia televisiva.

-A Del Caño le armaron textos que ahora está practicando. Va a increpar al resto. Sabe que no le van a contestar.

-Gómez Centurion tuvo “ensayos y simulacros” para mejorar su presentación. Cree que va a tener la visibilidad que hasta ahora le negaron los medios.

En la Argentina no hay acuerdos políticos por fuera de las reglas electorales (que se cumplen hasta ahí nomás...) Los políticos no dialogan y el Congreso está virtualmente cerrado o convertido en escribanía hace años (con excepción del período 2016-2017).

El debate por TV que todos los países hacen (en su mayoría voluntariamente) hubo que fijarlo por ley. Si alguien no va, no podrá hacer publicidad por radio y TV.

Los partidos se pusieron de acuerdo en el reglamento. Si no había consenso decidía la Cámara Nacional Electoral, a cargo de la organización del evento. Ninguno, salvo la izquierda, aceptó que hubiera cruces o preguntas.

El de hoy es un día histórico. La Argentina también tiene su debate. Así como la experiencia de Argentina Debate en 2015 marcó un sendero que señaló el inicio de esta tradición, este también debe ser visto como el inicio de una construcción y no el final del camino.

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